:::: MENU ::::


DIPUTACIÓN DE CÓRDOBA

CLÍNICA PAREJO Y CAÑERO - ÚNICO HOSPITAL DE DÍA DEL CENTRO DE ANDALUCÍA

Mostrando entradas con la etiqueta Negro sobre blanco [Aureliano Sáinz]. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Negro sobre blanco [Aureliano Sáinz]. Mostrar todas las entradas

domingo, 26 de septiembre de 2021

  • 26.9.21
Hace ya algún tiempo, y en este mismo medio, publiqué un artículo que llevaba por título el de Trampantojos, explicando su significado y mostrando algunos ejemplos magníficos que es posible contemplar en distintas ciudades europeas, pues, en ocasiones, el arte pictórico no solo se encuentra en los renombrados museos, sino que podemos encontrarlo en plena calle, cuando hallamos estos murales expuestos al aire libre en grandes paredes.


En aquel texto indicaba que si acudíamos al Diccionario de la Real Academia de la Lengua veíamos que un “trampantojo” es una “trampa o ilusión con que se engaña a uno haciéndole ver lo que no es”. A partir de esta definición, podríamos deducir que sería una palabra compuesta de “trampa” y de “ojo” o, lo que es lo mismo, un equívoco visual.

También decía que en el lenguaje común no solemos emplear este término, ya que su uso más habitual se produce en el campo del arte y de la arquitectura. Por otro lado, hice referencia a los dibujos del holandés M. C. Escher, ya que en su producción encontramos numerosas creaciones con las que confunde al espectador, ya que son escenas que no pueden existir en la realidad tridimensional; solamente es posible contemplar esos espacios insólitos que Escher imaginó en una superficie de dos dimensiones.

Pero en la actualidad no hay que remitirse a pintores consagrados o pasear por aquellas reconocidas ciudades en las que hay trampantojos para la admiración de los visitantes; ahora es posible verlos en pequeñas poblaciones como es el caso del pueblecito de Romangordo que se encuentra cerca de Trujillo y Navalmoral de la Mata, en la provincia de Cáceres.

Merece la pena, si se está por esta provincia, acercarse a Romangordo y admirar lo que la imaginación ha sido capaz de llevar adelante en un entorno de lo que ahora llamamos "la España vaciada". La sorpresa acude pronto cuando paramos el coche, nos bajamos y comenzamos a contemplar las paredes pintadas con magníficos murales. Dada la cantidad que hay en el pueblo, haremos dos entregas: esta primera dedicada a los realizados en paredes y, la segunda, a aquellos plasmados en las puertas.

Algunas preguntas que le surgen al visitante es la de a quién se le ocurrió promocionar esta singular idea; también con quiénes contaron para ejecutarlos y cuánto pudieron costar los más de cincuenta trabajos realizados en este rincón de Extremadura de apenas 300 habitantes.


Las respuestas nos las proporcionó en su momento Charo Cordero, quien fuera alcaldesa del pueblo entre 2003 y la fecha de su fallecimiento en el año pasado. En su memoria se realizó el mural que encontramos en la entrada del pueblo, ya que se la muestra representada dentro de una composición muy evocadora, en la que aparece dando libertad a un pájaro de papel en el que pueden leerse las siguientes palabras: “Valientes, Iguales, Libres”, que son la síntesis de los valores que defendió para las mujeres a lo largo de su vida.


Según la promotora de esta magnífica iniciativa, todo ello comenzó con propuestas puntuales, pero debido a la favorable aceptación que tuvo en el vecindario y la repercusión entre la gente que se acercaba a visitar el pueblo o sus entornos, se continuó con la experiencia, de modo que en todo el municipio, sean paredes, medianeras o puertas, acabaron pintándose escenas ligadas a temas y tradiciones locales.


Si uno contempla detenidamente los trampantojos, comprueba la imaginación y la calidad de estos murales al aire libre, por lo que se entiende que no pudieron ser realizados por simples aficionados, sino que debió ser gente con una sólida preparación en el campo de la pintura.

En efecto, sus principales creadores fueron, por entonces, estudiantes de Bellas Artes en Madrid: Jesús Mateos Brea, Jonathan Carranza y David Bravo “Chefo”. Conviene apuntar que los tres forman en la actualidad el colectivo Muro Crítico y que proceden de localidades cacereñas: Plasencia, Madrigalejo y Moraleja, respectivamente.


El que los autores procedan de localidades cercanas a Romangordo resultó ser un factor favorable para llevar adelante esta enorme tarea, no solo desde el punto de vista económico, puesto que los gastos se reducen por la proximidad, sino también por la afinidad que pueden encontrar en un trabajo con el que sienten una clara adhesión. Por otro lado, según la alcaldesa, el gasto solo ascendió a veinte mil euros, provenientes de los fondos de ayuda que recibe el pueblo para pequeñas actuaciones municipales.


El número de paredes y puertas pintadas en este pequeño pueblo extremeño, tal como he indicado, supera la cifra de cincuenta repartidas por la localidad, aunque paso a paso van aumentando, puesto que no es una historia acabada, sino una especie de relato visual que continua y que se nos muestra cuando lo visitamos.

Por otro lado, los temas que el colectivo Muro Crítico ha abordado, de acuerdo con la Corporación municipal, están ligados a la memoria viva de los vecinos, de modo que algunos casos son personas reales quienes se ven representadas en estos trabajos, por lo que la identificación con esas imágenes podemos decir que es casi total.


Uno de los aspectos esenciales de los trampantojos, sea en ámbitos urbanos o rurales, es que las escenas que se plasman deben de estar claramente integradas en las características constructivas del edificio o la casa en los que se realizan. No tiene sentido pintar un mural en el que los colores, las texturas, los materiales o los contenidos creados supongan un claro contraste con el resto de la construcción.

Esto puede apreciarse en los tres que acabamos de ver: en el primero de ellos se simula a unos niños y a un gato bajando una escalinata; en el del centro aparece una mujer toda sonriente y con un mandil blanco que porta en su cabeza y sostiene con ambas manos unos cubos de hojalata cargados de agua y ropa; y, en el tercero, a una pareja de emigrantes que, a su pesar, abandonan el pueblo.


No pueden faltar aquellas palabras que son características de la localidad o de su entorno, dado que son señas de identidad que se han transmitido de generación en generación. Es por ello que, en una pared totalmente blanca, y que hace esquina redondeada, se ha escrito una larga lista de ellas para que no se las olviden en el mundo acelerado en el que ahora vivimos.


