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COLEGIO PROFESIONAL DE PERIODISTAS DE ANDALUCÍA

domingo, 5 de febrero de 2023

  • 5.2.23
Con motivo de su presencia en Córdoba para la presentación de su último libro, Feminismo e islam, he tenido de nuevo ocasión de charlar de manera tranquila y extensa con Waleed Saleh, que es traductor y profesor de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM) en Estudios Árabes e Islámicos.


Debo apuntar que siempre resulta muy grato departir con alguien que tiene tanto conocimiento sobre los temas tratados y que los expresa con verdadera claridad. Esto puede entenderse si consideramos que es autor de una quincena de libros, entre los que se encuentran El ala radical del islam. El islam político: realidad y ficción; Librepensamiento e islam; Amor, sexualidad y matrimonio en el islam; Siglo y medio de teatro árabe; Ética laica (obra colectiva), etcétera.

Puesto que hace algo más de un año que comenzamos a hablar del mundo musulmán, lo que dio lugar a un artículo, Islam, democracia y laicismo, publicado con esta segunda parte, otra vez volvemos a hacerlo teniendo como punto de partida la situación de la mujer dentro del mundo islámico. Pero, previamente, conviene tener más información de una cultura de la que tenemos un escaso y sesgado conocimiento.

—Si te parece, Waleed, podríamos comenzar esta primera parte de la charla que ahora retomamos de forma que nos aclararas algo sobre la confusión que se suele establecer entre el mundo árabe y el islam, este como religión de los musulmanes.

—Sobre esto que me preguntas, tengo que indicar que son dos realidades diferentes, aunque están relacionadas entre sí. El árabe es una lengua de la familia semítica al igual que el hebreo, el acadio, el babilónico o el arameo, por lo que cuando se habla del mundo árabe hay que tener en cuenta la condición lingüística, no la religiosa. Se trata, pues, de 22 países ubicados geográficamente entre Marruecos, en Occidente, y Omán, en Oriente. Entre ellos están Argelia, Túnez, Libia, Mauritania o Egipto, en África, y Jordania, Líbano, Siria, Iraq y los países del Golfo, en Asia. Todos tienen el árabe como primera lengua oficial y se encuentran reunidos en la Liga de los Estados Árabes, fundada en 1945, siendo una organización que vela por los intereses culturales, sociales y económicos de estos países.

—¿Y el mundo musulmán?

—Cuando se nombra al mundo musulmán se tiene en cuenta la fe islámica; pero no las lenguas. En este caso, los países musulmanes también están reunidos en la Organización de Cooperación Islámica, formada por 57 países de mayoría musulmana: los 22 países árabes y otros 35 no árabes, repartidos entre cuatro continentes. Esta organización fue fundada en 1969 a raíz del ataque y el incendio de la mezquita de al-Aqsa en Jerusalén por soldados israelíes.

Por otro lado, debemos tener en cuenta que en los países árabes, aparte de musulmanes, existen otras minorías como cristianos, judíos, yazidíes…, pero el elemento común entre la mayoría de sus ciudadanos es la lengua árabe. Mientras que en el mundo musulmán sería el islam el elemento común, incluyendo a países con una lengua diferente al árabe, como el turco en Turquía, el persa en Irán, el urdu en Pakistán, el indonesio en Indonesia o el bosnio en Bosnia-Herzegovina (país europeo).

—Creo que ya entendemos bien la diferencia entre árabe y musulmán. Nos hablas de minorías religiosas en países árabes, por lo que me hago la pregunta: ¿Tienen estas minorías los mismos derechos que los musulmanes?

—Las minorías religiosas que viven en los países de mayoría musulmana tienen, en teoría, los mismos derechos y obligaciones que los ciudadanos musulmanes. Gozan de la libertad de culto y de otras prácticas religiosas, pero se sienten discriminados en algunos aspectos. Los coptos cristianos en Egipto, por ejemplo, se quejan de las trabas que la Administración les pone para la construcción de una nueva iglesia; mientras que los musulmanes cuentan con todo tipo de facilidades para levantar una nueva mezquita.

—¿Cómo se hace uno musulmán? ¿Un niño pequeño puede ser musulmán?

