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Mostrando entradas con la etiqueta Negro sobre blanco [Aureliano Sáinz]. Mostrar todas las entradas
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domingo, 29 de marzo de 2020

  • 29.3.20
Cumpliendo con esa invitación a la lectura que días atrás hice para estos tiempos de confinamiento (y que lógicamente yo tenía que ser el primero en cumplirla), al rebuscar entre los numerosos libros que tengo, me he tropezado con un breve texto de mi admirado Mario Benedetti que se encuentra en Vivir adrede, volumen que dormía pacientemente en los anaqueles tras su primer encuentro conmigo allá por el 2008.



Dentro del primer bloque de esos textos breves que contiene la obra, me he detenido en el que lleva por título Guarida. Lo que allí expresa el escritor uruguayo parece, en cierto modo, un vaticinio de lo actualmente nos está pasando con la reclusión forzada. Es por ello por lo que creo oportuno mostrar algunas de sus primeras líneas para reflexionar sobre los sentimientos más profundos que portamos los seres humanos. Dice así:

“El mundo es tan cambiante, tan inesperado, que es bueno construirse una guarida, no solo para desalentar al azar sino también y sobre todo para borrar las culpas que los buenos vecinos nos endilgan (…) En la guarida estamos ilesos mientras cunde algún desastre. Y nos contamos cuentos y encendemos la antorcha”.

¡Y vaya que si es cambiante e inesperado el mundo! ¡Que nos lo digan a nosotros que en los comienzos del siglo XXI creíamos, o nos hacían creer, que los grandes problemas estaban solucionados, por lo que simplemente era cuestión de paciencia para resolver los ‘flecos’ que quedaban pendientes!

Quizás fueran su larga vida, ya que falleció en el 2009 contando 88 años, y las múltiples experiencias vividas las que le indujeron a manifestar lo incierta que es la existencia, por lo que no conviene descartar del todo acontecimientos que nos pueden parecer insólitos.

El futuro, el porvenir, el destino, el azar son distintas formas de expresar que el camino hacia adelante nunca puede estar prefijado del todo, por mucho que intentemos apagar las dudas que nos agobian buscando fórmulas mágicas que anímicamente nos tranquilicen. Pues, tal como apuntaba Sigmund Freud, padre del psicoanálisis, hemos de ser capaces de soportar un cierto nivel de incertidumbre en nuestras vidas para no caer en la intolerancia y en los dogmatismos.

Bien es cierto que tiempo atrás nadie podía imaginar que un desconocido virus procedente de una provincia del interior de China iba a crear un estado de tensión y alarma a nivel mundial tan alto que parece que tiemblan los cimientos de todos los países del planeta.

Pero, aparte de su socarrón humor cuando alude a esos ‘buenos vecinos’ que nos vigilan para echarnos las culpas, lo que sí me interesa destacar es la idea de que conviene construirse un refugio como protección ante la actual sensación que nos persigue al vivir en un mundo inhóspito y amenazante. Y él habla de ‘guarida’, comparando, de manera metafórica, nuestra casa con el cobijo que las distintas especies animales crean para asegurarse la protección de las agresiones externas.

Ciertamente, de repente ha asomado un sentimiento ancestral que nuestros lejanos antepasados tuvieron que albergar cuando necesitaron refugiarse en las cuevas que encontraron en las zonas rocosas, ya que la vida en el exterior abierto suponía estar pendientes de las amenazas que podrían llegarles de las especies animales depredadoras.

Allí se cobijaron. Allí se sentían seguros. En las cavernas organizaron sus vidas al calor de las hogueras. También comenzaron a realizar los primeros dibujos, cuando con grasas animales pintaron en las paredes de las rocas y a la luz de las antorchas que utilizaron para iluminarse. Por suerte, algunos de esos dibujos nos han llegado, caso de Altamira, y ahora, milenios después, admiramos la belleza de los animales y las figuras humanas representados



Con el paso del tiempo la caverna se transmutó en casa, nombre con el que llamamos al espacio íntimo en el que vivimos dentro nuestro mundo desarrollado. Eso sí, ahora rodeados de numerosos aparatos que nos facilitan la vida, más aún en estos tiempos inciertos que los sentimos como amenazas.

Así, en estas fechas, percibimos la casa con un renacido sentimiento primario, como una huella arcaica que anida en el fondo de todos nosotros y que ha resurgido a partir de la necesidad vital de aislarse.

La vivienda, piso o casa, la sentimos como si fuera un refugio que nos protege del exterior, que ha pasado de ser espacio de relaciones, de contactos, de encuentros, a lugar hostil en el que tenemos que estar el menor tiempo posible. Y, en el caso de que nuestra presencia fuera totalmente necesaria, conviene volver pronto a nuestro personal abrigo (al que Mario Benedetti llama ‘guarida’) para así guarecernos de esa pequeña alimaña que no hemos visto pero a la que tememos enormemente.

De todos modos, tengo que apuntar que los niños expresan en sus dibujos ese sentimiento primario de protección plasmando la casa cuando se les pide que representen la familia. Muchos de ellos, ante esta propuesta, no solo trazan a los miembros que la componen, sino que lo hacen dibujándose en el interior del hogar, como símbolo de calidez y protección, o poniéndola al lado o detrás del grupo familiar.

Así, he seleccionado dos dibujos que explican visualmente lo que he comentado. El de la portada, de un chico de 11 años, muestra con claridad ese sentimiento de protección que le proporciona verse junto a sus padres y a su hermano siguiendo un programa de televisión. En el segundo que acabamos de ver, de una niña de 9 años, la casa adquiere un enorme protagonismo en el conjunto de la escena familiar.

De lo que no podemos tener constancia es de que en las cavernas se contaran relatos, puesto que la lengua hablada no era posible registrarla. Es de suponer que los cuentos, tal como nos dice el escritor uruguayo, aparecieran de manera tardía. Lo cierto es que en nuestra cultura se han configurado como un placer compartido, que ayuda a la imaginación y al desarrollo de la fantasía de los más pequeños.

Y qué decir en estos tiempos en los que se hace casi necesario evadirnos durante unos ratos para distanciarnos de tantas noticias tristes y desalentadoras que nos abruman. Sin lugar a duda, los cuentos, para pequeños y mayores, forman parte de los grandes placeres que se viven en distintas etapas de la vida, hecho que debemos tener en cuenta en esta etapa de reclusión o de vuelta obligada a la ‘caverna’ que habíamos olvidado.

AURELIANO SÁINZ

domingo, 22 de marzo de 2020

  • 22.3.20
Antes de que llegara la epidemia del coronarivus que afecta a toda la población mundial, con distintas intensidades según los países, yo tenía el hábito cotidiano de hacer una larga caminata matinal por las distintas rutas que me buscaba para evitar la monotonía, aunque siempre hubiera alguna preferida. Un día, se me ocurrió hacerla por el centro de Córdoba y descubrí una cafetería-restaurante con cierto aire de antigüedad, puesto que la madera aparecía no solo cubriendo y decorando las paredes, sino que también las mesas y las sillas eran de una madera muy sólida.



Se respiraba un aire antiguo, tradicional, que ya es difícil de encontrar en los cafés, puesto que los nuevos diseños se han implantado de manera general. Pero lo que me impulsó a entrar allí era que se servían churros, que, por cierto, estaban exquisitos.

Así pues, descubrí un lugar muy bueno para compatibilizar las marchas con la lectura, dado que al encontrarme en esos días escribiendo sobre la vida de don Álvaro de Luna me pareció una buena idea parar en mitad del recorrido para hacer una pausa y disfrutar del café y de los churros.

De este modo, antes de salir de casa me cogía algunos de los libros sobre la vida del condestable de Castilla con la ilusión de que haría un alto en medio de la caminata y me enfrascaría en la tormentosa vida de quien se ha tomado el nombre de nuestra fortaleza.

Ya empezaba a ser un cliente habitual de la cafetería. Una vez que cruzaba la puerta, solía echar una mirada para buscar sitio y colocarme en uno de sus rincones. Al momento, sacaba las gafas de leer y el lápiz rojo para subrayar, al tiempo que abría el libro que llevaba, esperando que apareciera alguno de los camareros que atendían las mesas.

En cierta ocasión, uno de ellos de origen chino, alto, muy simpático y con gafas de bastante graduación, tentado por la curiosidad me preguntó mi nombre, pues yo era el único de los que acudían allí que iba siempre con un libro para leer.

“Mi nombre es Aureliano”, le indiqué esperando que lo entendiera. “¿Cómo? Yo conozco el nombre Aurelio, ¿es lo mismo?”, me responde y pregunta a la vez, levantando la mirada de la pequeña libreta en la que apuntaba lo que se le pedía.

Puesto que sé que en nuestro país es bastante raro, le estuve explicando que ambos nombres son de origen romano, aunque el más conocido es el de Aurelio, ya que procede de Marco Aurelio, uno de los grandes emperadores que tenía la singularidad de ser un filósofo estoico. Le añadí que el otro, el emperador Aureliano, vivió pocos años, aunque tuvo tiempo de amurallar la ciudad de Roma para evitar las invasiones.

“Por cierto, ¿tú cómo te llamas? Te lo pregunto porque de este modo me aprendo tu nombre”, le indico, cerrando por un momento el libro. “Yo me llamo Jin, con ‘jota’”, me aclara. “Encantado, Jin”, le saludo, al tiempo que acabo haciéndole el pedido: “Me traes un café con media de churros, pues, como me levanto muy pronto y desayuno temprano, en esta ocasión me voy a quedar aquí sentado bastante rato leyendo el libro”.

Mira con curiosidad la portada. Yo se la muestro, al tiempo que le leo el título: El Condestable. De la vida, prisión y muerte de don Álvaro de Luna. Asiente con la cabeza, como indicándome que ha comprendido lo que le he leído; aunque me temo que no sepa lo que es un condestable ni quién fue el personaje que le he nombrado.

