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jueves, 21 de mayo de 2020

  • 21.5.20
Seguimos abrumados tanto por el miedo que ha podido despertar entre nosotros el virus como por las dificultades que se plantean para dar merecida sepultura a los muchos fallecidos, víctimas del coronavirus. Por fin las familias podrán decir adiós a sus seres queridos.



A primeros de mayo, Sanidad anunció que los velatorios se podrán celebrar con 15 personas al aire libre y 10 en espacios cerrados en la fase 1. Se insiste, como es natural, en guardar lo más estrictamente las normas elementales de precaución para evitar más contagios.

El velatorio hace referencia al “acto de velar” a los muertos consiste en “pasar la noche al cuidado del difunto bien en su casa, en el hospital o modernamente en un tanatorio.” Pero ¿por qué hay que cuidar a un difunto? Si alguien está muerto carece de sentido cuidarlo… Por eso hay que retroceder en el tiempo para entender eso de “cuidar”.

La costumbre de “velar” a los difuntos no es una moda de la actualidad. Se dice que nos hicimos sedentarios cuando empezamos a enterrar a los muertos. Es posible que la sepultura de un miembro de la tribu nos atara a la tierra. Digamos que estamos ante un tipo de culto de trasfondo religioso. Ahora bien, más que velar deberíamos decir vigilar si el interfecto (coloquialmente, “persona de la que se está hablando”) efectivamente ha muerto.

No descubro nada nuevo afirmando que el culto a los muertos no es una novedad: está presente entre los humanos desde tiempo inmemorial. La Humanidad viene cumpliendo con dicho culto desde siempre y de diversas maneras, según las distintas religiones.

En referencia a los momentos presentes, sí que son novedad para nuestras sociedades actuales las circunstancias que han causado el alto número de muertos que quedaron depositados lejos de la familia y aun persiste la amenaza de un alto número de contagios que nos avisan de que seguimos en peligro.

El culto a los muertos se basa en la creencia de que hay otra vida después de la muerte, creencia que no es solo del cristianismo. Egipcios, judíos, griegos, romanos creían en esa otra vida. Dicho culto religioso va acompañado de oraciones a los dioses y ofrendas a los muertos para que favorezcan a los familiares vivos o medien ante los dioses por ellos.

Rendir homenaje al muerto no era el único criterio para dedicarle un adiós suntuoso. Digamos que el difunto ha logrado el respeto de los deudos si ha vivido una vida moral que le ha permitido ganarse la distinción social y el respeto de los demás.

Para griegos y romanos los ancestros actúan e influyen en la vida de las generaciones posteriores, bendiciendo o maldiciéndolas. En concreto, los romanos creen que los difuntos actuaban como dioses protectores con respecto a familiares y conocidos. Eran los dioses “penates”. Rendirles culto y ofrecerles oraciones y regalos se hacía para apaciguarlos y ganarse sus favores.

Para los griegos dar sepultura a los muertos era un deber. Si al muerto no se le enterraba quedaba condenado a vagar eternamente. Así rendían culto a los antepasados. Al difunto lo llevaban a hombros los familiares o los esclavos. Podía ser enterrado o quemado y las cenizas se guardaban en una urna. Los cementerios estaban situados al borde de los caminos.

Entre los romanos dicho culto también era muy importante. Los muertos se enterraban a orillas de la calzada, a la salida de la ciudad o se quemaban en los hornos crematorios. La tumba se decoraba con flores y le dejaban comida y vino. En el entierro participaban esclavos con música, portadores de antorchas, bailarines y plañideras y se pasaba el día comiendo alrededor de la tumba.

La presencia de plañideras en los funerales viene también del pasado. Por lo general eran mujeres a las que se les pagaba por llorar en los funerales (también solían estar presentes en los velatorios). A más importancia del difunto, más presencia de lloronas. Así se les llamó posteriormente en Latinoamérica.

