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domingo, 29 de agosto de 2021

  • 29.8.21
“¡Ay de los vencidos!” es una frase de procedencia romana (aunque en latín es ¡Vae victis!) que, de modo breve, anuncia el horror que van a sufrir quienes fueron derrotados en la guerra desatada. Pero no solo van a padecer este tormento quienes combatieron en los frentes, sino que también lo sufrirá gente no combatiente como sus familias y aquellos inocentes, caso de los niños, que en el fondo no entendían las razones de esa contienda.


Es lo que en estos días estamos contemplando casi en directo cuando los talibanes han tomado Kabul, la capital de Afganistán, y han declarado que implantarán la Sharía, o ley islámica, que para nada supone un respeto a los Derechos Humanos aprobados en 1948 por todos los países que forman parte de las Naciones Unidas.

No voy a describir la tragedia que supone esta ley especialmente para las mujeres, que las condena a una semiesclavitud desde que son niñas, puesto que se les niegan los derechos básicos de todo ser humano.

Y puesto que estamos en un mundo globalizado, en el que las noticias en forma de imágenes nos llegan con toda prontitud, comprobamos los deseos desesperados de una parte de la población que busca ser evacuada de su país porque es consciente de la situación que les espera bajo el régimen de los talibanes.

Esta es una tragedia que se repite casi constantemente: la huida de la población civil hacia otras partes del país o fuera de las fronteras para evitar ser víctimas de la guerra, porque ya no hay campos de batalla separados: también los pueblos y ciudades son escenarios de combates y bombardeos.

No hace mucho, esto mismo lo comprobamos en Siria, un país cercano a Afganistán, con la secuela de una parte de la población que huía de las matanzas que se producían por los bombardeos de sus ciudades. Era la odisea de los refugiados que buscaban ayuda en otros países. También esto fue lo que aconteció en la larga Guerra Civil española, cuando ya el Gobierno republicano apenas podía mantenerse ante el avance de las fuerzas comandadas por Franco.

Entonces no había cámaras que pudieran filmar el dolor de las familias al tener que desprenderse de sus hijos menores para que fueran evacuados, por distintos medios, y pudieran ser acogidos en las denominadas "colonias infantiles" que se habían creado en algunas zonas republicanas en las que todavía no habían penetrado las fuerzas que se habían alzado contra el Gobierno de la República o aquellas otras que se encontraban en el sur de Francia.

Pero los niños tienen memoria, guardan esos intensos recuerdos que archivan en sus mentes sobre las penalidades que contemplaron y que sufrieron en esas evacuaciones que a toda prisa hubo que organizar y que ellos, a fin de cuentas, protagonizaron.

En aquellos años, y en algunas de esas colonias infantiles, había cuidadores que los invitaron a que dibujaran los recuerdos de las evacuaciones que padecieron. Era una forma de dar voz, aunque de manera gráfica, a la parte más indefensa de la guerra.

Esto es lo que se recoge en la excelente obra El dibujo infantil de la evacuación durante la Guerra Civil española (1936-1939) de José Antonio Gallardo Cruz, profesor jubilado de la Universidad de Málaga, que ahora me sirve para mostrar esa cara poco conocida y que, sin embargo, de nuevo contemplamos en las pantallas del televisor.

Antes de pasar a presentar y comentar los diez dibujos que he seleccionado, quisiera decir que, tal como indica el autor del libro, proceden de los archivos de la Biblioteca Nacional de España (Madrid), de la Avery Architectural & Fine Arts Librery de la Universidad de Columbia y de los Fondos Alexander Albert MacLeod (Ontario, Canadá).

Comienzo por el dibujo de la portada. En este caso, no se sabe si fue un niño o una niña quien realizó este dibujo de 1938, puesto que está firmado por F. Sanz Herranz. En la escena se comprueba que la evacuación se realiza en un tren para llevarlo a la colonia escolar madrileña del Balneario de Bellús, localidad valenciana.

Ahí se ve a una madre, con ropaje muy pobre, que entrega su pequeño hijo a un pasajero, escena que nos recuerda a lo que ha acontecido recientemente en el aeropuerto de Kabul, cuando desde la multitud se le da a un soldado estadounidense un bebé para que se lo lleve lejos de Afganistán.


