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viernes, 18 de octubre de 2019

  • 18.10.19
“Que la ponzoña que acecha en el fango salga a la superficie”, dictamina el emperador Claudio, beodo y enigmático, en Claudio, el dios, y su esposa Mesalina, de Robert Graves. Avisado por una profecía, había decidido propiciar que lo peor de Roma saliera a la luz para dar paso a su ansiada República. Consiguió lo primero, pero no lo segundo. Porque como le diría su hijo, ya nadie creía en la República. “Nadie, excepto tú”.



En España, hemos llegado a ese momento. Es el momento de llevar el Procés a su límite. Que todos los actores políticos se muestren tal y como son, tanto de un lado como del otro. Si es que podemos hablar de dos bandos, claro…

Los fanáticos más violentos han salido a la superficie. Siempre han estado ahí, pero ya los podemos distinguir de los pacifistas, supremacistas, sí, pero pacifistas. Ya podemos encontrar al auténtico enemigo que hay que combatir sin contemplaciones.

También podremos ver a víctimas, mutados en verdugos. Junto a los Comitès de Defensa de la República (CDR) hay muchos manifestantes que son jóvenes, estudiantes en su mayoría, producto del adoctrinamiento en las aulas. Personas a las que se les ha dicho que acosar a un españolista es cosa de buen patriota. También ellos son víctimas.

No vemos trabajadores reivindicando una sociedad más igualitaria, ni vemos a personas ordinarias golpeando a policías. Vemos supremacistas y rebeldes de medio pelo. Los que se han cargado la convivencia en Cataluña. No porque muchos no piensen lo mismo, sino porque ya no dan más de sí.

Pero no solo es el momento de identificar y combatir a los radicales que están boicoteando la convivencia en las calles. También es el momento de meter mano a los que han provocado esta situación. No solo los sediciosos, que no son más que una pequeña muestra. Personajes como Elsa Artadi deben ser identificados y anulados de la vida política –democráticamente hablando– antes de que terminen de romper la convivencia en Cataluña. Y también habrá que buscar responsabilidades entre los empresarios que han financiado el Procés. ¿Lo veremos algún día?

No tengo muchas esperanzas puestas en el Kennedy español. Es en un momento como este donde hay que demostrar capacidad, determinación e inteligencia. Y Pedro Sánchez no tiene ninguna de las tres cosas. Tampoco sus rivales políticos han demostrado mucha inteligencia. No dan para más. Esa ponzoña también saldrá a la superficie.

También vemos la mediocridad de un sector de la Izquierda, que condena la violencia, pero se queja de la “represión del Estado”. Esta pandilla también es peligrosa, y es momento de denunciarlo. No se puede estar con la víctima y el verdugo. Y si hay una víctima aquí, es el catalán no independentista, que no ha hecho ningún mal a nadie, que tiene miedo a hablar e, incluso, a salir a la calle.

¿Cómo puede un progresista rechazar la sentencia del Tribunal Supremo? Es lo que tiene el postureo, que no entiende de coherencias. Si la mitad de las energías invertidas por los supremacistas y los progres ‘equidistantes’ en atacar al Estado las hubieran invertido en reivindicar el Estado del Bienestar, España estaría a la altura de Suecia en servicios sociales.

Es un hecho que el Procés en sí “ya no da para más”, como ha señalado el filósofo independentista Bernat Dedéu. No es que todo vaya a acabarse en cuestión de horas, hay para largo. Pero los últimos cartuchos importantes del independentismo se están quemando ahora. La decepción es demasiado grande entre las propias filas.

El propio Joaquim Torra se ha visto obligado a condenar los actos vandálicos de los CDR, a los que tanto ha apoyado. Con más de un centenar de mossos heridos, por no hablar de agentes de otros cuerpos. No ha podido hacer otra cosa. La presión interna es demasiado grande.

Me quedo con que, en este momento, si observamos bien, todos los males del país van a salir a flote. Hay que aguantar el tirón, sin sobreactuaciones y templanza. No es momento para el artículo 155. Hay que dejar que la llama se extinga sola, que se agoten impactando contra el muro de la Ley y el orden.

Y después, hacer lo necesario, que va a ser mucho y doloroso. Y si tiene que ser la aplicación del artículo de marras, bien estará. Pero ahora hay que aguantar y demostrarles que todo lo que están haciendo por esta vía no les servirá de nada.

Mientras que Cataluña siga disponiendo libremente de la competencia en Educación, la ponzoña no hará más que aumentar hasta envenenar toda Cataluña y, con ella, al resto del país.

Haereticus dixit.

RAFAEL SOTO

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