Pero, ahora, este ritual de todos los días se ha cortado. Una vez que nos encontramos inmersos en la pandemia, con la obligación de aislarnos en casa para evitar contagiar y contagiarnos, se nos plantea qué hacer con nuestros hábitos tan marcados, teniendo todo el día por delante y sabiendo que, aunque se haya indicado que el confinamiento será para dos semanas, lo más probable es que el encierro dure mucho más.

Este sentimiento fue el que compartí con Esteban, un amigo de la infancia, cuando recibí una llamada suya en el primer día y estuvimos largo rato intercambiando opiniones.

“Creo, Esteban, que el aislamiento a mí no me afecta tanto, pues estoy acostumbrado a muchas horas de lecturas. Por otro lado, ya he preparado con mis alumnos los trabajos que les voy a seguir por Internet, por lo que tendré el tiempo bastante ocupado. Lo que sí debo resolver es la ruptura de las caminatas… Pero bueno, tenemos que planificarnos el día a día porque esto va a ser muy largo. ¿Y tú cómo lo llevas?”.

Continuamos con la charla, y, en medio de ella, me vino a la mente la pregunta que un amigo común me hizo acerca de cuántas horas del día las dedicaba a leer. “La verdad es que no te lo podría decir, puesto que estoy siempre leyendo. Para mí es como respirar, que no puedo dejar de hacerlo”. Una exageración, aunque, a fin de cuentas, los libros siempre me han acompañado.

Y es que cuando hablo de leer, aparte de otras formas, me estoy refiriendo a la lectura de un libro, de ese objeto que se coge entre ambas manos, al tiempo que uno se sienta en un sofá o en un lugar cómodo y se presta a entrar en otros mundos imaginarios, que nos trasladan a las vivencias reales o fantásticas que nos ayudan a concentrarnos, a estar con nosotros mismos, a calmarnos ante los desasosiegos que nos inquietan.

Sé que en estos días hay que estar bien informados y también que debemos responder con civismo ante un enorme reto que desconocíamos. Pero también entiendo que hay que organizarse en estas fechas que tenemos por delante, por lo que no conviene estar sobrecargados de noticias que pueden abrumarnos y conducirnos a situaciones estresantes.

Es por ello que acudir a un buen libro, de esos que a cada uno pueda gustarle, se convierte en una oportuna medida que nos ayudará a sosegarnos, a concentrarnos en nosotros mismos, a disfrutar de unos ratos alejados de las pantallas, a evitar la sensación de tiempo perdido que puede alcanzarnos por estar siempre pendiente de la última noticia. La lectura, aparte del placer que nos proporciona, también es un magnífico medio que tenemos a nuestro alcance para aprender más de la vida, de esa otra vida, real o imaginaria, que el autor nos invita a conocer.

AURELIANO SÁINZ

domingo, 15 de marzo de 2020

  • 15.3.20
En estas fechas resulta muy difícil abordar cualquier cuestión al margen del coronavirus, ya que queda en la insignificancia ante la situación de Estado de alarma en el que nos encontramos por la pandemia que se ha extendido en apenas poco tiempo. Por otro lado, las noticias se superponen de modo que lo que aconteció hace un par de días parecen envejecidas por el ritmo acelerado y, casi incontrolado, con el que nos llegan.



De este modo, y como los artículos que aparecen en este diario digital los escribo con cierta antelación, la temática del que tenía preparado les podría resultar significativo, en un tiempo de normalidad, a los lectores y lectoras que habitualmente me siguen; sin embargo, ahora creo que su interés se reduce considerablemente, dado que trataba de un hecho histórico, ¡nada menos que de varios siglos atrás!

Creo, pues, mucho más adecuado tratar una cuestión relacionada con la crisis sanitaria y social que vivimos: cómo resolvemos el profesorado el cierre de las universidades a la docencia y cómo responde el alumnado a una situación que no se había conocido con anterioridad.

Hablaré desde mi perspectiva personal, puesto que como catedrático universitario me encuentro jubilado, aunque continúo ligado a la Universidad como profesor honorario. Es por ello que, junto a las investigaciones en las que participo, comparto clases con una profesora de mi Departamento, por lo que, de algún modo, puedo escribir con cierta solvencia acerca de las ideas, hábitos y actitudes de los jóvenes que realizan sus estudios en la Universidad española.

Así pues, quisiera explicar cómo abordé (abordamos) la suspensión de las clases que decretó el pasado día 13, viernes, la Junta de Andalucía y lo comunicó su presidente pasadas las 20.30 de la tarde.

Una hora antes de tener esta información, como profesor de la parte teórica de una asignatura (dado que la profesora titular desarrolla las prácticas), recibí un mail de B. C., delegada de la clase, en la que, entre otras cosas, nos decía: “Les escribo porque mis compañeros y yo, dada la situación de incertidumbre que estamos viviendo, nos estamos planteando si ir mañana viernes a clase, día 13 de marzo (…) Por nuestra salud y la del resto de personal universitario, creemos que no es conveniente seguir asistiendo ahora mismo (…) Nos gustaría saber cuál es su opinión al respecto, ya que sabemos que la asistencia es clave para completar la asignatura”.

Por los medios de comunicación ya se había informado de que los empleados de algunas empresas podrían realizar su actividad como teletrabajo y que en los centros superiores, en caso de suspensión de la docencia presencial, era factible realizarla on-line.

A la delegada le respondí inmediatamente indicándole que deberíamos esperar al pronunciamiento de la Junta de Andalucía, dado que las Comunidades tienen transferidas las competencias educativas. Le aclaré que, en el caso de que se suspendieran desde el propio viernes, lógicamente, teníamos que aceptarlo así; pero que para nosotros presentaba el gran inconveniente al no poder planificar la docencia on-line, puesto que estaríamos un mes sin clases (por experiencia, sé que los pocos días que, teóricamente, se abrirían las universidades no iban a evitar que el alumnado enlazara su ausencia con la Semana Santa).

Como finalmente se indicó que el cierre se llevaría a cabo a partir del lunes, día 16, le manifesté a la delegada que nos veríamos al día siguiente todo el mundo en el aula, dado que teníamos que planificar la docencia teórica y práctica para un mes, puesto que los días anteriores a la Semana Santa prácticamente iban a quedar en blanco. Le insistí en la necesidad de que todo el alumnado estuviera presenta, dado que ese viernes teníamos tres horas de teoría y tres de prácticas.

La respuesta de los estudiantes fue correcta, ya que se hicieron conscientes de que no podían estar un mes ‘con los brazos cruzados’. Se pudo, pues, aclarar todas las formas en que llevaríamos tanto la parte de la teoría como la correspondiente a las prácticas, al igual que todas las dudas que les surgían, por lo que al finalizar las clases no quedó, en principio, nada al azar. Las dudas personales que les pudieran ir surgiendo se las responderíamos a cada cual, ya que todo ello forma parte de la docencia on-line.

Desconozco cómo ha podido resolver este problema el resto de los compañeros, pues si uno no había imaginado que el cierre universitario podría darse de un día para otro se podría encontrar con el problema de que el alumnado en su asignatura se viera perdido una vez que llega la orden de cierre manera acelerada… tal como ahora estamos viviendo una realidad que nos sobrepasa.

AURELIANO SÁINZ

domingo, 8 de marzo de 2020

  • 8.3.20
Hoy domingo, 8 de Marzo, sale publicado este artículo dedicado a quien quizás sea la mujer pintora más conocida internacionalmente. Y es que no solo sorprende su pintura, sino que también su vida fue una auténtica lucha por afirmarse contra el dolor y el sufrimiento que tuvo que atravesar a lo largo de su vida, logrando crear un mundo pictórico tan personal y singular que me atrevería a afirmar que compite en reconocimiento con pintores del surrealismo tan conocidos como Salvador Dalí o René Magritte.



Su hondo penar tenía dos facetas: una física y la otra anímica, pues, como bien apunta la escritora Elizabeth Lunday, “Frida Kahlo decía que en su vida había dos grandes tragedias. Una fue el terrible accidente de tranvía que tuvo en su juventud, en el que se fracturó la columna vertebral y la pelvis por varias partes y se aplastó el pie, lo que la condenó a una vida de sufrimiento y dolor. La otra fue Diego Rivera, el marido (se casaron dos veces) que la atormentó con sus múltiples infidelidades. Y apuntaba que la de Diego fue, de lejos, la peor”.

Un dolor tan personal e íntimo sería la base con la construiría la temática que, mayoritariamente, abordó en sus lienzos; lejos, pues, de las que desarrollaron las dos pintoras que por ahora he abordado en esta serie: Sofonisba Anguissola y Angelica Kauffman, cuyos trabajos se movían dentro del tranquilo y apacible ámbito privado o doméstico en el que tradicionalmente se movía la mujer que penetraba en las artes plásticas hasta bien entrados en el siglo XX.

Paradójicamente, esas dos tragedias que vivió Frida Kahlo fueron los motivos por los cuales pudo ser reconocida como una pintora singular, puesto que su larga convalecencia dio origen a querer acercarse al mundo de la pintura y expresar el enorme dolor que le produjo verse rota por dentro.

Antes de mostrar algunas de sus obras, aporto unos breves datos biográficos que nos sirvan de referencia. Frida Kahlo Calderón nació en Coyoacán, Méjico, el 6 de julio de 1907. Hija del fotógrafo Guillermo Kahlo y de Matilde Calderón, fue la tercera de las cuatro hijas que tuvo este matrimonio. Los datos biográficos nos dicen que su padre, un judío de origen húngaro-alemán, se declaraba ateo, mientras que su madre era una mujer mejicana muy católica y con raíces indígenas. De esta unión sale Frida, mujer muy morena, con rasgos también indígenas y que se negó siempre a depilarse, por lo que sus cejas se asemejaban al perfil de una gaviota o de una golondrina.