De igual modo, se homenajea también a la antigua escuela, de forma que una se muestra en la medianera de una casa, como si la escena fuera una ampliación de aquellas viejas fotografías reproducidas en tono sepia. Así, se ve de pie al viejo maestro y a sus pupilos sentados en los duros pupitres en la ardua tarea de adquirir los primeros aprendizajes que les servirán como herramientas con las que caminar por la vida.


Enlazando con el mundo de los aprendizajes, muy imaginativo resulta ser el mural de la pared baja que rodea una las viviendas de la localidad, de modo que se logra transformarla en una especie de anaquel en el que aparecen, a gran tamaño, distintos libros, junto con otros instrumentos escolares como son una regla y un cartabón, ambos de madera.


Viene bien que cerremos este primer recorrido por los trampantojos de Romangordo con una escena emotiva. Es la que amablemente nos proporcionó el Ayuntamiento de la localidad, en la que vemos a un grupo de alegres escolares con su maestro, que, orgullosos, posan delante de un mural que se ha pintado en una de las paredes del colegio. En él se muestra a un grupo de soldados británicos que enmarcan el lema “205 años de historia. XIII Ruta de los Ingleses”, hecho, que a buen seguro, forma parte de la memoria colectiva del pueblo.

AURELIANO SÁINZ
FOTOGRAFÍAS: AYUNTAMIENTO DE ROMANGORDO

domingo, 12 de septiembre de 2021

  • 12.9.21
Parece mentira que existan canciones que casi todos las conocemos porque nos han acompañado a lo largo de nuestras vidas y que ya hayan cumplido, nada más y nada menos, que cincuenta años. Son temas que se encuentran dentro de magníficos álbumes que vieron la luz en el año 1971, pero podríamos decir que se han hecho casi inmortales, pues cuando los volvemos a escuchar los recibimos con toda la frescura que cuando se editaron.


¿Quién no conoce, por ejemplo, Mediterráneo, la espléndida canción de Joan Manuel Serrat que se encuentra en un disco verdaderamente mítico y que ha cumplido cinco décadas? ¿Quién no se ha emocionado con Imagine de John Lennon, ese canto a la paz y de esperanza de conocer un mundo muy distinto al que ahora nos encontramos, y que muchos nos empeñamos en que no sea una mera utopía, sino una realidad palpable que alguna generación finalmente pueda conocer?

He citado dos canciones, pero podrían ser bastantes más las que pueden ser recordadas por haber alcanzado esa cifra temporal tan contundente, al implicar medio siglo de existencia. No obstante, con intención de brevedad, me voy a limitar a comentar solo cinco álbumes que nacieron en ese año y que, no solamente son magníficos trabajos, sino que cada uno de ellos contiene al menos una canción que ha traspasado las líneas del tiempo.

Estos discos son: Mediterráneo (Joan Manuel Serrat), Imagine (John Lennon), Tapestry (Carole King), Aqualung (Jethro Tull) y Led Zeppelin IV (Led Zeppelin). Tal como he indicado, no me extenderé en los comentarios de los tres solistas y de los dos grupos que he seleccionado, porque, básicamente, se trata de homenajear a quienes nos dejaron esas pequeñas maravillas que hoy podemos escuchar directamente por algunos de los medios digitales.


Como no podía ser de otro modo, este breve recorrido lo comenzamos por Mediterráneo, el disco que Serrat publicó cuando contaba 27 años. Ya en su propia portada, lo vemos en una fotografía de plano medio que se superponía a una imagen marítima con un sol del atardecer, como homenaje a ese mar que tanto amaba y que desde su infancia, ya que nació en el Poble-sec de Barcelona, pudo contemplar y disfrutar.

Muy pronto, el disco tuvo una enorme acogida, ya que allí se encontraba la canción que daba título al álbum, con otras también cantadas en castellano, puesto que el bilingüismo ha sido siempre una seña de identidad de Joan Manuel Serrat. Así, a Mediterráneo le acompañaban La mujer que yo quiero, Qué va a ser de ti o Tío Alberto, por citar algunas de las más conocidas del álbum.


En el año anterior al que ahora comentamos, es decir, en 1970, se cerraba la trayectoria del mítico grupo de los Beatles con el inolvidable elepé Let it be. La falta de entendimiento entre Paul McCartney y John Lennon hacía imposible la continuidad del cuarteto, por lo que cada cual de los cuatro miembros siguió su propio camino, con discos más que notables, pero sin alcanzar la brillantez de cuando estaban juntos.

Bien es cierto que, antes de la separación, Lennon había grabado discos con su pareja Yoko Ono. Sin embargo, ya en solitario, en 1971, lanza su segundo disco de estudio, Imagine, quizás el más notable, o, al menos, el más conocido de su trayectoria en solitario. La letra de la canción, tal como he indicado, es un canto a la paz y a la esperanza de encontrar un mundo sin guerras. Una verdadera utopía.


También en el año que comentamos vio la luz un disco espléndido que lanzaba por entonces la cantante y compositora neoyorquina Carole King. Se trataba de Tapestry (Tapiz), que con el paso del tiempo logró vender 13 millones de copias. Como reflejo de las canciones que allí aparecían, vemos que en la portada del elepé se encuentra la propia autora en un relajado ambiente doméstico, sentada, vistiendo pantalones vaqueros, con labor de aguja en las manos y, delante de ella, su gato mirando también al espectador. En el disco se encontraban temas inolvidables como So Far Away, It´s too Late y la inolvidable You´ve got a Friend (Tienes un amigo) que fue también popularizada por James Taylor.


Cuando uno siente pasión por algún grupo, como me sucedía a mí con Jethro Tull, le resulta difícil elegir alguno de sus trabajos, por lo que tiene que guiarse por el éxito alcanzado para destacar alguno de ellos. Así, de forma casi unánime para la crítica, Aqualung fue considerado la cumbre del grupo británico liderado por Ian Anderson.

Era el cuarto disco de estudio de la banda, que había iniciado su andadura discográfica con su inolvidable This Was en 1968. Dada la capacidad creativa de Jethro Tull, su trayectoria sonora llega nada menos que hasta 2020, con Stormwatch 2. Sin embargo, Aqualung, ese disco que en la portada nos presentaban pintado a un huraño mendigo, que está ocultando con su mano izquierda algo dentro de su harapiento abrigo, ha pasado a la historia como uno de los grandes trabajos de la música popular.


