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Aureliano Sáinz | Hispanistas británicos

Resulta curioso que, en ciertas ocasiones, para conocer la historia de nuestro país, haya que acudir a historiadores que han nacido fuera de nuestras fronteras, puesto que son ellos con su mirada imparcial y desapasionada los que suelen ofrecernos investigaciones y trabajos aclaratorios de gran rigor. Con esto no quiero decir que no tengamos magníficos analistas que han abordado con solidez estudios que nos iluminan sobre nuestro amplio y dilatado pasado, sino que solemos juzgarlos apriorísticamente según sus orientaciones ideológicas, lo que supone cierto cuestionamiento de lo que ellos afirman.


Y si hay un campo de nuestra historia reciente que despierta enormes controversias es la Guerra Civil española y la dictadura de Franco, pues ambas marcaron profundamente el devenir de los españoles, tanto que, si exceptuamos a aquellos estudiantes universitarios que optan por matricularse en esta disciplina, lo cierto es que gran parte de los alumnos de Secundaria y Bachillerato no llegan a estudiar estos períodos, por lo que el profesorado de Historia acaba el temario antes de entrar en ellos o pasan de puntillas sobre la Guerra Civil y la Dictadura.

Se hace, pues, habitual que para aclarar las partes más oscuras de nuestro pasado reciente, y de paso romper con la capa de silencio que se mantiene sobre estas etapas, tengamos que acudir a las aportaciones de grandes hispanistas, especialmente los británicos.

Y entre esos hispanistas se encuentran Paul Preston (autor, entre otras obras, de Franco: Caudillo de España y El holocausto español); el recientemente fallecido Hugh Thomas (imprescindible su trabajo sobre La Guerra Civil Española); John Elliott (cuyas investigaciones están centradas en La España imperial) o el hispano-irlandés Ian Gibson (que, aparte de sus trabajos sobre estos períodos, su obra más conocida está relacionada con la figura de Federico García Lorca).

Estos cuatro autores son bastantes conocidos en nuestro país; sin embargo, conviene citar a otro gran hispanista británico: Edward Cooper, ya que dedicó toda su vida al estudio de la España medieval, centrando sus investigaciones en las fortalezas del territorio hispano.

La relevancia intelectual y las aportaciones de Edward Cooper no quedan lejos de los anteriormente citados. No obstante, fuera de los círculos de historiadores medievalistas o de especialistas en el patrimonio arquitectónico del Medievo, su nombre no suena tanto como, por ejemplo, los de Elliott, Preston o Thomas.

Creo que esto se debe a que su campo de trabajo no despierta tanto interés en un público amplio debido a la época que abordó y, también, porque el estudio del patrimonio histórico medieval –o, lo que es lo mismo, el estudio de los castillos y fortalezas de nuestro país– no apasionan tanto como los conflictos del siglo pasado.


De todos modos, no deja de ser sorprendente que un joven inglés en la década de los sesenta se interesara por la historia medieval de España, así como por las fortalezas que se habían construido, principalmente, durante los siglos XIII y XIV. Este enfoque le condujo a que viniera a nuestro país en los inicios de los años sesenta, una vez que había finalizado su licenciatura en Historia con el fin de llevar adelante su tesis doctoral que, por cierto, estuvo dirigida por uno de los grandes hispanistas británicos: John Elliott.

Para comenzar esta nueva etapa de su vida, se desplazó a Alburquerque, localidad extremeña que cuenta en la cima de un alto cerro rocoso con el impresionante Castillo de Luna, término con el que se conoce actualmente a la fortaleza por haber pertenecido a don Álvaro de Luna, valido del rey Juan II de Castilla. Por aquellas fechas pudo conocer otras relevantes fortalezas como el Castillo de Azagala que se encuentra muy cerca de la localidad.

El recuerdo de las primeras experiencias en el campo de las investigaciones suele dejar bastante huella. No es de extrañar, pues, que pasados los años, en 2008, viniera a Alburquerque para participar en unas jornadas organizadas por la Plataforma para la Defensa del Patrimonio, posteriormente, convertida en Asociación (Adepa).

La razón estaba en que se había aprobado, por parte de la Junta de Extremadura y respaldado por el Ayuntamiento de la localidad, un horrendo proyecto que tenía como finalidad convertir el Castillo de Luna en una absurda hospedería de lujo, con graves alteraciones en su fisionomía.

Este gran hispanista no tuvo ningún problema en acudir a Alburquerque y estar de nuestro lado en numerosas ocasiones para evitar que se llevara adelante el proyecto que modificaría gravemente el carácter de la mejor fortaleza medieval cristiana de la comunidad extremeña. Aquellos fueron años de intensa y tenaz lucha que acabó en los tribunales ante la demanda que interpusimos. Felizmente, nos fue dada la razón, por lo que en 2014 la propia Junta de Extremadura dio carpetazo a tan desastroso proyecto.

Años inolvidables de los que hablé en otros artículos. Quizás el resultado de esta lucha de David contra Goliat (porque a fin de cuentas fue lo que aconteció entre una pequeña asociación y la todopoderosa Administración) queda sintetizada en el artículo que llevaba por título Habla el Castillo de Luna, en el que se inserta un vídeo que nos muestra la belleza de la fortaleza y del entorno en el que se encuentra.


Y muy conectado con esta lucha en defensa del Castillo de Luna, tal como indico, estuvo el hispanista Edward Cooper. Ha sido parte de su vida. Toda una vida dedicada al estudio, la investigación y la defensa de la integridad de las fortalezas de nuestro país. Inmenso trabajo que no debería quedar en el olvido; aunque esto ya es imposible por el importante legado que nos ha transmitido en forma de publicaciones.

Pero también las personas necesitan palpar ese reconocimiento, conocer de modo directo que existe una gratitud hacia la obra que han desarrollado. Es por ello que, una vez jubilado de su función docente y cumplidos los 80 años, haya venido otra vez a nuestro país como invitado para impartir en Madrid un par de conferencias.

La primera de ellas, como miembro de la Real Academia Alfonso X el Sabio, llevaba por título Alfonso X en Europa, y la segunda, en el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), estaba focalizada en su trayectoria personal, por lo que la denominación de Cincuenta años de investigación sobre la España Medieval era un fiel reflejo de todo un largo itinerario centrado en ese período.

Tal como el propio hispanista nos ha declarado, no sabe si será la última vez que nos visite o habrá una nueva ocasión en la que podría acercarse a la tierra de los castillos situados en el territorio de Alburquerque. Para quienes le admiramos y contamos con su amistad, siempre será un placer contar con su presencia, su compañía y su enorme caudal de conocimientos.

AURELIANO SÁINZ
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