Según diversas fuentes, dicha costumbre nace en el antiguo Egipto y está relacionada con el culto a los dioses, tradición que también siguen los hebreos y heredan tanto griegos como romanos. La costumbre llega hasta nuestros días. En América Latina aparece a partir del siglo XVII. La importancia del difunto elevaba tanto los llantos y gritos como el número de plañideras y el precio a pagar por su presencia.

El llanto es contagioso a la par que relajante (dicen) y, por tanto, sería una manera de provocarlo en los familiares para que se sientan mejor una vez desahogada la pena que les aflige por la pérdida del ser querido. A las plañideras se les contrataba para que lloraran e hicieran público el lamento y el dolor de la familia, ya que estos no debían llorar en dichos momentos.

En relación a la transmisión de condolencias, hay toda una serie de frases que suelen ser pronunciadas cuando se saluda a los familiares. Van desde las muy sentidas, que arrancan del corazón, hasta esas otras que suenan faltas de sentimiento. Una cuestión es acompañar a familiares y difunto por el dolor que brota del corazón y otra, acudir para cumplir.

Se sabe que fue en Europa, durante la Edad Media, cuando se comenzó a practicar la tradición de poner el cadáver sobre una mesa en la casa familiar. Los parientes y amigos vigilan a la persona “aparentemente” muerta por si despertaba, a la par que rinden honores y así se despiden dando el pésame a la familia. En la noche se alumbran con velas, no hay otra iluminación, y de ahí viene la palabra velatorio o velorio o vela…

Sobre la costumbre de velar a los muertos hay muchas razones que intentan dar una explicación. Plausible o no, eso es otra cuestión. Existe la creencia de que “si se dejaba solo un cadáver antes de enterrarlo, los espíritus malignos podían poseerlo”. Otra razón alude al miedo que generaba el tener un cadáver en la casa, lo que dio paso a que se reunieran amigos y vecinos para acompañar a la familia.

Son ideas cargadas de superstición que alimentaban toda una serie de ritos mortuorios. Muchas de dichas costumbres son anteriores al cristianismo. Reuniones que terminaban en fiesta consumiendo alcohol y alimentos, como en el caso de los romanos, ya citado.

Lo de despertarse el muerto tiene su explicación. Más de una vez, la persona que se presumía fallecida se reincorporaba a la vida después de unos días muerta. ¿Razón? Intoxicarse al beber alcohol solía ocurrir con frecuencia y, como consecuencia, el sujeto sufría una pérdida de movilidad y de conocimiento durante un periodo largo de tiempo. Es lo que se llama “catalepsia” consistente en un “accidente nervioso repentino (…) que suspende las sensaciones e inmoviliza el cuerpo en cualquier postura en que se le coloque” (sic).

Más de un fallecido pudo ser enterrado vivo sin que lo supieran y, por esta razón, había que velar al muerto al menos por tres días. Intoxicarse por estaño provoca ataques de catalepsia. Este accidente era frecuente.

Por razones varias, muchas personas, supuestamente muertas, no lo estaban. Enterrar vivo a alguien ha ocurrido bastantes veces. Por esta razón había que velar al supuesto muerto, y además solían poner una campana en las tumbas. De ahí la frase “salvado por la campana”. Actualmente se da sepultura a una persona fallecida sólo con un parte médico y máximo 48 horas después de su muerte.

En la actualidad, la costumbre de velar a los difuntos ha ido cambiando en relación a otros tiempos. El factor religión, en líneas generales, ha perdido terreno. Velatorios y entierros cada vez están más alejados del sentido religioso. Si hasta no hace mucho el cadáver se velaba en el domicilio, ahora son los tanatorios los que se encargan de ello.

Familiares, amigos y conocidos acuden a dicho tanatorio, dan el pésame a los familiares más próximos, comentan algunas incidencias que marcaron el final del difunto y se marchan. A la hora de enterrar el cadáver o incinerarlo solo suelen estar presentes los familiares más próximos (esposo o esposa, hijos, y algunas personas más).