Este magnífico dibujo corresponde a una niña llamada Rafaela Jover Rodríguez, cuya edad se desconoce, aunque me imagino que estaría en los inicios de la adolescencia, por su gran capacidad gráfica para representar el interior de un vagón lleno de niñas que las llevarían a la colonia escolar madrileña del Balneario de Bellús.


Si en los dibujos anteriores aparecen escenas de la salida y del interior de un tren, en este caso se trata de un recibimiento en el andén de una estación. El dibujo fue realizado por Carlos Campos, un niño de 12 años, que representa la alegría con la que fueron acogidos los niños evacuados por la gente que acudió a recibirlos, ya que estaban destinados a la colonia escolar turolense Germán Araudo de Alcañiz.


También la vía marítima fue un medio de evacuación que se utilizó habitualmente para desplazar a los niños a campamentos fuera de nuestro país. En este caso se trata del dibujo de un chico de 13 años llamado Ezequiel Tierra quien nos muestra un barco a vapor con la bandera francesa, ya que su destino y el de todos lo que abarrotaban el navío era la colonia francesa de Chenay.


No toda la memoria de los evacuados estaba centrada en el medio por el que se les llevaba fuera de sus lugares de origen. Dentro de los dibujos también se muestran escenas de los desastres de la Guerra Civil que siempre quedarían en sus recuerdos. Es lo que manifiesta gráficamente Antoni Ferré, natural de Barcelona y que por entonces contaba 11 años.


También el automóvil fue otro medio inicialmente utilizado en determinadas situaciones. Esto lo plasma Ramón Hernández, un chico de 13 años que fue evacuado al Centro español de Cerbère, una localidad francesa cercana a la frontera con España. En la lámina, el propio autor escribió: “Este dibujo representa nuestra evacuación. Con nosotros va otra familia que es la que nos invitó a subir al auto”. Ahí aparece el pequeño Ramón cogido de la mano de su madre con destino a un país extranjero en el que quedará acogido.


También encontramos magníficos dibujos como es el que realizó Ricardo Prat, un niño de 12 años que fue evacuado el 11 de febrero de 1938, ya que él mismo se encargó de escribir la fecha de su partida, al tiempo que, con una excelente caligrafía, había dejado escrito en la propia lámina: “Mi madre la mañana de la evacuación”. Su destino era la colonia francesa de Mas Éloi, que se encuentra en Limoges.


Como podemos suponer, la familia se convertía en protagonista de muchas de las escenas que representaron quienes, dolorosamente, se tenían que despedir de la suya. Es lo que plasma Pepita Blanch Manero, niña de 11 años, que dejó escrito (y que transcribo textualmente, tal como lo hizo la propia niña): “Este dibujo representa mi mamá mi papá yo y mi hermana y una ti mia que nos vamos en Cervere el dia de la evacuación”.


Es frecuente que los niños narren gráficamente no solo lo que recuerdan visualmente de acontecimientos vividos, sino que también incorporen diálogos dentro de la escena que han plasmado. Es lo que realizó Alfonso Ortuño Núñez, un niño de 11 años, que fue evacuado a la colonia familiar de Puebla de Larga, situada en Valencia. Tras el título, “Escena de evacuación”, en los camiones ha escrito “Evacuados”, al tiempo que utilizando globos de cómics expresa lo siguiente: “Salud mamá”, “Salud, hijo”, “Espere”, “Espere que yo también quiero subir”...


Para cerrar esta breve selección de dibujos, quisiera indicar que no eran frecuentes las manifestaciones de carácter político en los dibujos de los evacuados. Quizás, la más habitual era el dibujo de la bandera tricolor de la República, que era la que ellos habían visto desde muy pequeños. Sin embargo, en este ingenuo dibujo de María Benítez, una niña de 12 años, que iba destinada a la colonia francesa de Sant Hilaire, encontramos escrito por ella misma: “Cuando salíamos de Málaga antes de entrar los fascistas”, al tiempo que dibuja una bandera republicana en el vehículo que los lleva a este centro, muy alejado de su tierra.

AURELIANO SÁINZ

GRUPO PÉREZ BARQUERO


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