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jueves, 16 de julio de 2020

  • 16.7.20
Con bastante curiosidad, manchada de temor por lo que pueda encontrar de nuevo, hago un rastreo por la prensa para otear el horizonte que se ha ido dibujando a lo largo de la semana pasada. Como no podía ser de otro modo, salvo milagros en los cuales no creo, dicho horizonte está nublado por los rebrotes víricos que lo empañan.



Efectivamente, crecen los rebrotes por buena parte de la península. Empecemos por el terreno que más nos puede interesar sin menospreciar al resto. Hago un rápido repaso, aunque no dejo de pensar en el desbarajuste en que estamos metidos. Desde un principio, los números de afectados o muertos nos ha llevado de calle. Las cuentas nunca han coincidido, ni oficiales ni sanitarias. La madeja sigue enredada.

En la fase actual, los rebrotes han alcanzado una buena cifra de afectados y se espera que suban más. Los números que citaré son de la pasada semana y pueden ser tan inciertos como los que nos dan en distintos momentos. Toda la información procede de un rastreo de diversa prensa. ¿Hay falsedad? Por mi parte, no: solo cito, lo cual no quita posibles errores por baile de números.

En Andalucía aparecen 19 brotes activos en Granada, Málaga, Cádiz y Almería, con un total de 349 casos. En el brote de Granada, el culpable es un entierro; en Cádiz, la capital se convierte en una fiesta por el ascenso pero se olvida de las medidas sanitarias y hay cinco positivos en siete días. El personal relega normas ante la alegría deportiva. ¡Viva el Cai!

En Valencia, un cumpleaños colabora en posibles contagios. En Aragón, brotan 68 casos nuevos y se solicita la responsabilidad ciudadana, se insiste en respetar la distancia de seguridad y deciden el uso obligatorio de mascarillas que, dicho sea de paso, también se obliga a usarlas en las comunidades ya citadas. Los rebrotes últimos asustan aunque parece que no alarman al personal. Se han dado más de cien rebrotes. Por ejemplo, en Valladolid han aparecido unos 20 más.

En Baleares van por el mismo sendero en lo referente a las mascarillas, tanto en espacios cerrados como abiertos e, incluso, apuestan por usarlas en casa si hay sobrecarga de ocupantes o alguien de fuera. La medida es obligatoria para residentes y visitantes y en el trabajo todo dependerá de diversas circunstancias laborales.

En Cataluña se duplican los rebrotes en 24 horas y suman 816 nuevos positivos. En la zona leridana superan el centenar de nuevos ingresos con 105 hospitalizados. Datos que reafirman el confinamiento en general y en residencias en particular, en las cuales, el número de fallecidos, en la etapa anterior, ascendió a un 67 por ciento.

En la zona de Hospitalet hay unos 300 casos activos y, de momento, se rechaza confinar a la población. Las autoridades tienen claro que “la situación será complicada durante los próximos meses”. Según Simón, “no sabemos si el brote de Lérida está controlado”. Vamos, que el bichito avanza de manera similar a la de “principios de marzo” (¿?).

El tema residencias da para hacer un buen repaso a enfermos, muertos, encerrados… pero faltan datos y, desde luego, aun estamos muy cercanos al acontecimiento de los hechos, a posibles manipulaciones de datos, tanto de muertos como de vivos y de números totales de contagiados.

Cuando tengamos algo más de perspectiva sobre los hechos acaecidos y el trato que se le ha dado, tanto a nivel estatal como comunitario, podremos extraer una información cierta y más objetiva. Mientras tanto, todo son piedras en tejado ajeno y el cementerio espera pacientemente la llegada de nuevos inquilinos. Pensemos con la cabeza y no con las ganas de juerga.

Pasemos a otros rincones del país. La semana pasada en Galicia aparecen unos 259 contagiados. En A Mariña, el brote sube a 200 casos. En esa semana en el País Vasco había unos 70 contagiados y el sábado aparecían 31 infectados nuevos y un muerto.

El intento de prohibir votar a los contagiados parecía salvarse de momento, aunque… intereses sanitarios frente a intereses políticos entran en juego. El tema complica la situación por ambas partes. En un principio, ni en Galicia ni en el País Vasco podían ir a votar los contagiados con la autorización del Tribunal Supremo (Galicia) y la Junta Electoral Central.