Hemos perdido seres queridos y personas anónimas para muchos de nosotros y hemos perdido un gran número de sanitarios. De hecho, la cifra total se situaba este lunes en 51.090 afectados, según los datos notificados al Comité de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias (Ccaes) por las comunidades autónomas.

Tener un detalle de adiós cuesta poco y podría ser un calmante emocional para los familiares. Me refiero al llamado luto como “signo exterior de pena y duelo manifestado en ropas, adornos y otros objetos, por la muerte de una persona. El color del luto en los pueblos europeos es el negro” (sic). Unos podrán decir que ocuparse de ello en estas circunstancia no ha lugar, otros que…, el llamado “duelo, pena, aflicción” (sic) ha quedado depositado en un rincón del corazón familiar. Sea como sea, descansen en paz.

PEPE CANTILLO
  • 21.5.20
El Instituto Provincial de Bienestar Social (IPBS), dependiente de la Diputación de Córdoba, ha lanzado una convocatoria de subvenciones por importe de 200.000 euros para respaldar aquellos proyectos que se hayan iniciado, o que se vayan a iniciar, entre el 14 de marzo y el 31 de diciembre de este año y que finalicen como máximo el 31 de mayo de 2021.



Según el presidente del organismo provincial, Francisco Ángel Sánchez, “con estas ayudas daremos respuesta y ayudamos a esas entidades que están realizando una magnífica labor en esta crisis sanitaria, humanitaria, social y económica”.

“La situación excepcional que estamos viviendo está requiriendo no sólo de un especial esfuerzo por parte de la administración provincial, en este caso el IPBS, sino también de todos aquellos colectivos que desarrollan su trabajo en pro del bienestar social y de la mejora de las condiciones de vida de la ciudadanía”, matiza Sánchez.

El máximo responsable del IPBS insiste en que “las asociaciones cordobesas están siendo en estos momentos pilares fundamentales en la respuesta eficaz y responsable que estamos dando a las personas más vulnerables de la provincia frente al Covid-19, por eso queremos agradecerles su labor con estas subvenciones”.

“La convocatoria está destinada a sufragar gastos de actuaciones que hayan estado dirigidas, o estén siéndolo aún, a fomentar y apoyar las manifestaciones de solidaridad de la comunidad, a impulsar y promover el asociacionismo, a potenciar el trabajo de asociaciones que ya existen y que se han dedicado a que nadie se quede atrás”, subraya el diputado provincial.

Se subvencionarán total o parcialmente, hasta un máximo de 10.000 euros, los gastos presupuestados de aquellos proyectos desarrollados en la provincia de Córdoba durante el período señalado y que vayan dirigidos a la población de municipios de menos de 20.000 habitantes.

El plazo de presentación de solicitudes será de 10 días hábiles desde la publicación del extracto de la convocatoria en el Boletín Oficial de la Provincia, que ha tenido lugar hoy 20 de mayo. Sólo se admitirá una solicitud por entidad social y el texto íntegro de la convocatoria se publicará a efectos informativos en la sede electrónica del IPBS. La presentación de solicitudes se realizará a través del registro electrónico del IPBS.

Francisco Ángel Sánchez adelanta que “se le dará prioridad a proyectos relacionados con la infancia, la adolescencia y mayores en situación de vulnerabilidad o riesgo social, personas sin hogar o en crisis habitacional, atención y apoyo a personas con trastornos o discapacidades físicas, psíquicas o sensoriales, los dirigidos a desarrollar medidas que faciliten el acceso a recursos básicos, los destinados a prevención, tratamiento o inserción sociolaboral de personas con adicciones, etc.”

En cuanto a las convocatorias del 2021, Sánchez señala que “el objetivo que perseguimos de cara al próximo año es seguir potenciando las convocatorias abiertas frente a subvenciones nominativas, al entender que es la mejor forma de apoyar los mejores proyectos presentados, ya que todos parten con las mismas posibilidades”.