Cuando contaba 16 años, su padre la matriculó en la escuela secundaria más prestigiosa de Méjico: la Escuela Nacional Preparatoria, lugar en el que empezó a interesarse por la política de izquierdas, al tiempo que comenzó a sentir una gran fascinación por el artista que estaba pintando un mural para el auditorio del centro: Diego Rivera, quien con el paso del tiempo sería una de las cumbres del muralismo mejicano junto con David Alfaro Siqueiros.

Dos años más tarde, el 17 de septiembre de 1925, Frida comprueba cómo sus sueños se truncan, dado que el autobús en el que viajaba fue arrollado por un tranvía fuera de control, quedando empalada por una barra de hierro. Resultado: fractura de varias vértebras, una clavícula, dos costillas, la pelvis destrozada, once fracturas en la pierna izquierda y el pie derecho aplastado.

A partir de esos momentos nacen dos Fridas que se intercambian: la destrozada física y emocionalmente y la que queda en sus sueños que la ayuda a sobrevivir. Quizás ese sea el sentido último de su lienzo de 1939 titulado precisamente Las dos Fridas, el mismo que he utilizado como portada de este breve trabajo sobre la pintora mejicana. Dada la amplitud de su obra, en esta escueta mirada me limitaré a mostrar algunos trabajos de su amplia producción.



Como ejemplo de la sorprendente conjunción de arte y dolor que plasmó en sus lienzos, lo encontramos en uno de sus cuadros más conocidos: La columna rota. Esta obra de madurez, pintada en 1944, muestra un desnudo de Frida con uno de sus corsés médicos. Tiene la piel atravesada por clavos y su cuerpo abierto muestra una columna griega, que sustituye a su columna vertebral, rota por distintas partes.

En contraste con sus obras que son símbolos de su sufrimiento, Frida realizó numerosos autorretratos en los que se mostraba en primer plano, con mirada frontal, seria, como si estuviera concentrada en sí misma. Uno de ellos es el que presento titulado Autorretrato con collar de espinas del año 1940, en el que aparece el contraste de las mariposas y libélulas, que flotan alrededor de su cabeza, con ese collar punzante que le rodea el cuello, como si no pudiese desprenderse del dolor que la oprime.



Otro de sus grandes deseos frustrados fue el de la maternidad, ya que al poco tiempo de haberse casado estuvo esperando un hijo al quedarse embarazada, a pesar de que los médicos le indicaron que difícilmente podría llevar a término el embarazo, puesto que la pelvis había quedado maltrecha en el accidente que sufrió. En cuatro ocasiones intentó ser madre, pero tuvo abortos naturales o por recomendación médica, ya que su vida peligraba si continuaba adelante. Esa maternidad frustrada la reflejó de distintas formas en algunos de sus lienzos, como el titulado Henry Ford Hospital.



La obra de Frida Kahlo, tal como he apuntado, es inclasificable dentro de los estilos artísticos conocidos, ya que en la mayoría de sus trabajos ella era la protagonista en la que mezclaba realidad, emociones, símbolos y ensueños, de modo que trasladaba al lienzo sus sentimientos más íntimos, transformándolos en imágenes inverosímiles. Es lo que acontece con la escena de El venado herido, en el que se transforma en su cervatillo, que le llamaba Granizo, para metamorfosearlo en uno de sus múltiples autorretratos.



Como indicaba al principio, quisiera con esta pequeña semblanza hacer un homenaje a la mujer con otro de los lienzos de la gran pintora mejicana en el que mostraba el terrible machismo que soportaban (y soportan) algunas de ellas. Se trata del que lleva por título Unos cuántos piquetitos!, en el que alude tanto a situaciones reales de la violencia del hombre mejicano como a los tradicionales ritos religiosos de las culturas maya y azteca.

De esta obra hay un boceto en el que Frida había escrito las palabras de un marido engañado y que habían sido recogidas en la prensa de su época. Son las siguientes: “Mi chata ya no me quiere, porque se dio a otro malhora, pero hoy si se la arranco, ya le llegó su hora”. Más adelante, toma las palabras del marido engañado ante el juez: “Solo unos cuantos ‘piquetitos’; no ‘jueron’ veinte puñaladas, señor juez”.

Lamentablemente, en pleno siglo veintiuno, siguen aún vigentes esos ‘piquetitos’ como distintas formas de violencias que sufren muchas mujeres y que forman una especie de ritual que nos llega de modo regular por los medios de comunicación. ‘Piquetitos’ que, en ocasiones, se traducen en mujeres asesinadas por sus parejas o exparejas para indicarnos que el machismo sigue fuertemente anclado también en las denominadas sociedades avanzadas.

AURELIANO SÁINZ

domingo, 1 de marzo de 2020

  • 1.3.20
Continuando con el análisis de las relaciones fraternas que iniciamos en el artículo anterior, estas nos dan a entender que las que se dan entre los hermanos o hermanas no son similares a las relaciones entre iguales, sean amigos o compañeros, que se van generando en el proceso de desarrollo.



Esto es fácilmente comprensible, dado que, aparte de los vínculos emocionales que se producen entre hermanos por el sentimiento de pertenencia familiar, nos encontramos con otros factores como son el orden de nacimiento, la diferencia de edad, el tamaño de la familia y el sexo de los miembros que la componen.

En cambio, dentro del trato entre iguales se da la tendencia a la equiparación de las edades y la correspondencia de género. Por otro lado, los iguales con los que los niños y niñas se relacionan suelen ser elegidos por ellos mismos. La búsqueda de la relación basada en las afinidades es una manifestación de la libertad con la que se actúa en la construcción de la amistad que debe basarse en la confianza mutua, dado que nunca dos personas pueden conocerse totalmente.

En sentido contrario, los hermanos no se eligen mutuamente, ya que su condición fraterna les viene impuesta por lazos biológicos que configuran una relación permanente, pues, en el caso de que se diera una ruptura de la relación entre ellos, esto no conllevaría que dejaran de ser hermanos. Las relaciones de amistad, en cambio, son más susceptibles de ser interrumpidas por diversos motivos, como pueden ser la pérdida de confianza, la falta de lealtad o por razones no previstas: el cambio de residencia, de colegio, de lugar trabajo, etc.

A pesar de que, tal como he apuntado en la primera entrega, las relaciones entre los hermanos no han sido estudiadas con la amplitud necesaria, una que se ha hecho con mayor detenimiento es la del hermano o la hermana mayor con respecto a los que le siguen, especialmente en las primeras edades. Así, en determinadas situaciones, el hermano mayor puede cumplir con la figura de apego, expresión que procede del psiquiatra y psicoanalista inglés John Bowlby, quien apuntaba que todo recién nacido necesita la relación con un cuidador principal para que su desarrollo emocional y social se lleve con normalidad.

Además, la presencia del hermano o la hermana mayor que lleva adelante esa función de apego mitiga las reacciones del menor en situaciones de inseguridad y miedo, facilitando el comportamiento exploratorio del pequeño que se aleja más y durante más tiempo de la madre, que habitualmente suele ser la figura de apego, aunque en la actualidad también el padre la está cumpliendo.

Otros aspectos a tener en cuenta en la relaciones entre hermanos, que complementan los que expuse en la primera entrega, serían los siguientes:

- En la niñez, las interacciones entre hermanos son intensas, puesto que están en un momento en el que dependen de los padres en casi todos los aspectos. A medida que crecen, esa relación disminuye. Esto suele suceder desde los 12 hasta los 17 años, dado que es el tiempo de un aumento progresivo de los contactos con los iguales característicos de la etapa de la adolescencia.

- En la madurez, la relación entre hermanos se hace más independiente. La proximidad o lejanía ya va a depender de otros factores como la incorporación de nuevos actores (cuñados/as, sobrinos/as, etc.) a los lazos que vienen dados por hechos biológicos.

- Pasados los años, la necesidad de atender a los diversos problemas que plantean los padres mayores va a constituir la razón fundamental de nuevas interacciones. En la edad adulta también se suelen dar comportamientos solidarios y de apoyo entre los hermanos; aunque en estas relaciones pueden aflorar antiguas situaciones de rivalidad o de conflictos entre ellos, lo que configuran obstáculos para un buen entendimiento.

- Para cerrar, quisiera indicar que el ciclo de la vida apunta a que ya en la vejez se suele producir una reactivación de las relaciones entre hermanos que tiempo atrás habían bajado en viveza por diversos motivos. Sobre ello habría que decir que esa reactivación de los lazos actúa como compensación de otras relaciones que se han perdido o que disminuyeron en intensidad.

* * * * *

Como ejemplificación de lo expuesto, quisiera comentar tanto el dibujo que ha servido de ilustración como otros tres que he seleccionado que explican adecuadamente lo comentado.

El dibujo de la portada es de una chica de 13 años. Como puede apreciarse, forma parte de una familia con cuatro hijos: dos chicas y dos chicos. Es la mayor de los cuatro, hecho que manifiesta dibujándose en el centro de la escena y al lado de su madre; el hermano, que le sigue en edad, lo representa junto a su padre, al tiempo que sus hermanos pequeños los muestra juntos a sus abuelos. Ella, que se siente la mayor de los hermanos, lo expresa al haber sido la segunda en aparecer, quedando enfatizado este hecho por encontrarse totalmente en el centro del dibujo.



De modo similar al dibujo de la portada, en el que acabamos de ver también la familia tiene dos hijos y dos hijas; pero el modo el modo de representar a sus miembros difiere del anterior. En este caso, la figura central de la escena es el padre, que se muestra sentado en una butaca, junto con su hijo e hija mayores, simbolizando que ellos, en cierto modo, comparten la autoridad paterna.