Cerramos este breve recorrido citando al cuarto álbum de Led Zeppelin, la inolvidable banda capitaneada por Jimmy Page y Robert Plant. Curiosamente, desde el punto de vista del diseño, tiene ciertas semejanzas gráficas con el disco Aqualung, ya que en la portada del elepé se nos muestra una pared raída de la que cuelga un envejecido cuadro y en el que aparece un desaliñado anciano portando una carga de leña. No había ninguna otra señal, ni referencia al nombre del grupo; sin embargo, todo el mundo ya sabía de qué grupo era el disco que contenía joyas como el largo tema Stairway to Heaven (Escalera al cielo) o The Battle of Evermore.

AURELIANO SÁINZ

domingo, 5 de septiembre de 2021

  • 5.9.21
Seguir la evolución de los trabajos que realizan algunos niños es una de las tareas que siempre he llevado a cabo, pues la singular creatividad que tempranamente se despierta en algunos de ellos es motivo de alegría –o de cierta decepción– dependiendo del apoyo que reciban por parte de sus padres o del centro en el que estudian.


Es lo que sucede con un caso muy especial del que no hace mucho publiqué en este mismo medio un artículo titulado Almudena, una niña con TEA, es decir, una niña que sufre el denominado Trastorno del Espectro Autista. Vuelvo de nuevo a hablar de ella dados los avances que se producen en su evolución en el campo del dibujo y de la pintura.

Tengo que apuntar que Almudena en la actualidad tiene doce años, que cuenta con un magnífico padre con el que charlo de modo habitual sobre ella cuando nos vemos en su lugar de trabajo, y con una admirable madre, que fue alumna mía en la Facultad en la que desarrollo la docencia, ya que desde hace algunos años tiene el grado de maestra en Educación Infantil.

Los datos anteriores son importantes, ya que sus propios padres, su familia y el centro en el que la niña estudia han sido fundamentales para que se sienta entusiasmada con su mundo artístico en el que encuentra cauces de salida a sus capacidades creativas. Y es que, en la actualidad, entre otros tipos de actividades, está embarcada en la interpretación que ella hace de las obras de grandes pintores del siglo veinte e, incluso, de etapas anteriores.

Pero antes de mostrar algunos de sus trabajos y compararlos con los originales, debo decir que Almudena, dada la inteligencia visual que tiene, tal como acontece con otros niños autistas, antes de ponerse a pintar solo ha visto durante un momento una lámina del cuadro que desea reproducir a su modo. Esto es algo sorprendente, pues cualquier otra persona estaría mirando de manera continua para seguir la composición que desea reinterpretar.


De este modo, si observamos el dibujo suyo que he utilizado como portada del artículo, comprobamos que es una interpretación que ella misma hace del cuadro titulado La persistencia de la memoria de Salvador Dalí. Si nos fijamos despacio, en el cuadro de Dalí no aparecen ni el sol ni los dos animalitos que ella ha incorporado, pues le resulta extraño que en un lienzo no haya seres con vida, sean personas o esos pequeños animales que tanto le gusta mostrar en sus trabajos.


Si hay un pintor que especialmente le apasiona ese es Pablo Picasso, uno de los grandes genios del arte del siglo pasado. En esta ocasión mostraré un par de interpretaciones que ha realizado Almudena, comenzado por la que lleva el título de Dos mujeres leyendo que el pintor malagueño realizó en 1934.

Lo sorprendente de la niña es que ha sabido captar las complicadas posiciones de los cuatro brazos y manos de los dos personajes; cuestión que para cualquiera de nosotros nos resultaría difícil si no nos detenemos un tiempo para ser capaces de distinguirlas dentro de la estética ‘cubista’, que fue uno de los estilos pictóricos del genio español.


La segunda de sus interpretaciones recientes de las obras de Picasso es aquella que hace referencia al lienzo denominado Tres músicos de 1921. Como podemos observar en la obra original, las figuras creadas por el pintor malagueño apenas aparecen insinuadas, dado que con la estética cubista quedan transformadas de tal manera que parecen partes de láminas recortadas y ensambladas en una especie de collage.

Sin embargo, esto no es problema para Almudena, quien, tras una mirada, se atreve a elaborar una obra en la que cada figura, sea humana o animal, adquiere una identidad que en la original queda bastante diluida.


Mayor identidad tienen las figuras del pintor francés Henri Matisse, pues la búsqueda de este artista estaba centrada principalmente en la exaltación del color, tal como podemos apreciar en Pecera con gato, obra de pura emoción cromática, pues Matisse no le daba importancia a que el tema fuera algo tan sencillo como el tratado.

Por su parte, la interpretación que hace Almudena responde a esa alegría vitalista que ofrecen los colores puros y primarios –rojo, amarillo, azul– junto con algunos secundarios, caso del verde y el naranja, que con tanta frecuencia aparecen en los lienzos del pintor galo.


La vida del pintor austríaco Gustav Klimt osciló entre finales del siglo XIX y principios del XX, ya que nació en 1862 y falleció en la capital, Viena, en 1918. Es el creador que mejor simboliza el arte pictórico de Austria.

Por otro lado, si hubiera que citar una de sus obras, sin lugar a duda, sería El beso la más representativa. Este cuadro, universalmente conocido, lo reinterpreta Almudena a su forma, ya que los dos personajes enamorados que unen sus rostros con una fuerte carga de romanticismo, la niña lo interpreta como si fuera un único semblante.


Cerramos este recorrido por la pintura que ahora le apasiona a Almudena con otra obra que también tiene un reconocimiento internacional. Me refiero a La joven de la perla, que entre 1665 y 1667 realizó el pintor holandés Johannes Vermeer.

La libertad creativa de Almudena da lugar a que no sea el título del cuadro lo que le llama la atención, pues la perla la transforma en un pendiente colgante rojo que bien respondería al gusto femenino actual. Lo que sí tiene importancia para ella es el turbante azul con el que se cubre la joven pintada por Vermeer, al tiempo que la niña destaca las pestañas, muy en la línea de la estética de la mujer de hoy en día.