REDACCIÓN / ANDALUCÍA DIGITAL

  • 21.5.20
Cuando las gafas entran en contacto con un vapor a una temperatura elevada es posible que sus cristales se empañen, dificultando así la visibilidad de quien las porta. Esta situación es cada vez más común en tiempos de coronavirus, desde que el uso de mascarilla se ha convertido en una necesidad –en una obligación, en ocasiones– para relacionarse con otras personas.



La startup especializada en óptica online GreyGlasses, junto con su equipo de ópticos, ha identificado seis consejos para que el uso de la mascarilla junto a las gafas sea lo menos tedioso posible, ya que todas las gafas pueden empañarse, no solamente las graduadas.

1. Tratamientos anti-vaho. Este tipo de tratamiento es usual en los profesionales de natación para evitar que se empañen las gafas durante la competición. Consiste en convertir el vaho en pequeñas gotitas de agua evitando así la capa blanquecina que aparece en las gafas cuando se empañan. El inconveniente es que las gafas tienden a ensuciarse más rápido por lo que no es 100 por cien recomendable cambiar el cristal solo por ese motivo.

2. Limpieza con una pastilla de jabón. Es el truco más efectivo y famoso para evitar que las gafas se empañen. Con una pastilla de jabón neutra convencional se pinta con cuidado la parte interna de la lente. A continuación, con una gamuza se extiende el jabón por toda la superficie. En el caso de los buceadores, también pueden utilizar pasta de dientes en sus gafas y tratarlas de la misma manera que el jabón. Sin embargo, para las gafas del día a día no es recomendable ya que son más delicadas y la pasta de dientes es más abrasiva y puede dañar la superficie de la lente.

3. Adaptar la mascarilla a cada rostro. Aunque todas las mascarillas pueden hacer que salga el vapor de aire hacia las gafas, el modo de colocarla puede influir para que se empañen más o menos. Intentar ajustar la mascarilla lo máximo posible al rostro y una vez conseguido, colocar las gafas sobre esta para que también haga presión. Así dejaremos salir la menor cantidad de aire posible.

4. Calentar las lentes con el vaho de la boca. Puede ser efectivo en un primer momento, pero al rato volverán a su temperatura habitual y se empañarán por lo que no es totalmente efectivo. Se recomienda experimentar lo menos posible ya que es un producto sensible que puede romperse.

5. Esparadrapo. Pegar un trozo de esparadrapo para evitar que salga el aire de la mascarilla hacia arriba sí es efectivo. Sin embargo, hay que tener cuidado y utilizar un esparadrapo que sea válido ya que puede ocasionar alguna herida al retirarlo si no se hace con cuidado.

6. Más limpieza. Aumentar la higiene de las gafas ya que pueden ser un foco de infección al estar expuestas a agentes externos. Las micropartículas que producen la tos o el tocar las gafas constantemente con las manos hacen que puedan estar infectadas. Para lavarlas de forma correcta es necesario seguir estos cuatro pasos:

a) Lavar las manos antes de tocar las gafas.

b) Poner una gota de jabón suave de manos en cada lente (evitar jabones desengrasantes concentrados que puedan dañar las propiedades y tratamientos de las lentes).

c) Con la yema de los dedos limpiar la parte externa e interna de la lente, sin olvidar la montura. Terminar con las patillas y las plaquetas o almohadillas de la nariz.

d) Enjuagar bien con agua el jabón sin que quede ningún resto y secar las gafas con un paño de algodón que no suelte partículas ni pelusas.

REDACCIÓN / ANDALUCÍA DIGITAL

miércoles, 20 de mayo de 2020

  • 20.5.20
La Consejería de Salud y Familias de la Junta de Andalucía acaba de confirmar seis nuevos casos positivos y cuatro fallecimientos por coronavirus en la provincia de Córdoba en las últimas 24 horas. De este modo, y tras el cambio en el sistema de registro del que ha informado hoy este periódico, el número total de afectados en toda la provincia asciende a 1.337 confirmados mediante pruebas PCR, que miden la reacción en cadena de la polimerasa.