En el lado izquierdo aparece la madre, junto a la autora del dibujo y a su hermano pequeño. La forma de agrupar a los miembros da lugar a que se diferencien los que, por un lado, están ligados a la figura paterna y, por otro, a la materna.



El tercer dibujo que comento pertenece a una niña de 10 años que se encontraba en quinto curso de Primaria. Ella era la más pequeña, ya que sus dos hermanos mayores varones, que eran mellizos, aparecen a ambos lados de su figura como si estuvieran protegiéndola.

Este sentimiento de protección lo refuerza la autora al trazar a los cinco miembros de la familia en el interior de la casa, ya que esta sencilla casa que dibujan los escolares representa el hogar como espacio de calidez y seguridad. Por otro lado, tiene un cierto aire animista, dado que se asemeja a un rostro en el que las ventanas son los ojos y la puerta la boca de la supuesta figura humana.



A lo largo del tiempo, he ido mostrando las diversas modalidades familiares que se dan en la actualidad. Una de ellas es la que denominamos con familia reconstituida, que es la que se produce tras una inicial ruptura de pareja, por lo que uno o los dos antiguos cónyuges deciden formar una familia nueva. Es lo que manifiesta el autor de este dibujo, un chico de 11 años que se ha representado en el centro de la escena, junto a su padrastro y a sus dos hermanastros.

En el lado izquierdo de la lámina traza a sus padres biológicos junto a su hermano pequeño que tuvieron antes de decidir separarse. De este modo, y alejándose de la creencia que pudiera deducirse, él no muestra problemas en dibujarse junto a sus hermanastros, como si formaran un grupo de tres hermanos que se llevan bien.

AURELIANO SÁINZ

domingo, 23 de febrero de 2020

  • 23.2.20
Recientemente he colaborado en la supervisión de varios trabajos fin de grado (TFG) que son los que tienen que realizar los estudiantes universitarios al finalizar sus estudios. Uno de ellos, elaborado por un antiguo alumno, consistía en una investigación en la que se estudiaban las relaciones que se generan entre los hermanos en diferentes períodos de sus vidas, y que fueron analizadas a través del dibujo de la familia.



Como he expresado en otras ocasiones, de manera habitual he investigado el desarrollo emocional y cognitivo de niños y adolescentes a partir de los sentimientos que se forman en el seno de las conexiones familiares, tomando como referencias las que se establecen con los padres (también con otros miembros como pueden ser los abuelos, tíos, primos, etc.) y las que se producen entre hermanos y/o hermanas.

Hemos de considerar que los padres configuran el centro sobre el que gira la mayor parte de las interacciones familiares, especialmente en las primeras edades, lo que ha dado lugar a extensos estudios de investigadores que entienden que los desarrollos psicológicos y afectivos, en gran medida, están condicionados por los comportamientos, afectos, directrices, consejos, etc., que el padre y la madre generan en el seno familiar.

Cuando acepté supervisar el trabajo citado lo hacía por el gran interés que supone indagar de modo general en las relaciones que se producen entre los hermanos, puesto que -en caso de que los escolares participantes los tuvieran- esas relaciones forman una parte importante del desarrollo personal de cada uno de ellos.

Tengo que indicar que la investigación en las aulas se había desarrollado sin dificultad. El problema surgió cuando el alumno tuvo que realizar un marco o introducción teórica, ya que al consultar en la biblioteca de la Facultad comprobó que los libros o artículos que se han publicado en nuestro país acerca de las relaciones fraternas son escasos.

Y esto es una paradoja, ya que a medida que se analizan y se profundiza en esas relaciones se comprueba la diversidad y complejidad de sentimientos, positivos y negativos, que se dan en los vínculos fraternos.

Por mi parte, asesoré al alumno sobre obras relevantes en las que habían abordado esta temática, entre las que se encuentran Sisters and Brothers, de la psicóloga estadounidense Judy Dunn y Psicología de las relaciones fraternas, de Enrique Arranz, doctor en psicología y profesor de la Universidad del País Vasco.

Por otro lado, para abordar el tema que he titulado El mundo de los hermanos, me ha parecido interesante dividirlo en dos partes, realizando previamente una síntesis de las principales ideas que estos autores exponen en ambas obras, para, posteriormente, mostrar y comentar varios dibujos a modo de ejemplos.

Así pues, presento en esta ocasión ocho ideas que me parecen bastante significativas:

- Las investigaciones recientes sobre las relaciones fraternas han puesto de manifiesto que estas son ambivalentes y bastante más complejas que el clásico binomio de afecto-rivalidad. Con el término ambivalente se describe la interacción en la cual conviven episodios de relaciones positivas de afecto y cariño con otros de conflicto y evitación o distanciamiento entre los hermanos.

- Dentro de las investigaciones se ha confirmado, tal como los propios interesados manifestaban, que el apoyo mutuo de los hermanos es una de las características más relevantes de la relación entre ellos. Este sentimiento de apoyo permanece, con más o menos intensidad, a lo largo de los años.

- La interacción entre hermanos es extremadamente sensible a la calidad de los afectos que se da en los padres. Una buena relación entre los padres es origen de sentimientos de seguridad, confianza y estrecha colaboración fraterna. Sin embargo, el supuesto de que el ambiente familiar incide de igual manera en todos los hermanos es erróneo, dado que, por un lado, cada uno de los hijos o hijas tiene su propio carácter y, por otro, en el desarrollo personal inciden factores externos a los que se dan en el seno de la familia.

- Tal como nos dice Judy Dunn, desde pequeños aparece una extraordinaria receptividad en los niños por lo que se muestran muy afectados en el trato diferencial con respecto a sus hermanos. Esto apunta a que los padres deben ser muy cuidadosos en buscar siempre un trato equitativo y compensatorio hacia los hijos.

- El punto anterior nos conduce a un tema de gran importancia en las relaciones fraternas: los celos. Sobre esta cuestión conviene apuntar que hay que asumirlos como un comportamiento absolutamente normal en las relaciones entre los hermanos; es más, los celos son una manifestación del proceso psicológico de construcción de la propia identidad. Bien es cierto que determinados celos pueden llegar a ser patológicos.

- Un tema que ha generado diversos estudios es la forma de intervención de los padres en los conflictos que pudieran darse entre los hermanos. De acuerdo con el sentido común, los resultados obtenidos apoyan la idea de la no conveniencia de una mediación excesiva y sistemática en los problemas que se producen entre los hijos; por otro lado, determinadas actitudes de los padres pueden alimentar pugnas entre los hermanos.

- Una de las características del trato entre hermanos es su carácter de continuidad a lo largo del ciclo vital del ser humano. De este modo, una vez abandonado el hogar de los padres, los hermanos siguen compartiendo acontecimientos significativos de sus vidas. No obstante, y a pesar de esa continuidad, las relaciones sufren modificaciones cualitativas a lo largo del tiempo, tanto en su naturaleza como en la función que cumplen en la vida de las personas.

* * * * *

Una vez que he expuesto un conjunto de ideas acerca de las relaciones fraternas, quisiera comentar los cuatro dibujos que he seleccionado en los que se manifiestan gráficamente expresiones de cariño, ayuda y protección.

Comienzo por el dibujo de la portada. Fue realizado por un niño de 12 años que se encontraba en sexto curso de Educación Primaria. La escena nos muestra a una familia de cuatro miembros, todos sonrientes y disfrutando juntos de un día de ocio. En primer lugar aparece el padre que mira de frente, sosteniendo una raqueta de tenis y tanteando con la pelota; le siguen la madre y él mismo agitando la cuerda al tiempo que su hermana pequeña salta a la comba. Como puede comprobarse la relación del autor con su hermana es bastante buena, pues participa en un juego en el que la protagonista es ella.



El dibujo anterior fue realizado por una niña de 7 años. Como podemos observar, los personajes están numerados, de modo que la autora expresa el orden en el que los plasmó en la lámina. Así pues, comenzó por su hermano pequeño y, posteriormente, se representó a ella misma, detrás y con las manos en sus hombros, como señal de cariño y protección que sentía por su hermanito. Se muestra, pues, cómo la hermana mayor cuida y atiende al más pequeño de la familia.



Este tercer dibujo pertenece a una niña de 10 años, que se encontraba en quinto curso de Educación Primaria. La escena familiar la comienza representándose a sí misma en el lado derecho de la lámina, con los dedos en forma de ‘v’ como signo de victoria y cogida de la mano de su hermana pequeña que lleva a su mascota. En el lado izquierdo, aparecen los padres sonrientes y unidos, como expresión del cariño que se profesan y que trasladan a sus hijas.



Acabamos esta primera parte con el dibujo que realizó un chico de 13 años, que se encontraba en primer curso de Secundaria. Como puede comprobarse, muestra a su familia muy unida, formando un grupo compacto. De modo especial, llama la atención que el autor se represente en el centro del grupo y delante de su hermano mayor, como señal de la admiración que le profesa, al tiempo que manifiesta que se siente protegido por él.

AURELIANO SÁINZ

domingo, 16 de febrero de 2020

  • 16.2.20
Me gustaría que en esta nueva serie aparecieran pronto mujeres españolas que han dejado huella dentro del campo de la pintura, pero nos tendríamos que remitir a tiempos históricamente cercanos como es el siglo pasado para que viéramos asomar algún nombre femenino dentro de este ámbito. A fin de cuentas, esta ausencia es el reflejo de la cultura fuertemente patriarcal que se desarrolló en la sociedad que hunde sus raíces en un país en el que históricamente las ideas liberales o igualitarias eran arrinconadas, cuando no aplastadas sin miramientos.