AURELIANO SÁINZ

domingo, 29 de agosto de 2021

  • 29.8.21
“¡Ay de los vencidos!” es una frase de procedencia romana (aunque en latín es ¡Vae victis!) que, de modo breve, anuncia el horror que van a sufrir quienes fueron derrotados en la guerra desatada. Pero no solo van a padecer este tormento quienes combatieron en los frentes, sino que también lo sufrirá gente no combatiente como sus familias y aquellos inocentes, caso de los niños, que en el fondo no entendían las razones de esa contienda.


Es lo que en estos días estamos contemplando casi en directo cuando los talibanes han tomado Kabul, la capital de Afganistán, y han declarado que implantarán la Sharía, o ley islámica, que para nada supone un respeto a los Derechos Humanos aprobados en 1948 por todos los países que forman parte de las Naciones Unidas.

No voy a describir la tragedia que supone esta ley especialmente para las mujeres, que las condena a una semiesclavitud desde que son niñas, puesto que se les niegan los derechos básicos de todo ser humano.

Y puesto que estamos en un mundo globalizado, en el que las noticias en forma de imágenes nos llegan con toda prontitud, comprobamos los deseos desesperados de una parte de la población que busca ser evacuada de su país porque es consciente de la situación que les espera bajo el régimen de los talibanes.

Esta es una tragedia que se repite casi constantemente: la huida de la población civil hacia otras partes del país o fuera de las fronteras para evitar ser víctimas de la guerra, porque ya no hay campos de batalla separados: también los pueblos y ciudades son escenarios de combates y bombardeos.

No hace mucho, esto mismo lo comprobamos en Siria, un país cercano a Afganistán, con la secuela de una parte de la población que huía de las matanzas que se producían por los bombardeos de sus ciudades. Era la odisea de los refugiados que buscaban ayuda en otros países. También esto fue lo que aconteció en la larga Guerra Civil española, cuando ya el Gobierno republicano apenas podía mantenerse ante el avance de las fuerzas comandadas por Franco.

Entonces no había cámaras que pudieran filmar el dolor de las familias al tener que desprenderse de sus hijos menores para que fueran evacuados, por distintos medios, y pudieran ser acogidos en las denominadas "colonias infantiles" que se habían creado en algunas zonas republicanas en las que todavía no habían penetrado las fuerzas que se habían alzado contra el Gobierno de la República o aquellas otras que se encontraban en el sur de Francia.

Pero los niños tienen memoria, guardan esos intensos recuerdos que archivan en sus mentes sobre las penalidades que contemplaron y que sufrieron en esas evacuaciones que a toda prisa hubo que organizar y que ellos, a fin de cuentas, protagonizaron.

En aquellos años, y en algunas de esas colonias infantiles, había cuidadores que los invitaron a que dibujaran los recuerdos de las evacuaciones que padecieron. Era una forma de dar voz, aunque de manera gráfica, a la parte más indefensa de la guerra.

Esto es lo que se recoge en la excelente obra El dibujo infantil de la evacuación durante la Guerra Civil española (1936-1939) de José Antonio Gallardo Cruz, profesor jubilado de la Universidad de Málaga, que ahora me sirve para mostrar esa cara poco conocida y que, sin embargo, de nuevo contemplamos en las pantallas del televisor.

Antes de pasar a presentar y comentar los diez dibujos que he seleccionado, quisiera decir que, tal como indica el autor del libro, proceden de los archivos de la Biblioteca Nacional de España (Madrid), de la Avery Architectural & Fine Arts Librery de la Universidad de Columbia y de los Fondos Alexander Albert MacLeod (Ontario, Canadá).

Comienzo por el dibujo de la portada. En este caso, no se sabe si fue un niño o una niña quien realizó este dibujo de 1938, puesto que está firmado por F. Sanz Herranz. En la escena se comprueba que la evacuación se realiza en un tren para llevarlo a la colonia escolar madrileña del Balneario de Bellús, localidad valenciana.

Ahí se ve a una madre, con ropaje muy pobre, que entrega su pequeño hijo a un pasajero, escena que nos recuerda a lo que ha acontecido recientemente en el aeropuerto de Kabul, cuando desde la multitud se le da a un soldado estadounidense un bebé para que se lo lleve lejos de Afganistán.


Este magnífico dibujo corresponde a una niña llamada Rafaela Jover Rodríguez, cuya edad se desconoce, aunque me imagino que estaría en los inicios de la adolescencia, por su gran capacidad gráfica para representar el interior de un vagón lleno de niñas que las llevarían a la colonia escolar madrileña del Balneario de Bellús.


Si en los dibujos anteriores aparecen escenas de la salida y del interior de un tren, en este caso se trata de un recibimiento en el andén de una estación. El dibujo fue realizado por Carlos Campos, un niño de 12 años, que representa la alegría con la que fueron acogidos los niños evacuados por la gente que acudió a recibirlos, ya que estaban destinados a la colonia escolar turolense Germán Araudo de Alcañiz.


También la vía marítima fue un medio de evacuación que se utilizó habitualmente para desplazar a los niños a campamentos fuera de nuestro país. En este caso se trata del dibujo de un chico de 13 años llamado Ezequiel Tierra quien nos muestra un barco a vapor con la bandera francesa, ya que su destino y el de todos lo que abarrotaban el navío era la colonia francesa de Chenay.


No toda la memoria de los evacuados estaba centrada en el medio por el que se les llevaba fuera de sus lugares de origen. Dentro de los dibujos también se muestran escenas de los desastres de la Guerra Civil que siempre quedarían en sus recuerdos. Es lo que manifiesta gráficamente Antoni Ferré, natural de Barcelona y que por entonces contaba 11 años.


También el automóvil fue otro medio inicialmente utilizado en determinadas situaciones. Esto lo plasma Ramón Hernández, un chico de 13 años que fue evacuado al Centro español de Cerbère, una localidad francesa cercana a la frontera con España. En la lámina, el propio autor escribió: “Este dibujo representa nuestra evacuación. Con nosotros va otra familia que es la que nos invitó a subir al auto”. Ahí aparece el pequeño Ramón cogido de la mano de su madre con destino a un país extranjero en el que quedará acogido.


También encontramos magníficos dibujos como es el que realizó Ricardo Prat, un niño de 12 años que fue evacuado el 11 de febrero de 1938, ya que él mismo se encargó de escribir la fecha de su partida, al tiempo que, con una excelente caligrafía, había dejado escrito en la propia lámina: “Mi madre la mañana de la evacuación”. Su destino era la colonia francesa de Mas Éloi, que se encuentra en Limoges.