—Existen dos formas. El niño que nace en una familia musulmana es automáticamente musulmán: no necesita bautizo ni confirmación como ocurre en el cristianismo. Y la otra es la conversión: un no musulmán puede abrazar el islam pronunciando la frase como adscripción a la fe musulmana: “Profeso que no hay dios sino Dios y profeso que Mahoma es su mensajero”. Esta conversión para que sea válida debe ser sincera emanada del corazón, por lo que el nuevo musulmán deberá cumplir con las obligaciones y ritos del islam.

El problema aparece en sentido contrario, es decir, cuando un musulmán quiere renegar o apostatar de su fe. En el islam no existe la libertad de conciencia, por lo que al apóstata se le da un plazo de tres días para arrepentirse. Esto conlleva a que en trece de los 57 países de mayoría musulmana el castigo de la apostasía sea la ejecución; en otros, la condena puede ser la cárcel o el castigo físico en forma de latigazos.

—Pasemos a hechos más recientes. Como bien sabes, no hace mucho se celebró el campeonato mundial de fútbol en Catar, lo que generó una gran polémica puesto que en este país no se respetan los Derechos Humanos. Sus defensores, sin embargo, sostenían que el celebrarse en un país como Catar podría suponer un avance en derechos, especialmente, para las mujeres. ¿Tú lo crees así?

—Como bien sabemos, la economía y el dinero tienen un poder extraordinario en la vida moderna a nivel mundial, por lo que el fútbol, como otras actividades comerciales o lúdicas, suele dejar la ética y los derechos humanos en un segundo lugar.

Catar es un país rico productor de gas y petróleo con una población que no llega al millón de habitantes. Su renta per cápita alcanza los 90.000 dólares al año para nacionales y extranjeros cualificados; no para los trabajadores de construcción y de otros servicios. Por otro lado, este país invierte en negocios internacionales y en equipos de fútbol, al tiempo que apoya económicamente a grupos islamistas en Egipto, Libia y en otros lugares, manteniendo una buena relación con los talibanes de Afganistán y con el régimen iraní; a diferencia del resto de los países del Golfo.

El Gobierno de Catar suele gastar grandes cantidades de dinero para mejorar su imagen, por lo que el Mundial de Fútbol, celebrado en diciembre de 2022, perseguía este objetivo. Se ha criticado, con razón, la situación de los trabajadores extranjeros que han participado en la construcción de los estadios, las carreteras y otros servicios dedicados al Mundial, así como los derechos de la mujer catarí que sufre, al igual que las mujeres de la mayoría de los países musulmanes, discriminación y marginación.

En mi opinión, durante el Mundial de Fútbol se han juntado dos partes: Catar y la FIFA, que se mueven por corredores oscuros con intereses opacos y poco amigos de los derechos humanos. De todos modos, conviene subrayar el deterioro de los derechos humanos a nivel internacional, paralelamente a la subida de las fuerzas racistas y fascistas que encuentran cada vez más espacios en la política y en las sociedades del mundo occidental, y que, a mi modo de ver, deberían también recibir el mismo rechazo que ha recibido Catar durante el Mundial. Así, por ejemplo, algunos emigrantes en Europa y Estados Unidos reciben el mismo trato que los trabajadores extranjeros no cualificados en Catar.

—Volvamos al tema religioso. Sueles decir que para los musulmanes el Corán es un libro perfecto, al que no se le puede quitar ni una coma. Sin embargo, la Sunna, segundo libro sagrado y pilar del islam, como colección de enseñanzas y dichos del profeta Mahoma, puede dar lugar a distintas interpretaciones.

—El Corán y la Sunna, o trayectoria del Profeta, son las dos fuentes principales del islam. El primero, para la tradición musulmana, es palabra de Dios revelada, entre 610 y 632, al tiempo que texto infalible porque según dicha tradición fue dictado por el Profeta a su escribano Zayd b. Thabit, día a día, sin dejar margen para el olvido o la equivocación. Después, el tercer califa del islam, Otmán (fallecido en 656) lo recopiló, se hicieron copias y así lo conservó para siempre. Por esta razón, los musulmanes creen que el texto coránico no sufrió ningún tipo de cambio o manipulación.

En cambio, la Sunna y, en concreto, los hadices, o dichos del Profeta, según la misma tradición no fueron escritos en el momento. Las fuentes musulmanas afirman que el propio Profeta había prohibido su registro por miedo a que se mezclaran con el texto coránico. Fue Omar b. Abdelaziz (m. 720), octavo califa de la dinastía omeya, nueve décadas después, quien mandó su recopilación.