Habrá que esperar, pues, a que hayan aparecido algunos nombres de pintoras fuera de nuestras fronteras que abrieron cierta brecha en siglos anteriores; aunque justo es de reconocer que tampoco se las suele citar en los libros de arte o se las presenta en exposiciones con la relevancia que ellas tenían.

En esta ocasión quisiera citar a la suiza Angelica Kauffmann (1741-1807), intentando ser breve, no extendiéndome en datos biográficos que serían adecuados en revistas especializadas, para destacar algunas de sus obras con el fin de conocer tanto sus valores pictóricos como los temas que abordaba, que, a fin de cuentas, estaban constreñidos a los marcados por la sociedad que su época consideraba que eran específicamente adecuados al género femenino.

Como es de esperar, son escasas las obras publicadas en nuestro país que hablen de las pintoras. Para este trabajo, he de mencionar dos que he podido consultar: una de ellas es Seeing Ourselves. Women´s Self-Portraits de Frances Borzello; la otra es el excelente libro Ellas mismas. Autorretratos de pintoras de la escritora Ángeles Caso, quien nos introduce en ese mundo de las artes plásticas con nombre de mujer. De Ángeles Caso, extraigo este comentario:

“Kauffmann fue una de aquellas niñas prodigio que tanto gustaban en el siglo XVIII, conocida desde muy joven por su talento para las artes plásticas y por su bellísima voz. Su educación había sido extraordinaria: su padre, Joseph Kauffmann, era un buen retratista austríaco, que la enseñó a pintar desde pequeña. Su madre, Cleophea Lutz, se ocupó además de su formación intelectual y del aprendizaje de idiomas”.

Un hecho que se repite en las pintoras pioneras es el respaldo familiar que reciben cuando sus progenitores comprueban el talento de sus hijas. Tengo que resaltar esto dado que, si no se cuenta con ese apoyo, entonces difícilmente una chica podría entrar en un campo que se consideraba esencialmente masculino.

Por otro lado, en la cita anterior se indica que el padre de Angelica era retratista. Esto enlaza con una de las temáticas muy habitual dentro de las artistas: el retrato femenino como cuestión prioritaria de las mujeres pintoras, dado que era un ámbito asequible para ellas. Esta es la razón por la que he seleccionado como portada del artículo un fragmento de un autorretrato que la propia pintora hizo de sí misma en el año 1784, es decir, cuando contaba cuarenta y tres años.



Remitiéndonos a sus orígenes, tendría que apuntar que Angelica Kauffmann nació en Coire, capital del cantón suizo de Los Grisones, colindante con Austria. Tal como he indicado, la profesión de su padre fue crucial para su desarrollo artístico, puesto que comenzó a pintar desde muy joven. Con quince años ya realizaba excelentes retratos, y, aunque ella no se consideraba únicamente como retratista, lo cierto es que el dominio que llegó a adquirir dentro de esta temática es innegable, tal como podemos comprobar en los dos cuadros anteriores que he seleccionado de su extensa producción.

El primero lleva por título Retrato de una dama, realizado en 1780. El siguiente es de un personaje masculino: el que corresponde a su padre Joseph Johann Kaufmann, al que también lo muestra en plano medio y en el que se aprecia la madurez pictórica que Angelica había adquirido en el retrato de personas cercanas a su entorno.



Como cabía esperar, las escenas predominantes en el mundo de una artista del siglo XVIII eran de tipo femenino, pues a pesar del prestigio que había alcanzado, dado que fue una de las fundadoras de la Royal Academy of Art de Londres, lo cierto es que contar con modelos masculinos en su taller de pintura resultaba bastante cuestionable socialmente para la moral imperante de entonces.

Un ejemplo de este mundo de la intimidad femenina lo manifiesta el lienzo Tres hermanas, de 1795, cuando la autora contaba con cincuenta y un años. En el cuadro aparecen tres mujeres jóvenes que, muy cercanas entre sí, miran hacia un libro como si lo estuvieran leyendo.



Uno de los hechos más singulares de la biografía de Angelica Kauffmann fue su primer matrimonio. Así, en 1757, contando con solo dieciséis años, se casa con un supuesto noble sueco, el conde de Horn, quien finalmente resultó ser un impostor, aparte de bígamo. Cabe entender el sufrimiento de Angelica al conocer que había sido engañada impunemente, ya que tuvo que esperar a la muerte de este personaje, en 1780, para anular a posteriori ese matrimonio.

Por otro lado, y como nos dice Ángeles Caso: “Consciente de su talento y de su calidad, Kauffmann no quiso resignarse a ser una famosa retratista más, y comenzó a practicar cada vez más a menudo la pintura de la historia, grandes cuadros con representaciones mitológicas o temas inspirados en la literatura. Ese era el género pictórico que en aquel momento del Neoclasicismo se consideraba superior a todos”.

Ciertamente, las temáticas históricas o mitológicas obligaban a los pintores a tener sólidos conocimientos intelectuales, al tiempo que una gran competencia en el dibujo y la composición. Esto lo apreciamos en el cuadro Ariadna abandonada por Teseo, de 1774, en el que se aprecia un dominio de la figura femenina, plasmada con cierto lirismo y lejos del dramatismo que podía esperarse en la figura mitológica de Ariadna.



Quizás el lienzo más exitoso de la artista suiza haya sido el que llevaba por título La artista dudando entre la Música y la Pintura, realizado en 1791 o en 1794 (se desconoce la fecha exacta), en el que vemos a la propia autora en el centro de la escena, rodeada entre la musa de la Música y la de la Pintura, ya que estas dos manifestaciones artísticas fueron sus pasiones a lo largo de su vida.

Angelica Kauffmann mantuvo su fama y su prestigio a lo largo de su vida. Así, cuando falleció el 5 de noviembre de 1807 a los sesenta y seis años en Roma, donde se había instalado tras haber contraído un nuevo matrimonio con el pintor italiano Antonio Zucchi, tuvo un claro reconocimiento social, ya que su funeral fue organizado por el escultor neoclásico Antonio Canova, de modo que dos obras suyas fueron llevadas en procesión hasta la iglesia de Sant’Andrea delle Frate donde fue enterrada.

AURELIANO SÁINZ

domingo, 9 de febrero de 2020

  • 9.2.20
Una reciente encuesta realizada por una aplicación de seguridad femenina asegura que el 83% de las mujeres encuestadas indicaba que cuando más miedo sentía era cuando tenía que caminar sola por la calle y de noche. La calle se convertía para ellas en un entorno que les hacía aflorar los miedos que en otros lugares no los tienen.



Y si a la calle se le sumaba la oscuridad, los temores se acentuaban. Hemos de tener en cuenta que muchas de las mujeres que respondían al cuestionario ejercían sus trabajos hasta entrada la noche, por lo que necesariamente debían regresar a casa cuando el sol se había puesto.

No se especificaba en la encuesta los lugares de residencia de quienes la habían respondido, aunque, me imagino, que la preocupación crece a medida que se vive en localidades con mayor población, de modo que será en las grandes urbes donde el sentimiento de inseguridad se acentúa, dado que en ellas el anonimato se encuentra mucho más extendido entre la gente.

De todos modos, quisiera apuntar que los miedos que manifestaban en la encuesta se debían al mero hecho de ser mujeres; no porque les pudieran tener incidentes similares a los que les acontecen a los hombres (que también pueden ser víctimas de episodios de agresividad).

En las explicaciones aportadas, de un modo u otro, aparecía descrito el machismo imperante en nuestra sociedad, de forma que a algunos sujetos ese machismo les hace creer que son superiores y que, en consecuencia, tienen la potestad de molestarlas, e, incluso, asaltarlas o agredirlas por el mero hecho de la propia condición femenina de la mujer.

En la encuesta también se les preguntaba acerca de las soluciones que encontraban para sentirse seguras. En su mayoría respondía que la solución más habitual era la de ir acompañadas por alguna persona amiga o conocida y, si esto no fuera posible, mantener el contacto por SMS o WhatsApp con algún familiar, de modo que pudieran estar localizadas durante el recorrido que tenían que hacer hasta llegar a la casa.

La verdad es que la primera vez que me hice consciente de este miedo que afecta de modo especial al género femenino fue en la convocatoria de una concentración que se llevó a cabo tiempo atrás como repulsa a la agresión sufrida por una chica por parte de la tristemente famosa ‘Manada de Pamplona’.

En esa ocasión me vi con algunas compañeras que son profesoras de la Facultad en la que trabajo. En medio de la charla que mantuvimos surgió el tema de la indefensión en la que se encuentran algunas mujeres ante las agresiones de ciertos personajes.

Silvia, una de estas compañeras, me hizo ver que desde su adolescencia siente miedo a caminar sola por la calle en determinadas circunstancias, y que este temor difuso lo padecen muchas de las jóvenes que ella conoce, dado que pueden ser molestadas o agredidas de manera física o verbal por el mero hecho de ser mujeres

Por mi parte, le manifesté que nunca había pensado en ello, dado que yo nunca he sentido ese temor por el hecho de ser hombre. Bien es cierto, que en determinados contextos o situaciones puedo sentirlo, especialmente si pienso que pudiera ser abordado por otros (las mujeres no te atracan) con la intención de ser robado.

A partir de la charla que mantuve con aquellas compañeras, acudieron a mi mente los trabajos de investigación que en cierta ocasión realicé con un grupo de estudiantes de Secundaria acerca de las ideas que tenían de lo que acontece en las calles. Como habitualmente les planteo, esas ideas deberían plasmarlas en dibujos que ellos crearan de forma libre y sin que les preocupara si estaban mejor o peor realizados, pues lo importante era lo que expresaban en la lámina.

Me llamó de modo especial la atención algunas de las escenas que ciertas alumnas habían plasmado, pues reflejaban con bastante claridad ese sentimiento de temor que les generan los espacios públicos como lugares en los que se dan todo tipo de agresiones o violencias.