Como podemos suponer, la familia se convertía en protagonista de muchas de las escenas que representaron quienes, dolorosamente, se tenían que despedir de la suya. Es lo que plasma Pepita Blanch Manero, niña de 11 años, que dejó escrito (y que transcribo textualmente, tal como lo hizo la propia niña): “Este dibujo representa mi mamá mi papá yo y mi hermana y una ti mia que nos vamos en Cervere el dia de la evacuación”.


Es frecuente que los niños narren gráficamente no solo lo que recuerdan visualmente de acontecimientos vividos, sino que también incorporen diálogos dentro de la escena que han plasmado. Es lo que realizó Alfonso Ortuño Núñez, un niño de 11 años, que fue evacuado a la colonia familiar de Puebla de Larga, situada en Valencia. Tras el título, “Escena de evacuación”, en los camiones ha escrito “Evacuados”, al tiempo que utilizando globos de cómics expresa lo siguiente: “Salud mamá”, “Salud, hijo”, “Espere”, “Espere que yo también quiero subir”...


Para cerrar esta breve selección de dibujos, quisiera indicar que no eran frecuentes las manifestaciones de carácter político en los dibujos de los evacuados. Quizás, la más habitual era el dibujo de la bandera tricolor de la República, que era la que ellos habían visto desde muy pequeños. Sin embargo, en este ingenuo dibujo de María Benítez, una niña de 12 años, que iba destinada a la colonia francesa de Sant Hilaire, encontramos escrito por ella misma: “Cuando salíamos de Málaga antes de entrar los fascistas”, al tiempo que dibuja una bandera republicana en el vehículo que los lleva a este centro, muy alejado de su tierra.

AURELIANO SÁINZ

domingo, 22 de agosto de 2021

  • 22.8.21
“Y si le parece bien, ahora pasamos a la última pregunta: ¿Es usted feliz?”, le apunta la entrevistadora a Federico, que había aceptado ser encuestado sin que tuviera muy clara la finalidad de esa ristra de preguntas a las que ingenuamente se había sometido y que la joven, con cierta astucia comercial aprendida, le había asegurado que solamente emplearía un par de minutos.


“¿Cómo? ¡Pues claro que soy feliz… Faltaría más!”, respondió sin pestañear y con un mohín algo irónico. “¿Acaso no sabes que todo el mundo es feliz por definición? ¿No has visto lo felicísima que es la gente que aparece en los foros y redes sociales?”.

Con cierto mosqueo, el entrevistado comenzó a alejarse. “¡Vaya pregunta!”, se decía a sí mismo. “Esta chica todavía no se ha enterado que nadie quiere que lo tomen por un desgraciado. No hay más que entrar en Instagram para ver lo feliz que es todo el mundo. ¡Como si no estuviéramos suficientemente jodidos con el dichoso coronavirus, el cambio climático y todas las nefastas noticias con las que cada día nos desayunamos!”.

Aunque no tenía excesiva prisa, tampoco quería llegar tarde a la cita que había acordado con Charo en la terraza del café-bar El Gaucho que regentaba un matrimonio argentino cercano al instituto. Allí se solía encontrar con compañeros para charlar de cualquier tema que surgiera o que habían decidido previamente, puesto que, aparte de que servían un exquisito café, el lugar era lo suficientemente tranquilo para que el ruido no apagara las voces que se entrecruzaban en la plática.

En esa ocasión, sin embargo, se había citado solo con su compañera de literatura, ya que el resto no estaba disponible por distintas razones que habían esgrimido.

Federico había metido en su pequeña mochila Humano, demasiado humano, de Nietzsche, autor que le apasionaba y que por todos los medios, como profesor de Filosofía, intentaba que sus alumnos lo leyeran. Esos mismos alumnos que a sus espaldas le llamaban El Fede, pero que a él, conocedor de tal apelativo, no le importaba, ya que se sentía orgulloso de portar el mismo nombre (claro está, en castellano) que el del gran pensador alemán.

Precisamente de ese ejemplar tenía subrayadas bastantes frases. Pero en esos instantes le venía a la mente aquella que enlazaba con la pregunta que de modo tan trivial le habían hecho, y que decía lo siguiente: “El destino de los hombres está hecho de momentos felices –toda vida los tiene– pero no de épocas felices”.

Ya estaba cerca del lugar del encuentro, cuando notó que una mano se agitaba desde una de las mesas señalándole el sitio exacto en el que le estaban esperando.

“¡Hola, Fede! ¿Qué tal? ¿Cómo te ha ido la semana?”, le pregunta Charo, al tiempo que le acerca la silla. “Bueno, siéntate aquí al lado, y ya me podrás contar tranquilamente cómo has pasado estos días”.

Al momento, Federico llamó al camarero para que les sirvieran dos cafés: un cortado y el otro descafeinado con leche caliente. Sacó de su mochila y puso encima de la mesa el libro de Nietzsche, al tiempo que de sopetón le suelta: “¿Tú sabes qué es la felicidad?”.

“¡Como no lo sepas tú, que te has leído todo lo habido y por haber del genio alemán!”, le respondió, conocedora de las repentinas preguntas con las que le asaltaba su compañero de filosofía. Por otro lado, por el tono con el que le respondió, le indicaba sutilmente que estaba dispuesta a hablar del tema, ya que, a fin de cuentas, el encuentro no tenía más finalidad que la charla distendida entre dos amigos.

Charo, aparte de su carácter vitalista, jocoso y poco dado a las quejas, tenía como característica el que solía acudir a algún aforismo o alguna sentencia a los que era tan aficionada y con los que resolvía los dilemas existenciales que su compañero le planteaba de vez en cuando.

“Sé que no te gustan las frases cortas”, continuó, “y que prefieres los argumentos bien razonados. Menos aún si esas frases provienen del mundo de la literatura, ya que imaginas que esta gente suelta lo primero que se le viene encima con tal de epatar. ¿Te digo un par de ellas?”.

Federico la mira en silencio, como dando la aprobación, aunque espera que esta vez no cite a Vargas Llosa ni a Arturo Pérez-Reverte, ya que a ninguno de los dos los traga, sin que sepa muy bien el porqué.

“Bien. La primera es de Borges. A este creo que no le tienes manía, ya que en cierta ocasión te escuché hablar muy bien de él por la enorme cultura que había acumulado. ¿No es así…?”. Tras una breve pausa, y con cierta solemnidad, Charo se presta a decir: “He cometido el peor pecado que se puede cometer: no he sido feliz”. Mira a Federico y le inquiere: “¿Qué te parece este pensamiento de Borges?”.

