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jueves, 27 de febrero de 2020

  • 27.2.20
En una entrega anterior decidí abordar el tema del suicidio con cierta prudencia y la intención de tocarlo desde distintos ángulos para ofrecer la mejor explicación posible. Seguiré escarbando por el mismo terreno pero se hace necesario e importante un desvío.



Me refiero al acoso escolar que, por desgracia, de cuando en cuando nos enseña las garras para recordarnos que existe, que está ahí, que desde el patio del colegio o desde Internet se pueden dar situaciones graves entre escolares. Al grano.

A mediados de febrero fue ingresado un alumno de 14 años víctima de bullying al intentar suicidarse. La información al respecto aparece en algunos periódicos, pero me da la impresión de que no en muchos de ellos. Hagamos un breve repaso de los hechos.

El tipo de noticia es de las que te ponen mal cuerpo para todo el día. El tema es grave y se hace necesario sacar consecuencias para buscar remedio. Este tipo de suceso no es la primera vez que se da y no será, para desgracia de todos, la última. El parte dice que “en principio no peligra la vida de este estudiante…”. La amargura no hay quien se la quite.

Estamos ante un caso concreto de acoso escolar en segundo de la ESO. Sobre el tal acosador, que ya fue denunciado por los padres, había una “orden de alejamiento de 50 metros”. El patio del colegio no da para más en cuanto a distancia. Para completar el panorama parece ser que el centro “había instado a los padres del presunto acosador a abandonar el centro, pero rehusaron”.

A la vista de los últimos acontecimientos el padre interpondrá una denuncia al instituto porque “no se está atajando una situación de acoso que viene de lejos”. Con anterioridad el denunciado había “amenazado a la víctima con darle una paliza donde le pillara, que le iba a matar". Hasta aquí un breve extracto de la noticia en el diario Información de Alicante.

Este tipo de temas ya es viejo y cada vez toman más cuerpo los casos de acoso escolar que aumentan día a día. ¿Alarmismo? Desgraciadamente, no. Según datos oficiales a finales de 2019, la cifra de afectados ascendía a 5.557 escolares que sufren alguna de las variantes de acoso en la etapa estudiantil. Esos son solo los casos conocidos.

900 018 018 es el Teléfono contra el Acoso que está a cargo de la Fundación Anar, es confidencial, gratuito y disponible las 24 horas. Pueden llamar tanto agredidos como la familia o personas con información concreta sobre acoso. Las llamadas al teléfono así lo confirman.

Es cierto que dicen (nos dicen) que ha descendido el número de llamadas totales en los dos últimos años. Es fácil manipular una noticia y tergiversar la realidad. El descenso, según entiendo, se debe a que algunas Comunidades Autónomas han puesto en marcha su propio teléfono. ¿Alegría por ello?

Si sumamos datos, de 25.000 llamadas se desciende a 12.000, la mitad. Pero repito que a estos números habrá que añadir las llamadas de las comunidades implicadas en el tema. “Madrid y Andalucía se sitúan como las comunidades con más casos de acoso”.

¿Quién debe denunciar la situación y ante quien? En el mejor de los casos y dada la posibilidad de disponer de varias líneas telefónicas integradas por personas preparadas en este terreno, lo ideal sería que denunciara el sujeto agredido contando con que dicha línea es confidencial, está abierta las 24 horas del día… Pero el sujeto acosado tiene miedo y vergüenza de contar a un extraño lo que le ocurre, con lo cual se está haciendo más daño del que ya recibe y cada día que pasa será más imposible salir del atolladero.

La edad de los acosados se sitúa entre 10 y 13 años y están aumentando las víctimas de edad comprendida entre 8 y 9 años. ¡Alerta! El nivel de acoso ha entrado en Primaria. Este último dato es más preocupante de lo que parece.

En cuanto al acosador, la edad media situada entre 11 y 13 años ha descendido también hasta los 8 años incluyendo Primaria. Los menores de Primaria parece que tienen prisa por ser mayores. En ambos casos parece ser que son más los niños que acosan, aunque bien es verdad que las diferencias con las niñas no son significativas.