Según el Ejecutivo autonómico, los nuevos casos declarados están pendientes de confirmación del Centro Nacional de Microbiología. Asimismo, se han activado los protocolos de prevención dictaminados por el Ministerio de Sanidad para determinar los posibles contactos directos que hayan tenido estos pacientes.

De todos los casos confirmados en la provincia de Córdoba, 556 han estado ingresados en algún centro hospitalario –75 de ellos en alguna Unidad de Cuidados Intensivos (UCI)–. La provincia ha alcanzado, además, los 110 fallecidos por Covid-19 y cuenta ya con 1.428 personas que han superado la infección.

Actualmente, 26 pacientes confirmados con Covid-19 permanecen ingresados en los hospitales cordobeses, de los que 10 se encuentran en alguna Unidad de Cuidados Intensivos (UCI). La Comunidad Autónoma, por su parte, contabiliza oficialmente 1.371 fallecidos por coronavirus y 11.289 personas curadas.

REDACCIÓN / ANDALUCÍA DIGITAL

  • 20.5.20
El Boletín Oficial del Estado (BOE) publica hoy la Orden que regula el uso obligatorio de mascarilla cuando no sea posible mantener la distancia interpersonal de dos metros. De este modo, se establece que "las personas de seis años en adelante deberán llevarla cuando se dé esa circunstancia en la vía pública, en espacios al aire libre y en cualquier espacio cerrado de uso público o que se encuentre abierto al público".



La Orden señala que es también recomendable para los niños de entre 3 y 5 años y que, preferentemente, deberán usarse las mascarillas higiénicas y quirúrgicas, que cubran nariz y boca. No será exigible su uso, en cambio, en las personas que presenten algún tipo de dificultad respiratoria que pueda verse agravada por su uso, las que tengan motivos de salud debidamente justificados o aquellas que por su situación de discapacidad o dependencia presenten alteraciones de conducta que lo hagan inviable.

Además, el texto indica que no será exigible tampoco en el desarrollo de actividades en las que, por la propia naturaleza de estas, resulte incompatible su uso o si existe una causa de fuerza mayor o situación de necesidad. Tampoco será obligatorio en el desarrollo de actividades que resulten incompatibles, tales como la ingesta de alimentos y bebidas.

REDACCIÓN / ANDALUCÍA DIGITAL


  • 20.5.20
“Todos nuestros doctores más sabios y entendidos están de acuerdo al afirmar que las cosas visibles son imágenes verídicas de las cosas invisibles…”. Nicolás de Cusa (1449: Apologia doctae ignorantiae).



Una escultura, una pintura, un dibujo, una fotografía, la imagen televisiva o la imagen de un videojuego son ejemplos de diversos tipos de imágenes. ¿Qué es lo que tienen en común? Son una forma de comunicación, de transmitir información, de expresar sentimientos o ideas, de representar la realidad o, mejor dicho, de representar nuestra forma subjetiva de vivir la realidad.

Las imágenes que nos acompañan cada día, y ahora más que nunca en el confinamiento de nuestros hogares, hacen visible lo invisible, nos muestran lo que no podemos ver por nosotros mismos. Nos acercan las vistas de ciudades vacías y de hospitales llenos. Y desde los televisores nos permiten compartir ficciones de otras guerras y otros amores.

Las imágenes pueden tener una función más utilitaria haciendo visible aquellas informaciones que expresadas con palabras no resultan suficientemente claras. Un mapa nos muestra de un vistazo lo que difícilmente podríamos contar verbalmente, un gráfico nos permite apreciar la evolución de un proceso, una partitura musical registra los sonidos que la componen, …

Las imágenes también nos permiten escudriñar otras esquinas de la realidad, incluso aquellas más lejanas e inaccesibles a nuestra percepción natural. Podemos ver la imagen microscópica del virus o las de estrellas y agujeros negros.

Todo lo que miramos es fuente de nuestros recuerdos posteriores, pero también de nuestros sueños y fantasías. Las imágenes vistas se transforman en los intrincados laberintos de nuestro cerebro en extraños personajes que habitan ciudades y paisajes que escapan a las leyes de la física y de la biología: fantasmas y unicornios, edificios espléndidos o terroríficos.

