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El maravilloso mundo de Coca-Cola

Si hay un símbolo que represente a Estados Unidos es sin lugar a dudas la botella de Coca-Cola, pues no solamente Andy Warhol la elevó a la categoría de objeto artístico sino que la bebida al cabo de los años ha logrado venderse en todos los rincones del planeta. Esto se debe a que desde 1885 en que John Pemberton, en la trastienda de su farmacia en Atlanta, creara un jarabe a base de cola, y que posteriormente acabaría comercializando con el sonoro nombre de Coca-Cola, no dejaron de crecer sus ventas hasta llegar a nuestros días.

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Pero también Coca-Cola es el símbolo inequívoco del capitalismo, puesto que ha llevado una implacable lucha contra todas las bebidas de cola que se comercializaran en los distintos países para que únicamente fuera la suya la que se vendiera. Y si no lograba derrotarlas en el mercado acudía a la vieja táctica de comprarlas para que la gente de todos los países acabáramos siendo “adictos” a su rutilante brebaje.

Solamente le ha hecho algo de sombra su rival, la también estadounidense Pepsi- Cola, aunque personalmente no me he encontrado nunca con nadie que en un bar la pidiera directamente, sino que se la ofrecían como alternativa a la primera.

El poder de Coca-Cola se comprueba al ser el único producto del mundo que para ser comercializado no da su fórmula completa. Hace años, por ejemplo, el gobierno de la India se lo exigió, pero acabó rindiéndose, de modo que al final admitió que solo le diera una parte de los componentes. De este modo, no sabemos lo que finalmente nos tomamos cuando pedimos la bebida.

Y cuando he dicho que es el símbolo del capitalismo no lo he realizado de forma metafórica. Como ya es sabido, uno de los rasgos del capitalismo es la obtención máxima del beneficio con el mínimo de los costes salariales del trabajo.

Es lo que ha pensado la compañía aquí en España, puesto que, a pesar de los grandes resultados económicos obtenidos (900 millones en el último año), va a realizar una reestructuración de modo que, con un ERE de por medio, cerrará cuatro empresas, con más de 700 despidos y 500 recolocaciones de los trabajadores de la multinacional.

Pero, ¡ojo!, recordemos que Coca-Cola es “la chispa de la vida”, la bebida que nos ha hecho “felices” durante décadas, la que nos ha contado maravillosas historias, la defensora de la vida familiar, la que tras las campanadas de Nochevieja en la Primera Cadena aparecía un spot en el que cantaba, algo así como, “Al mundo entero quiero dar un mensaje de paz…”. En fin, felicidad por doquier.

De todas formas, una cosa es predicar con los anuncios y otra cosa es dar trigo a sus trabajadores. Es lo que habría pensado la directiva de la multinacional cuando ha sacado a la luz una nueva variante de la bebida clásica, que, tras comercializar la “light” y la “zero”, ha lanzado al mercado otra con el nombre de Coca-Cola “life”.

Puesto que a nuestro país no ha llegado todavía, conviene que veamos el spot publicitario que se ha emitido por los canales televisivos de algunos países de América Latina como Chile y Argentina. Desde mi punto de vista, aquí todavía no se ha promocionado por la sencilla razón de que sería una enorme paradoja ver tanta “felicidad” mientras machaca a sus trabajadores. De todos modos, y como primicia, veamos el spot titulado “Ser padres”.



Una vez visto, analicemos algunos de sus componentes narrativos y visuales. Lo primero que llama la atención es el cambio de color de la botella y de la lata hacia el verde, para que nosotros lo asociemos con los valores ecologistas, tal como hacen de manera subrepticia algunas marcas.

Ni que decir tiene que nos presenta a una pareja joven, sin ningún agobio económico, pues como hemos podido comprobar reside en una casa muy acristalada, rodeada de árboles y plantas. Vamos, nada que ver con la mayoría de las parejas jóvenes españolas que viven como pueden.

Pronto la chica le presenta a su pareja una cinta con el signo “más”, en señal de que el análisis le da afirmativo en el embarazo. La alegría y el cambio se instalan en su nueva vida, ya que el pequeño lo modifica todo. Por otro lado, sus travesuras se hacen presentes a medida que crece.

El spot se acompaña de fondo con la canción “To love somebody” de los Bee Gees, de modo que en cierto momento la protagonista del relato le vuelve a presentar otra cinta con el signo positivo, quedándose su pareja, mientras bebe una Coca-Cola “life”, con cara de gran asombro, por lo que parece, siguiendo la voz de Robin Gibb, que en un momento va a gritar de susto. Sin embargo, y como no podía ser de otro modo, el gesto de asombro es de alegría, por lo que abraza a su mujer en señal de felicidad.

Todo un maravilloso cuento navideño si no fuera porque la dura realidad se empeña en pintar de oscuro tanta imagen bonita.

Felicidad que, claro está, no es la que tienen por estas fechas los trabajadores de la marca en España, puesto que muchos de ellos ven como en su futuro aparecen negros nubarrones como señal del infortunio que amenaza a sus vidas y las de sus familias.

Con todo, y sin tener familias tan maravillosas como la que patrocina Coca-Cola, han formado una nueva marea: la marea roja, que unida a la blanca (sanidad), verde (enseñanza), violeta (derecho al aborto)… vienen a decirnos que en este país hay que unirse y movilizarse, puesto que si no lo hacemos acabaremos engullidos por un capitalismo cruel y despiadado, aunque, eso sí, sus valedores nos contarán todos los cuentos que consideren necesarios para que nos creamos los eslóganes comerciales y políticos, cuidadosamente planificados, con los que adormecen a una parte de la población. Y que, por desgracia, con algunos funcionan.

AURELIANO SÁINZ
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