¿A qué tipo de acoso nos enfrentamos? Como acoso se clasifica toda forma de maltrato físico, psicológico, verbal, sexual, social o aquel que se produce mediante la utilización de medios tecnológicos.

Los tipos de acoso a los que nos enfrentamos son muchos y variados. La lista que doy a continuación marca algunas parcelas del problema. Bullying, cyberbullying, stalking, sexting, sextorsión, grooming, oversharing... Este último tipo monta un trío peligroso al juntar adolescentes y redes sociales.

¿Quién debe denunciar la situación y ante quién? En el mejor de los casos y dada la posibilidad de disponer de varias líneas telefónica integradas por personas preparadas en este terreno, lo ideal sería que denunciara el sujeto agredido contando con que dicha línea es confidencial, está abierta las 24 horas del día.

Por lo general las personas agredidas, física o psíquicamente no suelen denunciar la situación por vergüenza, intimidación y amenazas que puede llevar el asunto a mayores cotas de daño. Las consecuencias pueden ser muy variadas. Intimidación, ansiedad, tristeza, miedo, bajo rendimiento, aislamiento social entre otros efectos. Podríamos citar como manifestación de lo anterior, y por desgracia, los intentos de suicidio como el ya referido. Pero ¿por qué?

Si consideran a la víctima como un empollón por sacar buenas notas será diana segura para atacarle. Si suspende mucho y el profesorado lo advierte en público, es un zoquete, un burro que no vale para nada y estará en la diana de los acosadores.

En el campo físico pueden aparecer alteración de sueño, problemas digestivos, falta de apetito…Las personas víctimas de acoso tendrán malas relaciones sociales y como secuela de ello poco a poco caen en un rechazo del colegio dado que ir a clase todos los días es un verdadero martirio. Hay que prestar más atención a la marcha de la clase y a los cambios de comportamiento del alumnado tanto en el aula como en el patio.

Pregunta del millón: ¿Y la familia donde está? En la mayoría de casos, es la última en enterarse de la situación y cuando se da cuenta de que algo va mal, puede ser tarde y el mal es ya irreparable. Negro pongo el panorama pero es así.

El procedimiento que se debe seguir, en el caso de tener sospechas y/o información, establece que primero se hace necesario sonsacar toda la información posible del hijo. Segundo, obtenida dicha información, hay que denunciar en la escuela lo que está ocurriendo para que tomen las medidas oportunas y necesarias. Si la escuela no responde hay que saltar a la Inspección Educativa y, por último, el caso se debe denunciar ante la Policía.

Los personajes de este drama convivencial son el acosador, la víctima y el público. Doy breves referencias de cada actor de esta tragedia^, según su importancia. El acosador (él o ella) suele ser prepotente, un respondón que se salta las normas; es un gallito de pelea que busca prestigio en el coro de amigotes que le ríen las gracias. Actúa por diversión sin importarle las consecuencias; le falta empatía y su autoestima es baja, cuestión que compensa haciendo daño y faroleando ante su camarilla de aduladores.

Hay marcada diferencia entre acosador y víctima pues, el primero, necesita protagonismo y el segundo, no. Elige víctimas débiles que no saben qué hacer ante el problema o no pueden hacer nada y ahí reside su éxito. En caso contrario, todo terminaría en una pelea de gallos de corral.

La víctima sufre insultos, burlas y desprecio, empujones, zancadillas, ridiculización, difamación, groserías, motes, se le hace el vacío –ni le hablan ni le dejan que hable–, se le excluye en los juegos, soporta amenazas físicas que suelen cumplirse (el acosador es listo y no dejará huellas físicas que lo delaten).

El público asiste como mirón, silencioso o, en el peor de los casos, jaleando los hechos que se desarrollan en este drama, tal vez por sadismo, por empatía o miedo al acosador, pero en cualquier caso, también juega un papel importante con su no denuncia. Del colegio saltamos a las redes y el problema se hace letal.

La vida no es un juego. Padres y escuela tienen que aunar aun más los esfuerzos para evitar males mayores.

PEPE CANTILLO

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