La alquimia de la imaginación construye con los ladrillos de la realidad natural el camino a lo “sobrenatural”, lo que está más allá de nuestra ascética realidad circundante. Los sueños, soñados mientras dormimos o ensoñados en la vigilia, nos permiten mirar lo invisible, vislumbrar lo que sólo existe en el interior de nuestras conciencias.

Hay otro tipo de imágenes que también solamente son visibles para el que las ve: las alucinaciones producidas por cualquier alteración del funcionamiento del cerebro, desde los leves déjà vu o las auras de algunas migrañas a los desdoblamientos de personalidad esquizofrénicos o los viajes del chamán bajo el efecto de sustancias psicoactivas. Pero en estos casos el sujeto no las considera como fruto de su conciencia subjetiva sino como realmente percibidas.

Se abre una brecha sobre la certeza que creíamos tener sobre la nítida frontera entre las imágenes que percibimos (objetivas) y las que imaginamos (mentales, subjetivas). Y parece que esa brecha es de ida y vuelta y, frecuentemente, proyectamos sobre la realidad, las fantasías imaginadas a las que damos carta de naturaleza y como dice Benina, un personaje de Pérez Galdós en Misericordia: “También te digo que suceden a veces cosas muy fenómenas, y que andan por el aire los que llaman espíritus o, verbigracia, las ánimas, mirando lo que hacemos y oyéndonos lo que hablamos. Y otra: lo que una sueña, ¿qué es? Pues cosas verdaderas de otro mundo, que se viene a este…”.

De aquí no hay más que un paso a utilizar las imágenes para hacer visibles las fuerzas o seres sobrenaturales que escapan a nuestra percepción natural. Y lo que es más interesante, al plasmar materialmente a los dioses en piedra o madera no solo les damos una forma visual, sino que de alguna manera lo que únicamente podía tener una existencia subjetiva en nuestras mentes, adquiere una cierta objetividad. Hacemos visible para los demás, lo que hasta entonces era invisible.

Las imágenes representan retazos de nuestra experiencia visual, hacen visibles nuestras ideas acerca de la realidad y los símbolos de aquellas vivencias sagradas que no pueden experimentarse visualmente. Las imágenes reflejan la realidad y la construyen, entendiendo por realidad ese conjunto de objetos, acciones, concepciones, creencias y sentimientos propios de cada cultura humana.

El contenido de las imágenes siempre se refiere a esa realidad pasada por el tamiz de la conciencia subjetiva que la transforma y la enriquece. Las imágenes son una forma de representar nuestra forma subjetiva de vivir la realidad.

En cuanto a la forma en que las recibimos, las imágenes pueden gustarnos más o menos, pueden asociarse a objetos reales, pueden recordar algo. Representan cosas, hechos históricos, personajes célebres, dioses y también sentimientos e ideas abstractas. Es importante su contenido y, no menos importante, su capacidad expresiva, sus valores estéticos.

Pueden ser una fuente de placer y de diversión, tanto por el contenido representado como por los valores estéticos de la forma de representación. A todos nos atrae lo bello en la naturaleza y es agradable que los artistas lo reflejen en sus obras. Probablemente lo primero que nos atrae y en lo primero que nos fijamos de una persona del sexo opuesto es su apariencia física, su “imagen”. También le damos mucha importancia a la imagen personal en las relaciones sociales.

Las expresiones artísticas y el interés por el aspecto estético de los objetos parecen haber existido siempre y en todas las sociedades humanas. Así que esta amplia presencia de lo “bello” debe estar relacionada con una importante funcionalidad social, e incluso biológica. Ver paisajes bellos, ver cosas bellas, poseer cosas bellas, producir cosas bellas, produce una importante satisfacción que es, fundamentalmente, de carácter emocional.