Después de tanto tiempo, los compañeros de Mahoma, que conocían sus narraciones, habían fallecido, al tiempo que habían desaparecido varias de las generaciones siguientes, por lo que se introdujeron muchos textos falsos e inventados por intereses sectarios o de otra índole. Por esta razón, los estudiosos del hadiz lo clasificaron en varias clases según su fiabilidad: sagrado, correcto, bueno, aceptado, débil, rechazado…

—Waleed, en tus conferencias sueles decir que es muy fácil ser musulmán, pero que es muy difícil salir de esta religión. Tal como nos has indicado, la apostasía en varios países musulmanes está castigada incluso con la pena de muerte. ¿Quién dictamina que un musulmán ha hecho apostasía?

—La acusación por apostasía en el islam tiene que ver con un hecho histórico. Al morir el Profeta en 632, bastantes musulmanes renegaron de su fe. El primer califa Abu Bakr (m. 634) luchó contra ellos y asesinó a muchos siguiendo las exigencias del Corán y la tradición del Profeta como castigo de los apóstatas. Este hecho se convirtió en norma a lo largo de la historia del islam, de esta forma, cualquier crítica hacia el Corán o el Profeta es considerada un acto de apostasía y su condena es la muerte.

Por otro lado, suelen ser los tribunales canónicos de los países de mayoría musulmana quienes dictaminan esta sentencia. Ciertas instituciones religiosas como al-Azhar tienen competencia para emitir este tipo de condenas y, en ocasiones, son destacados ulemas, como ocurrió con el líder iraní Jomeini en su condena a Salman Rushdie en 1989.

—Con frecuencia, solemos escuchar que hay musulmanes suníes y chiíes, junto a otras ramas menores. ¿Puedes explicar las diferencias entre ellos?

—Al igual que el cristianismo que cuenta con diferentes grupos y doctrinas, como el catolicismo, el protestantismo o el evangelismo, el islam tiene también diferentes ramas, siendo las más conocidas el sunismo y el chiísmo. Los suníes se conocen como los ortodoxos o los seguidores de la Sunna, la trayectoria del Profeta. Los chiíes, en cambio, son los seguidores de Ali (m. 661), primo y yerno de Mahoma, cuarto califa del islam y fundador del chiísmo. Debido a un acontecimiento político en tiempos del citado califa, los musulmanes se dividen en las dos ramas ya mencionadas.

Los dos grupos consideran el Corán y la Sunna como fuentes principales de su fe, aunque los chiíes no aceptan algunos hadices, o dichos del Profeta, considerados ciertos por los suníes. Estos últimos, en cambio, no ponen como condición que el imam (líder político religioso) sea de la familia del Profeta; mientras que los chiíes sí ven necesario que el imam sea descendiente de la familia profética y concretamente de la rama de Ali, al tiempo que creen que el imam es infalible y conocedor de lo oculto.

—Para cerrar esta primera parte, quisiera que comentaras dos términos que se suelen emplear con cierta frecuencia por los medios de comunicación. Por un lado, se encuentra el de ‘antisemitismo’ usado por los defensores de la política del Gobierno israelí; al tiempo que, por otro, se habla de ‘islamofobia’.

—"Antisemitismo" es un término manido y manipulado por intereses políticos y se usa como coartada para silenciar cualquier crítica hacia el Estado de Israel, aunque sea justa. Esta palabra se ha convertido en sinónimo del "odio al judío", lo que es una interpretación errónea. El "semitismo" es un término que procede de la familia de las lenguas semitas que abarcan el hebreo, el árabe, el asirio, el arameo y otras lenguas orientales. Por lo tanto, árabes y hebreos son semitas y un árabe no puede ser antisemita porque él es semita al igual que el hebreo. Además, no todos los judíos son hebreos porque depende de la lengua materna que ha tenido cada uno de ellos. Así, hay judíos árabes, rusos, etíopes o polacos que no tienen nada que ver con el hebreo.

Por otro lado, "islamofobia" es otro término acuñado recientemente para calificar actitudes contrarias al islam o el odio hacia esta fe. No cabe duda de que existe este tipo de sentimiento, especialmente por parte de grupos y partidos políticos de extrema derecha en Occidente. Lo que no se debe aceptar es considerar que cualquier crítica, aunque sea constructiva hacia el islam, como un ataque o insulto hacia esta religión.

AURELIANO SÁINZ

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