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Respirar en las cloacas

No. No se trata de acordar un programa de gobierno entre la derecha nacionalista y cristiana (ahora también independentista) y la izquierda republicana (tradicionalmente aconfesional cuando no abiertamente acatólica). No. Un objetivo tan utópico como ese ha dejado paso, por mor de los desvergonzados representantes de CiU, a un simple debate –yo diría mejor que "chantaje"- por fijar una fecha en la que se convoque a los catalanes a un referéndum por la autodeterminación.

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En lugar de establecer qué tipo de medidas acordarán izquierdas y derechas para reconducir la caótica situación económica que se vive en Cataluña, la cuestión puesta sobre el tapete no es otra que la de definir unos plazos por los que, al margen de la Constitución, se inicie un proceso secesionista que ponga en jaque al Estado y, con ello, desestabilice la paz social, llevándonos a una situación límite de impredecibles resultados.

La expresión “un guardia civil en cada centro escolar”, pronunciada por un representante de ERC en el Congreso, resulta bien elocuente de hasta dónde piensan tensar la cuerda los independentistas en su pulso contra el resto de España.

Y en medio de todo ello, sumido en el mar de denuncias que colocan a los Pujol y a la cúpula de CiU como simples delincuentes, ahí tenemos al engreído Mas i Gavarró que, como tentado por el diablo, se muestra capaz de vender su alma –y la del pueblo al que representa- a fin de lograr una investidura que, mucho me temo, va a resultarle muy cara.

Lo que para los convergentes comenzó como un simple juego o estrategia política –lanzando su reto independentista preelectoral a fin de tapar con ello el desastre gubernativo en el que estaban sumidos- se ha convertido ahora –una vez que el electorado en buena medida les ha vuelto la espalda y se han visto sin la mayoría suficiente para gobernar- en un bumerán endiablado que no saben cómo esquivar y que está provocando importantes fracturas internas y, también, con la sociedad catalana.

Porque no debe extrañarnos, por su pasado en el tripartito, que Ezquerra Republicana ponga todas sus manzanas en el cesto del independentismo –por ahora- y pase olímpicamente de otras cuestiones que preocupan más a la sociedad catalana.

Lo que debe resultar indignante para la derecha nacionalista catalana es que el partido que la representa y a quien han votado reniegue de sus principios y se abone, por intereses personales que vaya usted a saber hasta dónde llegan, a servir de “tonto útil” de la izquierda.

Habrá que ver cómo se mueve en esta situación el camaleónico Duran i Lleida y si desde la democracia cristiana a la que representa tiene los suficientes arrestos para reconducir la situación aceptando el diálogo que Mariano Rajoy ha ofrecido.

Mucho me temo que esta Legislatura catalana será corta y convulsa, perdiéndose un tiempo precioso para afrontar la reconstrucción de la Comunidad. Todo ello, como suele suceder en política, por el exclusivo interés de alguien, al que se denomina "líder", que creyó sentirse ungido por las divinidades y capaz, por sí solo, de alcanzar el Olimpo. Al final, ahí tenemos a ese alguien, respirando en las cloacas, y al pueblo, lamiéndose sus propias heridas.

ENRIQUE BELLIDO
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