Es lo que expresó Marina, de 13 años, con el dibujo de una escena urbana. Si lo observamos con cierto detenimiento, nos muestra como elemento central a una madre que sostiene a su hijo pequeño, al tiempo que una voz oculta les dice: “¿Dónde estáis? Vuestros amiguitos no os van a hacer nada…”.

Por otro lado, en un gran plano general se contempla una plaza en la que acontecen distintas formas de agresión. Así, desde una ventana se escuchan: “No me pegues más. ¡¡Desátame!!; a lo que otra voz responde: “No. ¡¡No quiero, estúpida!!”.

Continúa con otras expresiones agresivas como la de un chico que es atropellado por un coche o el atraco en un supermercado en el que matan a una persona. Cierra con una pareja que está sentada en un banco en el que el chico dice: “Me encanta este barrio. ¡Es tan divertido!”, al tiempo que la chica que le acompaña le responde: “Pues a mí no me gusta porque hay mucha violencia. Por esto me voy a mudar a otro barrio”.

Resulta ilustrativo el diálogo que mantiene esa pareja del dibujo anterior, ya que al chico no le molestan todas las formas de violencia que se dan en el barrio en el que vive; mientras que la joven que le acompaña manifiesta tal rechazo que está deseando cambiarse de barrio. Es un modo no planificado de expresar cómo sienten cada uno de los géneros.



Otro trabajo pertenece a Julia, compañera de la anterior y también de su misma edad. En este caso, la autora trazó una calle cargada de tensiones y agresiones. Así, vemos como elementos principales un par de coches que vienen de frente: uno conducido por chicas y el otro por chicos que los conducen con sonido a todo volumen, al tiempo que los conductores que iban en sentido contrario se lo recriminan; también, una niña sola en una acera llorando; un bebé abandonado en la otra acera al lado de una botella rota y colillas; y en una de las esquinas, una mujer que es atracada por un individuo que porta una pistola.

Quizás estos dos dibujos que he seleccionado del conjunto no sean tanto de experiencias directas que las alumnas hubieran vivido, sino el resultado de las noticias alarmantes que cotidianamente nos llegan por los medios de comunicación y que ellas han sintetizado en sus pensamientos y las han trasladado a unos espacios urbanos.

Y es que conviene tener en cuenta que en la actualidad las noticias de las diversas agresiones que sufren las mujeres, con especial significado los casos en los que son víctimas las jóvenes, impactan en los oyentes o espectadores, que, entre atónitos e indignados, sienten la impotencia ante una realidad que parece que se resiste a cambiar.

AURELIANO SÁINZ

domingo, 2 de febrero de 2020

  • 2.2.20
A mediados del año pasado fui invitado a presentar una de las jornadas sobre Laicismo y Derechos Humanos que, organizadas por el Ayuntamiento de Córdoba y distintas asociaciones cívicas, se celebrarían en una de las salas de las que dispone el Ayuntamiento de la ciudad. En mi caso sería la que llevaba por título “Derechos humanos y diversidad sexual”. En ella participaron como ponentes Verónica, una chica transexual, y Gonzalo Serrano, presidente de la Asociación Arcoíris de Andalucía.



Por otro lado, tengo que apuntar que realicé el diseño de los carteles y dípticos de estas jornadas, en los que aparecía como imagen central la figura de Hipatia de Alejandría, una figura legendaria dentro del campo del conocimiento científico, que fue asesinada por las huestes fanáticas del obispo Cirilo de Alejandría.

El salón se encontraba lleno y el debate se alargó hasta la hora de cerrar el centro, pero antes se proyectó un documental titulado Familias orgullosas en el que se manifestaban familiares acerca de la aceptación que tenían de sus hijos o hijas, fueran homosexuales o transexuales.

Lo que me llamó la atención fue la presencia en el documental de un amigo, José Luis Castillo, médico y sexólogo, profesor en las universidades de Sevilla y Almería. A este amigo le dirigí su tesis doctoral que versaba sobre los modelos masculinos y femeninos en las campañas publicitarias. En el vídeo se mostraba orgulloso de sus dos hijos homosexuales que le acompañaban, aunque ellos lo hacían de espaldas.

Ante la actual polémica sobre el tema denominado pin parental, me pareció oportuno llamar a José Luis por si le parecía bien que le hiciera una entrevista para que me expresara las vivencias que había tenido ante la orientación sexual de sus dos hijos y las razones por las que había dado el paso adelante y mostrarse públicamente en defensa tanto de sus hijos como de los chicos y chicas que son homosexuales.

Cuando le llamé no puso ningún inconveniente en que nos viéramos para que, sin ningún reparo, habláramos de su experiencia y cómo había sido la relación con sus hijos a partir del momento en el que ellos les explicaron a él y a su madre sus orientaciones sexuales.

Quedamos, pues, en el salón de un hotel céntrico, dado que considerábamos que era un buen sitio por el silencio que había en ese espacio, lo que favorecería el que la charla fuera tranquila y distendida. Una vez que nos encontramos y nos saludamos preguntándonos por nuestros derroteros, puesto que hacía algún tiempo que no nos veíamos, pasamos dentro y, tras pedir la consumición, Flora, mi mujer, que me acompañaba, y dado que fue codirectora de su tesis, puso la grabadora de su móvil para que yo pudiera recordar lo que en este encuentro hablaríamos.

La charla fue abierta, tranquila, sin ningún guion prestablecido, por lo que en ella nos cruzábamos en las intervenciones, tal como suele acontecer cuando dos buenos amigos se ven y hablan con toda sinceridad de sus vidas.



Inicié el coloquio preguntándole cómo se encontraban sus hijos P. y J., por sus estudios, y, especialmente, por el momento en el que les manifestaron que eran homosexuales, así como por los sentimientos que les embargaron en el momento de hacerles esta confesión (debo apuntar que lo que escribo es un extracto de una conversación que duró cerca de una hora).

- Mis hijos me dijeron que eran homosexuales hace tres años, cuando todavía estaban cursando sus estudios universitarios. Ahora que ambos tienen 22 años, casi 23, dado que son mellizos, han acabado sus carreras y en la actualidad viven en Madrid… Inicialmente se lo expresó uno de ellos a su madre. Recuerdo que una de las frases que le dijo fue: ¿Mamá, no te avergüenzas de mí? Posteriormente, un día me indicaron que querían contarme algo. 

En medio de la confesión que me hacían, comprobé que su orientación sexual la vivían con un sentimiento de culpa, como si consideraran que fueran menos por sus tendencias sexuales… Sentí mucha pena, porque comprobé que habían sufrido mucho por esta orientación, ya que las tendencias o inclinaciones sexuales son deseos que no se pueden evitar, a menos que se deseen reprimir y ocultar a los demás, pero esto genera muchos problemas en quienes lo hacen.

Continuamos la conversación hablando de la situación en la que ahora P. y J. se encuentran tras haberles manifestado sus orientaciones sexuales. José Luis me indica que ya los ve tranquilos y relajados, al saber que “su madre y yo cerramos filas con ellos”. Incluso, me apunta, ahora se produce un mayor acercamiento, con un buen nivel de amistad de unos hijos que confían en nosotros.

Por mi parte, mientras escucho a este amigo, me pongo en la piel de quienes son padres para comprender los sentimientos que pueden surgir cuando un hijo o una hija les explican su orientación hacia el mismo sexo. Por mis investigaciones acerca de las familias, sé que esto no suele suceder con frecuencia. De todos modos, se lo pregunto a él como padre y como sexólogo, al tiempo que le añado si sus hijos han sufrido acoso en el centro en el que estudiaron.

- Como padre lo he sentido con un cierto dolor porque tenemos una sociedad poco respetuosa con quienes no pertenecen a la mayoría. Por otro lado, uno de ellos lo vivió con un importante sentimiento de culpa ante la idea o el temor de que lo pudiéramos rechazar, que dejáramos de seguir queriéndolo… Con respecto a si han sufrido acoso, te puedo decir que ellos han ido a centros públicos y no recibieron por parte de sus compañeros o por el profesorado ningún tipo de discriminación… 

Además, como padre, tengo que indicar que me siento muy orgulloso de mis hijos por cómo son: son dos chicos magníficos… Como sexólogo, quisiera apuntar que debemos de tener en cuenta que el ser humano es complejo y diverso, por lo que lo primero que sale del fondo de cada uno es lo que siente. Además, como persona, yo me pregunto que si lo que brota de cada ser humano no hace daño a los demás: ¿dónde está el conflicto? ¿Dónde está el problema?

Seguimos hablando sin pausa, al tiempo que, brevemente, se intercalan otras cuestiones relacionadas con el tema de la charla. Así, le comento el caso de Elsa Ramos (que ya conoce), la niña transexual de ocho años que vive en de Arroyo de San Serván y que valientemente intervino en el Parlamento de Extremadura. También sale a colación el impresionante y demoledor libro Sodoma. Poder y escándalo en el Vaticano del periodista francés Frédéric Martel, del que se han vendido más de medio millón de ejemplares en todo el mundo…

En medio de la charla, y puesto que sus hijos hablaron con él cuando tenían diecinueve años, me surge la duda de si no se dieron cuenta de la posible inclinación homosexual por parte de ellos. También le pregunto acerca de si considera que los padres que tienen un hijo homosexual se avergüenzan porque sienten que pierden parte de su imagen masculina ante la sociedad en la que vivimos.

