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Aureliano Sáinz | Almudena y los grandes pintores

Seguir la evolución de los trabajos que realizan algunos niños es una de las tareas que siempre he llevado a cabo, pues la singular creatividad que tempranamente se despierta en algunos de ellos es motivo de alegría –o de cierta decepción– dependiendo del apoyo que reciban por parte de sus padres o del centro en el que estudian.


Es lo que sucede con un caso muy especial del que no hace mucho publiqué en este mismo medio un artículo titulado Almudena, una niña con TEA, es decir, una niña que sufre el denominado Trastorno del Espectro Autista. Vuelvo de nuevo a hablar de ella dados los avances que se producen en su evolución en el campo del dibujo y de la pintura.

Tengo que apuntar que Almudena en la actualidad tiene doce años, que cuenta con un magnífico padre con el que charlo de modo habitual sobre ella cuando nos vemos en su lugar de trabajo, y con una admirable madre, que fue alumna mía en la Facultad en la que desarrollo la docencia, ya que desde hace algunos años tiene el grado de maestra en Educación Infantil.

Los datos anteriores son importantes, ya que sus propios padres, su familia y el centro en el que la niña estudia han sido fundamentales para que se sienta entusiasmada con su mundo artístico en el que encuentra cauces de salida a sus capacidades creativas. Y es que, en la actualidad, entre otros tipos de actividades, está embarcada en la interpretación que ella hace de las obras de grandes pintores del siglo veinte e, incluso, de etapas anteriores.

Pero antes de mostrar algunos de sus trabajos y compararlos con los originales, debo decir que Almudena, dada la inteligencia visual que tiene, tal como acontece con otros niños autistas, antes de ponerse a pintar solo ha visto durante un momento una lámina del cuadro que desea reproducir a su modo. Esto es algo sorprendente, pues cualquier otra persona estaría mirando de manera continua para seguir la composición que desea reinterpretar.


De este modo, si observamos el dibujo suyo que he utilizado como portada del artículo, comprobamos que es una interpretación que ella misma hace del cuadro titulado La persistencia de la memoria de Salvador Dalí. Si nos fijamos despacio, en el cuadro de Dalí no aparecen ni el sol ni los dos animalitos que ella ha incorporado, pues le resulta extraño que en un lienzo no haya seres con vida, sean personas o esos pequeños animales que tanto le gusta mostrar en sus trabajos.


Si hay un pintor que especialmente le apasiona ese es Pablo Picasso, uno de los grandes genios del arte del siglo pasado. En esta ocasión mostraré un par de interpretaciones que ha realizado Almudena, comenzado por la que lleva el título de Dos mujeres leyendo que el pintor malagueño realizó en 1934.

Lo sorprendente de la niña es que ha sabido captar las complicadas posiciones de los cuatro brazos y manos de los dos personajes; cuestión que para cualquiera de nosotros nos resultaría difícil si no nos detenemos un tiempo para ser capaces de distinguirlas dentro de la estética ‘cubista’, que fue uno de los estilos pictóricos del genio español.


La segunda de sus interpretaciones recientes de las obras de Picasso es aquella que hace referencia al lienzo denominado Tres músicos de 1921. Como podemos observar en la obra original, las figuras creadas por el pintor malagueño apenas aparecen insinuadas, dado que con la estética cubista quedan transformadas de tal manera que parecen partes de láminas recortadas y ensambladas en una especie de collage.

Sin embargo, esto no es problema para Almudena, quien, tras una mirada, se atreve a elaborar una obra en la que cada figura, sea humana o animal, adquiere una identidad que en la original queda bastante diluida.


Mayor identidad tienen las figuras del pintor francés Henri Matisse, pues la búsqueda de este artista estaba centrada principalmente en la exaltación del color, tal como podemos apreciar en Pecera con gato, obra de pura emoción cromática, pues Matisse no le daba importancia a que el tema fuera algo tan sencillo como el tratado.

Por su parte, la interpretación que hace Almudena responde a esa alegría vitalista que ofrecen los colores puros y primarios –rojo, amarillo, azul– junto con algunos secundarios, caso del verde y el naranja, que con tanta frecuencia aparecen en los lienzos del pintor galo.


La vida del pintor austríaco Gustav Klimt osciló entre finales del siglo XIX y principios del XX, ya que nació en 1862 y falleció en la capital, Viena, en 1918. Es el creador que mejor simboliza el arte pictórico de Austria.

Por otro lado, si hubiera que citar una de sus obras, sin lugar a duda, sería El beso la más representativa. Este cuadro, universalmente conocido, lo reinterpreta Almudena a su forma, ya que los dos personajes enamorados que unen sus rostros con una fuerte carga de romanticismo, la niña lo interpreta como si fuera un único semblante.


Cerramos este recorrido por la pintura que ahora le apasiona a Almudena con otra obra que también tiene un reconocimiento internacional. Me refiero a La joven de la perla, que entre 1665 y 1667 realizó el pintor holandés Johannes Vermeer.

La libertad creativa de Almudena da lugar a que no sea el título del cuadro lo que le llama la atención, pues la perla la transforma en un pendiente colgante rojo que bien respondería al gusto femenino actual. Lo que sí tiene importancia para ella es el turbante azul con el que se cubre la joven pintada por Vermeer, al tiempo que la niña destaca las pestañas, muy en la línea de la estética de la mujer de hoy en día.

AURELIANO SÁINZ
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