Su compañero no le responde. Asoma en su rostro algo de tristeza en su espontánea mudez al comprobar que un genio como Jorge Luis Borges, en un arrebato de sinceridad, expresaba que la sabiduría o la cultura no eran el camino para encontrar ese bien tan ansiado.

Ambos acercan las tazas a los labios para volver a tomar un sorbo de café. Sienten que un tenue silencio los envuelve en esos momentos, como si temieran que lo que había manifestado el escritor argentino fuera un negro presagio que acaba alcanzando a quienes se afanan en la búsqueda de la felicidad a través del conocimiento.

“¿Te digo la segunda?”. Charo, con otra muy distinta, intenta romper la reserva en la que se había instalado su compañero. “Esta la leí en un artículo sobre Enrique Jardiel Poncela… Ya sabes, aquel dramaturgo madrileño que tuvo su época de gloria en la primera mitad del siglo pasado, aunque ahora se le recuerda poco”.

Federico asintió con la cabeza, agitándola brevemente. Deja la servilleta de papel con la que se ha limpiado y se apresta a escuchar.

“Hay dos maneras de conseguir la felicidad: una, hacerse el idiota; otra, serlo”, dijo Charo, sin que, una vez expresada, estuviera muy segura de que la máxima de Jardiel Poncela ayudara a amortiguar la cautela que de pronto se había instalado en la charla.

Y es que, por momentos, el mutismo se agrandó en Federico. A pesar de la leve sonrisa que asomó a su rostro al escuchar la frase del dramaturgo madrileño, parecía inmerso en la ausencia de sentido que a veces le llegaba sin saber exactamente la razón.

En ese instante imaginó que la felicidad de la que tanto habían hablado los filósofos, y que él intentaba explicársela a sus alumnos, era una especie de entelequia inalcanzable, por lo que, quizás, esos adolescentes atolondrados tuvieran algo de razón.

Volvió a coger la taza cuidadosamente, se la acercó y sorbió despacio. Por unos segundos, sintió que el rico café que le habían servido y la grata compañía de Charo formaban un pequeño trozo de felicidad que lo envolvía y, temiendo su fugacidad, deseó intensamente retenerlo sin saber cómo lograrlo.

AURELIANO SÁINZ

domingo, 15 de agosto de 2021

  • 15.8.21
Vivimos en una sociedad dominada por el presentismo y la fugacidad, características de las que ya hablaba el sociólogo polaco Zygmunt Bauman cuando teorizaba sobre lo que él llamaba “modernidad líquida”, como si en estos tiempos nos asentáramos no sobre una sólida base terráquea sino sobre un mar de olas que se agita según los vientos dominantes.


Y apunto esto porque recientemente hemos recibido el contundente informe que expertos de las Naciones Unidas han realizado sobre el Cambio Climático que ya estamos viviendo, al tiempo que indican medidas necesarias para frenarlo en unos plazos definidos, puesto que si esas medidas no se llevan a cabo, el futuro puede ser aterrador.

Aunque mucho me temo, teniendo en cuenta lo que nos decía Bauman, que este informe convertido en impactante noticia y que ha conmocionado más de una conciencia, pasados los días empezará a olvidarse –o, peor, a cuestionarse–, pues toda acción que se tenga que realizar a medio o a largo plazo pasa a un segundo plano arrinconada por otras noticias, también fugaces, que saldrán a la palestra en los medios de comunicación y en las redes sociales.

Creo que no es necesario que indique que el cambio climático hay que tomárselo verdaderamente en serio, ya que lo estamos viviendo de modo directo en nuestras latitudes con las olas de calor que desde hace algunos años azotan la mitad Sur de la Península.

De todos modos, soy consciente de las enormes dificultades que ello presenta, pues supone casi una revolución en la economía, la producción y en las actuales formas de desarrollo. No podemos olvidar que estamos insertos en un hipercapitalismo de rango mundial, lo que implicaría transformaciones profundas que muchos países, especialmente los más poderosos y los más contaminantes, no están dispuestos a llevar a cabo.

Pero no solamente debemos esperar esas medidas tan necesarias por parte de quienes nos gobiernan; también hemos de modificar muchos de nuestros hábitos y costumbres, ya que el modelo social en el que vivimos, en gran medida, lo hemos interiorizado, tanto en nuestros valores como en las ideas y en nuestras rutinas cotidianas.

Es necesario cambiar la idea tradicional tan afianzada en la mente de la mayoría de las personas de que “la Tierra nos pertenece”, por otra más realista de que los seres humanos somos naturaleza y formamos parte de ella. Esto que debe divulgarse en los medios de comunicación con criterios científicos, también lo debemos llevar adelante en el ámbito educativo, puesto que las nuevas generaciones se encuentran en proceso de formación, de modo que aceptan sin tantas barreras y prejuicios los nuevos retos en los que se encuentra la humanidad.

Así pues, los profesores no podemos estar al margen de la realidad social y los conflictos en los cuales nos encontramos insertos y seguir explicando rutinariamente unos programas anquilosados. Más aún, los que pertenecemos a la Facultad de Ciencias de la Educación en la que preparamos a los futuros docentes, que serán los que continuarán la labor formativa en los niños y adolescentes.


Basándome en lo que he expuesto, y en algunas materias de Educación Artística, he planteado en la clase temas de contenido social que para los estudiantes tienen especial relevancia. Así, la igualdad de derechos de ambos géneros, los valores de la paz, la violencia en la sociedad, las desigualdades y la pobreza en el mundo, la defensa del Medio Ambiente o la denuncia del Cambio Climático han sido cuestiones que hemos ido abordando cuando trabajamos la técnica del collage, enfocado como un cartel con un significado educativo.

Previamente les hablo de los grandes cartelistas que, desde finales del siglo XIX hasta la actualidad, han trabajado en este medio gráfico en el que se articulan arte, comunicación y publicidad. Y puesto que los estudiantes algún día serán maestros o educadores sociales, utilizamos los medios más sencillos, como son las imágenes de revistas recortadas, para que un día ellos puedan aplicarlos en las aulas sin dificultades.