- Me preguntas si habíamos notado algo en ellos que pudiera hacernos pensar en sus orientaciones sexuales, y, sinceramente, te puedo asegurar que no lo habíamos advertido, dado que en sus modos, en sus gustos, en sus expresiones para nada se diferencian de otros chicos de sus edades. Es más, uno de ellos había salido con una chica tiempo atrás… 

Con respecto a lo que en segundo lugar me indicas, te puedo decir que en mi caso no tengo ese sentimiento. No me siento menos hombre por el hecho de que mis hijos sean homosexuales. Yo los quiero igual. Quizás tenga una cierta nostalgia al saber que no vamos a ser abuelos; pero como el futuro está abierto, quizás pudiera ser por adopción… No sé.

Nos habíamos citado a las cinco y media de la tarde en la entrada del hotel. Ya son cerca de las siete y debemos acabar, dado que José Luis ha quedado en ir a casa de su madre que es muy mayor y tiene que cuidarla. Nos despedimos con un abrazo al tiempo que acordamos vernos pronto.

Una vez que estoy en casa y escucho la grabación, me doy cuenta de que me faltó una pregunta por hacerle: ¿Por qué había decidido participar en esta campaña de modo abierto mostrando su propia imagen?

Sin embargo, conociendo a José Luis creo que era innecesario hacérsela: su honestidad, su coraje y su sinceridad han dado lugar a que haya saltado por encima de los miedos y prejuicios que nos suelen atenazar. En su caso, nos ha dado una lección admirable al hacernos ver que, para los padres, el amor hacia los hijos debe estar por encima de los miedos, de los prejuicios y del qué dirán en una sociedad en la que el rechazo hacia quienes sienten de modo distinto, lamentablemente, está muy presente.

AURELIANO SÁINZ

domingo, 26 de enero de 2020

  • 26.1.20
“¡Hay que ver cómo cambian los tiempos!” Esta frase tan socorrida viene desde épocas inmemoriales, puesto que es una obviedad que la sociedad se transforma de manera constante, que no se mantiene tal como cada cual la conoció en su juventud y, de algún modo, a los más mayores, que son los que más suelen utilizar esta expresión, les gustaría no encontrarse desplazados por las nuevas costumbres que implacablemente se imponen.



Efectivamente, cambian los tiempos y cambiamos las personas, más aún ahora en los que la digitalización arrasa llevándose para siempre gran parte del mundo analógico en el que muchos nos hemos formado. Hay pues que adaptarse al que se ha generado a partir de la reciente revolución digital, dado que si no lo hacemos quedaríamos situados, en gran medida, en los márgenes de la convivencia.

La adaptación es tan generalizada que hasta los clásicos timos se han puesto a la orden del día, de modo que aquellos tan ‘artesanales’ que conocimos los que tenemos bastantes años, fuera de manera directa o a través de algunas películas que nos hacían reír por la caradura que desplegaban los timadores y la ingenuidad de los timados que, en el fondo, nos movían a lástima, se han reciclado hacia nuevas modalidades.

Recordemos que varias décadas atrás en nuestro país había timos típicamente españoles, caso del timo de la estampita o el del tocomocho. El primero de los citados lo pudimos ver en la pantalla en la película Los tramposos (cinta de 1959 de la que más abajo muestro un fotograma). En ella que aparecían Tony Leblanc, José Luis López Vázquez, Antonio Ozores y Concha Velasco. Grandes actores al servicio, entonces, de una cinta que hoy nos hace sonreír o sonrojar, depende de cómo la miremos, al ver tanta ingenuidad en una sociedad con muy escasas expectativas como era la del pleno franquismo.

Otro de los timos clásicos era el del tocomocho, que se producía (o se produce, pues aunque parezca mentira se resiste a desaparecer) en la calle a plena luz del día, aunque en sitios pocos concurridos. En esta estafa a la víctima se le aborda haciéndole creer que el billete de la lotería premiado que porta quien ha contactado con ella no lo puede cobrar por alguna causa que ha surgido de forma imprevista.

El estafador le ofrece la venta del boleto por menos dinero del que supuestamente le corresponde al premio. Para reforzar la credibilidad, aparece el ayudante o el ‘gancho’ del embaucador afirmando que es cierto lo que le indican, al tiempo que le muestra un listado de números premiados de un periódico, que, lógicamente, es falso. Cuando la incauta víctima va a cobrar el boleto se dará cuenta que ha sido engañada como a un idiota, por lo que ni siquiera se acerca a alguna comisaría a denunciar el hecho por miedo al ridículo.



Otro timo muy popular es el de los trileros, que en nuestro país lo podíamos ver con relativa frecuencia, aunque también se ha practicado fuera de nuestras fronteras. Su uso se alarga siglos hacia atrás, por lo que me ha parecido oportuno presentar como ilustración de este escrito el lienzo titulado El prestidigitador y el ratero, salido del taller de El Bosco. En este caso, y a diferencia de la versión que nosotros hemos conocido, el raterillo que acompañaba al trilero se las apañaba para sacarle unas monedas al personaje que contemplaba asombrado la bola mostrada por el trilero que hábilmente la manejaba para engañar a los embobados espectadores.

¿Y a cuento de qué traigo ahora estas estafas que en la actualidad parecen destinadas a embaucar a ciertos jubilados y a viejecitas incautas? Sencillamente, porque como apuntaba al comienzo, los timos no han desaparecido, sino que se han adaptado a los nuevos tiempos que vivimos, por lo que ahora todos somos todos potenciales víctimas.

Estos tiempos digitales han traído, entre otras cosas, el que nuestros datos personales y también bancarios se encuentren, en gran medida, fuera de nuestro control, por lo que pueden llegar a manos indeseadas y nos veamos como posibles víctimas de los nuevos timos que en la actualidad funcionan. Pongo, pues, dos ejemplos personales recientes.

Hace poco recibí una llamada al móvil. Aunque soy un poco reacio a coger aquellas llamadas de números que no tengo anotados en la agenda del teléfono, ya que nos suelen inundar de ofertas publicitarias, finalmente lo hago.

“¿Es casa del señor Aurelio Sáinz…?”, escucho nada más preguntar. “¿De parte de quién?”, respondo con la mosca tras la oreja, pues mi nombre es Aureliano.

“Somos de la compañía de electricidad ‘fulanita’ y necesitaría que me abriera la puerta del bloque en el que usted reside para acceder al contador para tomar los datos…”. Me quedo un poco pensativo, y le respondo: “Vamos a ver, yo no he realizado ningún contrato con esa compañía, pues desde hace bastantes años lo mantengo con la compañía ‘menganita’ y no tengo intenciones de modificar mi contrato…”.

La voz femenina con la que hablo insiste en que ella tiene constancia de que en la compañía ‘fulanita’ se encuentran mis datos como cliente. “Lo siento, señorita”, le indico con un tono de mosqueo, “además yo no me llamo Aurelio, como dice, sino que mi nombre es Aureliano, que, aunque parezcan iguales, resultan distintos”. Poco a poco, comienza la retirada de la voz femenina al darse cuenta de que no soy precisamente un iluso al que se le puede embaucar fácilmente.

Otra forma, más grave, es aquella que busca obtener tus datos bancarios enviándote un correo electrónico apremiándote, con el mensaje encabezado con el siguiente aviso: “Alerta para su seguridad hemos desactivado su cuenta”.

Inmediatamente llega el mensaje escrito: “Apartir del 09/09/2019 No puedes utilizar su cuenta. Tienes que activar la nueva sistema de seguridad web. / Una vez que actualice la información de su cuenta, su cuenta comenzará a funcionar normalmente una vez más. / El proceso completo tomará solo 5 minutos. Debería tomar medidas ahora para solucionar el problema lo antes posible. / La nueva sistema garantizará la mejor seguridad en sus operaciones”.

Lo curioso es que el mensaje viene con faltas gramaticales, tales como ‘Apartir’ (todo junto); ‘la nueva sistema’ (mezcla el masculino y el femenino); al tiempo que por un lado te tutea (cuando dice: ‘No puedes…’), para pasar al tratamiento de usted (cuando aparece escrito: ‘Una vez que actualice…’). Y todo ello enviado desde un correo electrónico totalmente increíble.

Me imagino que algún incauto o despistado picará en este fraude digital y entregue sus datos personales y bancarios creyendo en ese apremio de su banco, pues, tal como apuntaba al principio, los timos se adaptan a los nuevos tiempos, por lo que en la actualidad no nos queda más remedio que espabilarnos pues corremos el riesgo de convertirnos todos en víctimas de los nuevos tocomochos digitales.

AURELIANO SÁINZ

domingo, 19 de enero de 2020

  • 19.1.20
Resulta bastante sorprendente que el segundo Premio Pritzker de Arquitectura que recae en nuestro país prácticamente hubiera pasado desapercibido para la mayoría de los medios de comunicación y que, excepto en el ámbito profesional de la construcción, casi nadie sepa que el equipo formado por Rafael Vilalta, Carme Pigem y Rafael Aranda lo recibiera en el año 2017.



En más de una ocasión, en esta serie dedicada a la arquitectura contemporánea, he manifestado que es un premio internacional que se concede anualmente y que fue creado en 1979 por el estadounidense Jay A. Pritzker. Sería algo así como el equivalente al Nobel en esta disciplina. En la lista de los premiados se encuentra Rafael Moneo, que lo recibió en 1996, y veintiún años después se le adjudicaría al estudio RCR Arquitectes de Olot (Girona).

Lo más sorprendente de esta concesión es que sus miembros, tal como he apuntado, no tienen su centro de trabajo en una de las grandes ciudades españolas, como cabría esperar, sino en una localidad gerundense de algo más de 35.000 habitantes. Y es que sus tres componentes volvieron, tras terminar la carrera, a su lugar de origen, para desde allí comenzar a abrirse camino en el trabajo de proyectos de edificación.

El equipo que forman Vilalta, Pigem y Aranda empezó a darse a conocer cuando en 1988, hace treinta y dos años, ganando el concurso para construir un faro en Gran Canaria, con una sorprendente propuesta de edificación horizontal, cuando tradicionalmente los faros son construcciones verticales. El impacto de este singular diseño dio lugar a que el proyecto fuera dado a conocer más allá de nuestras fronteras, caso de París o de Japón.