Pero lo más importante es que las emociones generadas por las imágenes inciden en creencias y comportamientos, ya que como dice Manuel Castells, la forma en que sentimos estructura la forma en que pensamos y como consecuencia la forma en que actuamos. Y las imágenes pueden ser (y generalmente lo son) muy eficaces en la creación de opiniones y valores sociales y por lo tanto tienen una gran capacidad para mover a la acción.

JES JIMÉNEZ
  • 20.5.20
La Guardia Civil ha detenido en Baena a dos personas por la venta fraudulenta de material sanitario a través de Internet, a las que se les imputa un delito continuado de estafa. Las investigaciones, que dieron lugar a la activación de la Operación Maskos, se iniciaron tras conocerse una serie de envíos a diferentes puntos del territorio español y a través de empresas de mensajería, de material para prevenir supuestamente el coronavirus.



Tras un primer examen de la documentación que acompañaba a dichos envíos, se constató que todos ellos habían sido efectuados por una empresa ubicada en la localidad de Baena, entre el 30 de marzo y el 1 de abril pasados. Además, dicha empresa había publicado recientemente en una conocida página web numerosos anuncios ofertando mascarillas de altas prestaciones, del tipo FFP2 3M.

A través de estos anuncios, las víctimas contactaban con el supuesto estafador y acordaban la venta de los productos, que en alguno de los casos ascendía hasta los 3.000 euros y que nunca llegaban a recibir. Con posterioridad, las víctimas realizaban el pago o parte de este, mediante dos modalidades: contra reembolso o mediante ingreso en algunas de las cuentas bancarias que utilizaban.

Para dar una mayor garantía en la venta y credibilidad a la estafa, a las víctimas se les facilitaba el estado de seguimiento de los envíos, con lo que se conseguía tiempo suficiente para recibir el abono del dinero acordado, o parte de este, antes de recibir supuestamente las mascarillas compradas.

Los agentes centraron su investigación en el entorno de la empresa que ofertaba las mascarillas, así como en el análisis de las transacciones correspondientes a los pagos efectuados. Tras estas indagaciones se logró identificar al supuesto autor de los hechos, un vecino de la localidad de Baena, que había sido administrador de la empresa que ofertaba las mascarillas y que se pudo valer de los documentos de constitución de la misma para llevar a cabo los envíos a nombre de dicha empresa, la cual había vendido a otra persona meses antes.

Una vez identificado el autor de los hechos, se procedió a su localización y detención en la localidad de Baena por un supuesto delito de estafa continuado, con el agravante de que el objeto de la estafa era la venta de material de protección ante el Covid.19, concretamente mascarillas, cuya venta se encuentra regulada mediante orden ministerial con el fin de proteger la salud pública.

A raíz del estudio de las cuentas bancarias donde se llevaron a cabo los ingresos denunciados, se identificó a una segunda persona que podía estar relacionada con alguno de los hechos investigados, por lo que se inició una nueva línea de investigación.

Los agentes descubrieron que esta persona, junto con el anteriormente detenido, se hacía pasar por trabajadores de empresas relacionadas con la distribución de mascarillas y otro tipo de material de protección, como guantes y alcohol, para dar mayor credibilidad ante sus víctimas.

Para ello utilizaban el nombre de varias empresas, distintas identidades y varias líneas de teléfono móvil, llegando a cerrar ventas con dos empresas distribuidoras de dicho material por importe de  2.629 y 5.800 euros que, tras abonar el total de lo acordado, solo recibieron parte del material que les habían comprado. Por ello también se procedió a la detención de esta segunda persona implicada en los hechos.

Hasta el momento se han detectado unas 26 supuestas estafas a perjudicados, viéndose afectados desde particulares, a empresas distribuidoras de productos sanitarios e, incluso, farmacias de todo el territorio nacional. Se recuerda que la Guardia Civil mantiene abierto un canal de comunicación para la recepción de denuncias por estafas relacionadas con la crisis del Covid-19, a través del correo electrónico ciberestafas@guardiacivil.org.

REDACCIÓN / ANDALUCÍA DIGITAL


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