Los resultados suelen ser mayoritariamente bastante creativos y cargados de imaginación. Es el caso del que he seleccionado para la portada de este artículo, en el que aparece el rostro de un personaje a partir de la imagen del planeta, con los ojos cerrados y del que se desprende una lágrima. El lema que ha utilizado, “Ya es hora de salvar el Planeta”, sirve como advertencia de que el tiempo se nos echa encima.

Por otro lado, en el interior del texto hemos visto otros dos carteles con la técnica del collage. En uno aparece una especie de árbol, como símbolo de la naturaleza, con las hojas realizadas a partir de ojos recortados y con el lema “Cuídalo, formas parte de él”. En el siguiente, como si fuera un mosaico de imágenes contrapuestas, nos ofrece un mensaje de esperanza cuando se indica “Aún estamos a tiempo”.


En ocasiones se acude al sentido del humor como elemento de denuncia. Es un planteamiento comunicativo distinto en el que se utiliza la ironía como fondo del mensaje en el que se busca la sonrisa cómplice de quien observa la composición.

Es el caso del cartel anterior en el que aparece una pareja de clase alta, realizada con figuras de plastilina, brindando con champán en un entorno que se asemeja a los fiordos noruegos. Como puede apreciarse, la autora acudió también a recortar las letras que componen la frase en la que podemos leer: “Déjate de fiestas. Cuida a tu medio”.


Otras veces, se busca una idea con la intención de expresar visualmente lo que se desea comunicar sin la necesidad de acudir a palabras, dado que la propia imagen sirve como concepto que es entendido por el receptor del mensaje. Así, acabamos de ver un reloj que va marcando las horas, de forma que en las primeras aparecen unos entornos naturales cuidados, al tiempo que, una vez traspasada la mitad, comienzan a sentirse los deterioros producidos por la contaminación industrial, de modo que, acercándose a las 12 horas, se abre una interrogante que nos indica la incertidumbre del futuro que nos espera.


La creatividad, como hemos comprobado, se expresa a un alto nivel cuando se opta por realizar un collage sin que aparezca ningún lema o eslogan. Es lo que acontece también con el realizado por una alumna que, antes de que se produjera la polémica por el vídeo divulgado por el ministro de Consumo alertando de que uno de los factores contaminantes son las macrogranjas y el excesivo consumo de carne que ha crecido con la proliferación de tiendas burgers de conocidas marcas estadounidenses, cuyas hamburguesas, como si fueran platillos volantes, llegan a cualquier rincón del Planeta.


Si hubiera que destacar un factor en el que más insisten los estudiantes en sus collages es el que hace alusión al consumismo que nos devora. Quizás esta idea contrasta con la que se tiene de la actual generación de jóvenes, que ha sufrido la crisis económica y que les ha abocado a contratos precarios, en el sentido de que es una generación consumista que está ausente de los problemas sociales que nos acucian en la actualidad.

Bien es cierto que, en el estado de la pandemia en la que nos encontramos, se han extendido las imágenes de botellones y fiestas al aire libre sin control llena de gente joven que los medios han divulgado. Pero cabe preguntarse: ¿cuántos jóvenes de los millones de españoles que se encuentran en esas edades participan en esos jolgorios? ¿Representan a toda la población joven, o es un sector el que “pasa olímpicamente” de las normas porque para ellos lo prioritario es divertirse por encima de todo?


Si uno se detiene a pensar puede comprobar que es solo una parte que no representa a la totalidad que sufre los estragos de la crisis económica, la pandemia y los absurdos valores del consumismo con los que muchos de ellos no están de acuerdo.

Así pues, he cerrado con los dos collages precedentes, referidos al excesivo consumismo que invade las sociedades desarrolladas y que son fuente de producciones innecesarias que afectan al equilibrio medioambiental, como una propuesta de trabajo en la que mis alumnos y alumnas han expresado las visiones que tenían de la relación con el Medio Ambiente y el Cambio Climático convertidos en un tema de alta preocupación.

AURELIANO SÁINZ

domingo, 8 de agosto de 2021

  • 8.8.21
Entramos en el mes de agosto de un verano muy caluroso. Miro en el calendario y, al llegar al día 2, martes, me tropiezo con una noticia que aconteció muchos años atrás. Por un momento regreso al pasado y traigo a mi mente recuerdos inolvidables de mis inicios como arquitecto. Uno de ellos aconteció en el año 1976.


Yo estaba trabajando en el estudio de arquitectura que tenía en Sevilla. Era un grato espacio compartido con otros compañeros con los que comenzaba a caminar por el incierto sendero de la profesión. Todavía no había tomado vacaciones, de modo que el sonido de fondo de la radio me ayudaba a concentrarme en el trabajo en aquella mañana.

De pronto, escucho que Cecilia, una joven cantautora que ya se había afianzado en el mundo musical, había fallecido a las 5.40 de la madrugada. Había sido en un accidente de coche en un pueblecito cercano a Benavente, en la provincia de Zamora.

Paré un momento, y me sentí conmovido. La razón de fondo es que ambos teníamos la misma edad: 27 años. Me resultaba difícil, mirando hacia mí mismo, entender que con solo esos años, cuando uno comienza a despertar al mundo del trabajo, se pudiera truncar inesperadamente la vida. Una sensación de arbitrariedad, de irreparable injusticia, recorrió mi cuerpo. Al rato continué con los planos. Las canciones de Cecilia sonaban de fondo mientras me incorporaba a la actividad pendiente.

Desde la lejanía del tiempo transcurrido, rememoro a aquella figura que había logrado en poco tiempo ser reconocida por su voz y sus letras, que se movían entre la denuncia y cierto lirismo. A Evangelina Sobredo, que era su verdadero nombre, bruscamente se le apagó la vida, no sin antes dejarnos un puñado de canciones que apuntaban a ser una de las grandes cantautoras del panorama de nuestro país.

Por aquellas fechas, tras el accidente, estuve pensando en otros cantantes o miembros de bandas de rock que, con anterioridad, habían fallecido contando tan solo con 27 años. Parecía que esas dos cifras empezaban a presagiar una edad fatídica, ya que la lista de nombres muy conocidos no dejaba de ampliarse.

Quienes, por entonces, seguíamos con bastante pasión la música que nos llegaba de las Islas Británicas teníamos muy presente que Brian Jones, miembro fundador de los Rolling Stones inició esta trágica lista [3 de julio de 1969]. Atravesando el Atlántico, le seguirían Jimi Hendrix [18 de septiembre de 1970], Janis Joplin [4 de octubre de 1970] o Jim Morrison, líder de The Doors [3 de julio de 1971]. Es decir que en el espacio de solo dos años habían fallecido cuatro de las grandes figuras del rock con esa edad.