Lógicamente, el haber recibido el Premio Pritzker dio lugar a que recibieran encargos de ámbito privado de países como Taiwán, una de cuyas universidades les ha pedido el proyecto de un centro para sus estudiantes, en el que se incluye tanto la actividad social del campus como las de tipo deportivo.

Los encargos de entidades públicas, con las que han realizado varias obras, necesitan participar en los concursos que hayan sido convocados por esas entidades, como apuntaba Carme Pigem en una reciente entrevista,.

La filosofía que preside la obra de RCR tiene una estrecha relación con el entorno que la rodea, con especial énfasis en los valores que nacen de la propia naturaleza. “Nos interesa todo. Puedes aprender de todo. Cuando estás en el bosque y desde ahí ves un campo o un espacio abierto, te está dando una experiencia espacial que quizás es la que quieres hacer con la arquitectura.

Preparar espacios y vivencias que hagan de esta experiencia algo único. De la riqueza y emoción que se siente en la naturaleza se pueden destilar conceptos para aplicarlos en los espacios que creas”, apuntaba la componente femenina de este equipo de tres miembros.

Puesto que sus proyectos los trabajan con sumo cuidado, me ha parecido razonable mostrar tres de ellos para acercarnos a la obra de este equipo.





Las dos panorámicas fotográficas que hemos visto se corresponden con el exterior y el interior de la guardería El Petit Compte que proyectaron en el pequeño municipio de Besalú (Girona). Así, cerca de las construcciones medievales que predominan en la localidad y con la naturaleza de fondo, crearon un largo paralelepípedo con los colores del arco iris en su exterior y que continúan en el patio interior. Lógicamente, esta obra cargada de vivo cromatismo es un homenaje al mundo de los más pequeños, ya que el juego, la alegría y la vitalidad forman parte de sus mundos.



Otra de las obras relevantes de RCR es el museo Soulages, ubicado en la localidad de Rodez, que el pintor francés Pierre Soulages financió al convocarlo como concurso y en el que se expondría una parte significativa de sus obras. La propuesta que ganó fue la presentada por el equipo de Olot.

En ella enfocan la obra como si el edificio estuviera configurado por cinco paralelepípedos que a modo de cajas se insertan en la falla del terreno alojando cada una de ellas los distintos elementos de la colección. Todos estos volúmenes se cubren con planchas de acero corten, con una precisión tan medida entre ellas que fue necesario que una empresa de Olot se encargara de realizarlas, ante la imposibilidad de que lo hiciera una empresa francesa.



En el barrio de Sant Antoni, barrio tradicional del Eixample de Barcelona, se encuentra la biblioteca municipal que lleva la denominación de Biblioteca Sant Antoni-Joan Oliver. Proyectada por RCR Arquitects y abierta al público en el año 2007, aparece encajonada entre dos edificios de la calle del Conde Borrel.

Lo primero que llama la atención es su fachada en láminas metálicas verticales de color negro que se abren para dar entrada a la luz, al tiempo que la parte central es acristalada. Como suele acontecer en los edificios de los barrios tradicionales de la ciudad condal, cuenta con una manzana interior transformada en espacio público, con jardín para los niños y hogar de los jubilados, lo que genera una cohesión social entre colectivos de distintas edades.

AURELIANO SÁINZ

domingo, 12 de enero de 2020

  • 12.1.20
A lo largo de los artículos que he tratado en esta serie aparecieron unos cuantos que estaban centrados de manera específica en algunos de los más significativos diseñadores que han trabajado para las carátulas de los álbumes. En esta ocasión voy a presentar un nuevo y singular nombre: el estadounidense Benjamin A. Vierling, muy poco conocido en nuestro país dado que sus trabajos se han centrado en una línea muy ligada a sus pinturas de corte místico y esotérico.



Previamente, quisiera recordar quiénes han pasado con anterioridad, indicando entre paréntesis en qué número de la sección en la que vieron la luz. Entre ellos se encuentran: Andy Warhol (12), Rick Griffin (14), M. C. Escher (15), Roger Dean (16), Storm Thorgerson (21) y Peter Saville (24).

Sobre Benjamin A. Vierling, tengo que indicar que es un pintor e ilustrador de 45 años, nacido en San Francisco en 1974. Su formación artística la lleva a cabo tanto en Estados Unidos como en Europa. Las imágenes de sus trabajos están ligadas a un misticismo arcano, por lo que utiliza en sus pinturas una técnica que se empleaba en el siglo XV: la mezcla de témpera de huevo y pigmentos de aceite.

Desde el punto de vista estético, su arte es el resultado de unificar imágenes dispares, de modo que las acaba integrando en trabajos de carácter simbólico en los que aúna arquetipos de corte religioso, mitológico o esotérico con temáticas o composiciones contemporáneas.

El resultado, a mi modo de ver, es bastante polémico, aunque reconozco el impacto que provoca en ciertos sectores que le gustan estas mezclas poco rigurosas. No obstante, tengo que reconocer que la meticulosidad y el preciosismo de sus obras nos remiten a un artista que bebe técnicamente del mayor de los realismos y conceptualmente del surrealismo.

Como ejemplo de lo que he indicado podemos apreciarlo en la portada, que no corresponde al diseño de ninguna carátula de disco, sino que es un cuadro de Vierling en el que aúna muchas de las características descritas.

Y ahora para que conozcamos a este sorprendente pintor y diseñador gráfico he seleccionado seis portadas de discos que las presento por orden cronológico de aparición en el mercado.



En el año 2006 apareció en el mercado estadounidense (también en nuestro país) un singular disco, Ys, firmado por Joanna Newson, compositora e intérprete nacida el 18 de junio de 1982 en Nevada City, California. Cantante, pianista, arpista y clavecinista, nos sorprendía con un brillante trabajo que tuvo una muy buena acogida. El diseño de Vierling para la portada nos la muestra sentada, en plano tres cuartos, con mirada oblicua hacia el espectador y, entre los muchos elementos que la rodeaban, con una hoz en su mano izquierda. Todo ello con algunas reminiscencias medievales, que unidas a cierto lirismo surrealista, nos adentraba en una obra verdaderamente brillante.



Damos un salto de cinco años con el fin de presentar la portada que Vierling diseñó, en 2011, para la banda canadiense Weapon, formada en el 2003 en la ciudad de Calgary, Alberta. Para comprender la estética que el diseñador adopta en este caso, hemos de tener en cuenta que la banda se inscribe en lo que se denomina ‘black death metal’, por lo que las referencias visuales a las fuerzas demoníacas se muestran en una composición abiertamente simétrica en las formas. Demonio y ángeles; cielo e infierno; cristianismo e hinduismo; el bien y el mal… todo unido en una especie de ‘melting pot’ muy del gusto de un tiempo en el que se entremezclan todos los símbolos y arcanos de las distintas culturas.



Una vez que Vierling penetra con sus diseños en el mundo musical del ‘black metal’, parece que los grupos adscritos a esta línea recurren ávidamente a él para que les realice las portadas de sus discos. Es lo que le sucede a la banda californiana Avichi. Una vez que el grupo había grabado el álbum The Devil´s Fractal, acude al diseñador para que les realice la portada. El disco aparece, al igual que el de Weapon, también en el 2011 y, como podemos apreciar, Vierling vuelve a un diseño de alta simetría donde las formas geométricas concéntricas tienen un fuerte protagonismo en la composición.



Parece que Satanás y las fuerzas demoníacas son los grandes arquetipos o fuerzas del submundo a los que acuden de modo habitual las bandas estadounidenses del ‘black metal’. Es lo que sucede con los miembros de Deiphago, que con su álbum Satan Alpha Omega, aparecido un año después, en 2012, quieren rendir tributo a una especie de ‘mesías’ caprino, que, envuelto en un círculo y con las referencias de los cuatro apóstoles en las esquinas, nos muestra un libro sagrado ardiendo. Los iconos que mezcla Vierling nos remiten de manera constante a la idea de la muerte, de lo oscuro, de un mundo guiado por fuerzas del mal como imán de atracción. El principio (Alpha) y el fin (Omega) como origen y final de un mundo conducido por un caótico poder maligno.



También en el año 2012, Vierling diseña otra portada para el grupo estadounidense Christian Mistress (Amante cristiano) dentro de esta línea, tan personal y tan atrayente, para las bandas de ‘black metal’. Así, en la portada de Possesion se aleja de las imágenes demoníacas que acabamos de ver para acercarse a una composición de corte surrealista, en la que una mano, que evoca a la de ciertos iconos de Jesús, se extiende hacia abajo, rodeada por un cuadrado inclinado con cuatro letras de ‘m’, al tiempo que sale una llama hacia la tierra esférica, que se encuentra en la parte superior. No obstante, el fondo negro de la composición no deja de ser una evocación a las partes más oscuras de la mente humana.



Cierro este recorrido de seis portadas de Vierling con la presentación de un grupo europeo, Aosoth, formado en París, y que acudió al diseñador estadounidense cuando en 2017 sacó a la luz su disco The Inside Scriptures. En este caso, Vierling se decanta por tonalidades claras, alejándose del cromatismo anterior, puesto que ahora nos presenta una especie de ángel-virgen rubia asaetada, evocando connotativamente la iconografía de San Sebastián, quien atado y semidesnudo se le suele mostrar cubierto de flechas. Aquí, dos ángeles cadavéricos acarician el cuello de la figura protagonista, mientras que a sus pies se despliega un conjunto de serpientes, y todo ello enmarcado en un grupo escultórico formado por dos cariátides masculinas.

AURELIANO SÁINZ

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