Estamos ante un serio dilema una vez más. En este caso entran en juego la salud de los votantes y el derecho al voto. La autoridad vasca deja claro hace unos días que si los infectados acuden a votar serán penalizados. Y, efectivamente, “el Gobierno Vasco ha prohibido votar a los positivos”. Supongo que la Ley tendrá algo que decir.

Resumiendo, los rebrotes endurecen el confinamiento en determinados territorios. Sanitariamente, Aragón, La Rioja, Navarra, Asturias, Andalucía, Extremadura, Baleares, Cataluña, Cantabria y Murcia están en el punto de mira. Se confirma el aumento de contagios a 2.045 desde el viernes. Cataluña ha triplicado el número de afectados. Es decir, más de la mitad de territorios tienen la soga al cuello.

La información más detestable, si es verdad, es la siguiente: “Muere tras ir a una 'fiesta Covid' organizada por un infectado para ver si alguien se contagiaba”. Suena a masoquismo, a atrevida insolencia moral, a delito, a...

Un soplo de aire fresco para calmar un poco: todo no va a ser negativo. Toledo prohíbe el botellón por miedo a nuevos rebrotes de coronavirus. Todas las precauciones son pocas.

No volveremos a la normalidad que teníamos antes de esta catástrofe. Nuestro mundo está cambiando a una velocidad suave pero continuada. Nueva forma de trabajar, quien tenga tajo; nueva actitud de trato al otro que implica respetar su vida. Contagiarse es fácil y, sin darnos cuenta, lo haremos mal.

Pautas de posible protección: ¿Hay que guardar distancia de seguridad? Es necesario por el bien de todos (para mí y para ti). ¿Hay que llevar mascarilla? Vale más la vida tuya y mía que los inconvenientes de dicho disfraz. Desechemos el bozal con el que podemos terminar el camino. Lavarse las manos es algo rutinario que olvidamos con frecuencia y, sin embargo, amortigua posibles infecciones. Bajar la guardia sería (es) imperdonable y maléfico para la mayoría.

¿Qué hacer con nuestro tiempo libre? Pensemos en cambiar el modo de divertirnos para alejarnos del virus y, aun así, hay riesgo de caer en el hoyo. Ser joven o viejo no exime. Se imponen cambios. Debo cuidarme yo para así evitar dañar el prójimo. Ahora es más entendible la respuesta que abría las líneas de la entrega anterior: “No quiero contagiar a nadie”.

¿Qué puedo hacer para no contagiarme y no contagiar? Creo que lo tenemos claro, otro cantar será que queramos aplicar las medidas que estén en nuestro poder. Los rebrotes aludidos en líneas anteriores hablan por sí solos.

Cumpleaños, entierros, bodas, bares, botellones, playas son lugares de riesgo. Y aquí viene el problema. Todo atracón “exceso en una actividad cualquiera” (sic) puede dejarnos “cao” (K.O.) expresión que la RAE admite como “nocaut” y que define como “golpe que deja fuera de combate” (sic).

Pero nuestra capacidad racional nos lleva algo más lejos y actuamos sabiendo el cómo y el por qué de nuestros actos. Aquí entra en juego la responsabilidad, un valor que compartimos (debemos) todos los humanos. ¿Ser responsable?

Por responsabilidad monda y lironda entendemos la “capacidad existente en todo sujeto activo de derecho para reconocer y aceptar las consecuencias de un hecho realizado libremente” (sic). Una segunda definición hace referencia al “cargo u obligación moral que resulta para alguien del posible yerro en cosa o asunto determinado” (sic).

Cada persona debe asumir responsabilidades sobre su propia salud y, desde jóvenes, entender que su comportamiento tiene consecuencias sobre todo el sistema. Hemos infantilizado a la sociedad diciéndole "no te preocupes, el sistema se va a ocupar de todos". ¡Ojo! dicha actitud es un sendero abierto al borreguismo.

La ruleta de la suerte está en marcha. Nos puede premiar o castigarnos a muerte.

PEPE CANTILLO

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