Pasados los años, y también con 27 años, encontrarían su final Kurt Cobain, líder de Nirvana [4 de abril de 1994] o, ya más cerca de nuestros días, Amy Winehouse [23 de julio de 2011], una de las figuras emergentes del soul contemporáneo.

Recordando estos grandes nombres que dejaron claras huellas en el mundo del rock y de la música popular, quisiera hacerles un pequeño homenaje trayendo a esta columna las portadas de algunos de sus discos, al tiempo que realizo un breve comentario de ellos.


Quiero comenzar por el de Cecilia, autora de canciones inolvidables como fueron Un ramito de violetas, Mi querida España y Dama, dama. Aquí muestro la portada de su primer álbum, aparecido en 1972, en el que contenía Dama, dama, y que grabaría dentro del sello CBS. Sería Daniel Gil, uno de los grandes diseñadores gráficos de nuestro país, el encargado de mostrarla con una sencilla camiseta blanca, en pantalones vaqueros y portando en su mano derecha un guante de boxeo, como indicando que venía a luchar y a ganarse un puesto dentro de los cantautores españoles.


Nadie imaginaba que uno de los componentes del grupo que, junto a los Beatles, acaparaba las listas de éxitos falleciera con solo 27 años ahogado en una piscina. Lo cierto es que Brian Jones, uno de los fundadores de los Rolling Stones, inesperadamente, dejó fatídicamente la banda en la cumbre de los primeros años.

Ahí le vemos, en la derecha de la parte baja de la portada de su tercer álbum de estudio: Out of our heads (que traducido al español podría ser Desquiciados). Y la razón por la que lo he elegido es muy sencilla: contiene el tema The last time, que siempre me ha entusiasmado.


El impacto de Jimi Hendrix, inicialmente, fue mayor en Inglaterra que en su propio país: Estados Unidos. Sin embargo, su intervención en el verano de 1967, en el mítico festival de Monterey, cambió las tornas. Allí estaban nada menos que The Who, Jefferson Airplane o Grateful Dead. Pero fue Hendrix el que acabó haciendo historia quemando su guitarra mientras interpretaba Like a Rolling Stone.

Al año siguiente, 1968, apareció su segundo disco, Axis: Bold as Love, junto a sus dos acompañantes Noel Redding y Mitch Mitchell, es decir, su parte llamada Experience. Brillante e inolvidable álbum, en el que aparecen baladas, incursiones al blues y al free jazz, como Little Wing, Spanish Castles o Wait Until Tomorrow.


Otra de las grandes artistas que se despidió con solo veintisiete años fue la inolvidable Janis Joplin, no sin antes dejarnos maravillas como Pearl, su cuarto disco que vería la luz en 1972, meses después de su fallecimiento. Y entre los temas de Pearl es inevitable hablar de la desgarradora versión que realizó de Me and Bobby McGee, tema compuesto por el cantante de música country Kris Kristofferson, y popularizada por el canadiense Gordon Lightfoot, canción que llegó a alcanzar el número uno en las listas del Billboard. Pero no solo fue la música de Pearl, sino también la portada, diseñada con una fotografía de Barry Fenstein, la que alcanzó gran popularidad, llegando a ser un verdadero icono dentro de los amantes del rock.


Hay bandas con un líder indiscutible que se alza muy por encima del resto de sus acompañantes. Es lo que aconteció con The Doors, puesto que la fuerte personalidad de Jim Morrison se imponía al resto del grupo. No es de extrañar, pues, que en su primer álbum, aparecido en 1968, el rostro del propio Morrison apareciera en un destacado primer plano, al tiempo que Ray Manzanek, Robby Krieger y John Densmore parecen salir del fondo del cuadro de la portada.

Si alguien tiene dudas de la genialidad del grupo y de su líder, conviene que escuche The End, tema de 11 minutos que cierra el álbum. No sé si es el complejo de Edipo o la voz de una mente tortuosa la que nos introduce en una senda oscura y escabrosa de un tema que finaliza con un grito alargado de angustia final.


¿Qué es lo que pensaba Kurt Cobain, otra mente atormentada, cuando se le ocurrió la portada de Nevermind, una de las más icónicas del mundo del rock de todos los tiempos? La verdad es que nunca terminó de explicarla, ya que tres años después de la salida de este segundo disco de la banda al mercado, es decir, en 1994, el líder de Nirvana encontró en el suicidio el adiós definitivo de una existencia angustiosa contando solamente con tan solo 27 años. A diferencia de las otras portadas que he mostrado, en este caso, Kurt Cobain no aparece en ella. Quizás deseaba eludir ese rostro hostil, dolorido y evasivo que mostraba en sus actuaciones.


Cierro estas breves líneas acudiendo a otra de las grandes voces que se despidieron tempranamente de la vida que todos la podemos imaginar totalmente inconclusa. Me refiero Amy Winehouse, que tiene un enorme parecido con la de Janis Joplin: eran voces femeninas muy unidas a la música negra (blues, soul, jazz, R&B); las dos eran adictas a las drogas y al alcohol; alcanzaron altas cotas de fama; y ambas fallecieron a los 27 años, resultado de sus adicciones. Pareciera que la historia de Janis se volvía a repetir en la de Amy cuatro décadas más tarde.

Como en el caso de Janis Joplin, su producción es corta, ya que su primer disco, Frank, lo publicó en 2003; el segundo de estudio, Back to Black, lo hizo en 2006; al tiempo que el tercero, Back to Black: B-Side, lo graba dos años después. El 23 de julio de 2011 se la encuentran sin vida en su apartamento. Cinco meses después se edita Lioness: Hidden Treasures, su testamento musical.

AURELIANO SÁINZ

GRUPO PÉREZ BARQUERO


CULTURA - MONTEMAYOR DIGITAL


UNICEF

DIPUTACIÓN DE CÓRDOBA - CÓRDOBA RURAL

DEPORTES - MONTEMAYOR DIGITAL

LA ABUELA CARMEN - LÍDER EN EL SECTOR DEL AJO, AJO NEGRO Y CEBOLLA NEGRA

DIPUTACIÓN DE CÓRDOBA - CÓRDOBA RURAL


FIRMAS
Montemayor Digital te escucha Escríbenos