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Comercio exterior

Oigo decir al Gobierno que el año que viene va a ser mejor que éste, mientras paseo por las calles de mi ciudad llenas de locales con carteles de “se alquila” o “se vende” y llenas de gente que pasea viendo escaparates, pero sin atreverse a entrar. No creo que nadie tenga dudas de que el consumo interno, es decir el de los españoles en España ha caído en picado. Los locales cerrados no eran sólo inmobiliarias o tiendas de decoración: han cerrado mercerías, panaderías, fruterías, etc.

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Todo esto se debe a dos factores, principalmente: por un lado, mucha gente ha perdido su empleo o su capacidad de compra se ha visto mermada por recortes, congelación salarial o de pensiones; y por otro, las personas que aún pueden comprar tienen miedo. Miedo a no saber hacia dónde vamos y miedo a perder su trabajo.

Visto lo que se ha hecho este año en materia económica (todas las medidas encaminadas a hundir el consumo interno), la única explicación posible para que nuestro presidente crea que el año 2013 será mejor es que el Gobierno está esperando que el resto del mundo nos salve vía comercio exterior.

Si vemos los datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) o el informe del Banco de España de septiembre de este año, nuestro déficit de la balanza comercial con el resto del mundo se ha reducido del año 2011 al 2012 casi a la mitad. Esto quiere decir que cada vez vendemos más fuera de España nuestros productos (exportaciones) y compramos menos a otros países (exportaciones).

Sin embargo, es curioso que donde no se reduce el déficit es en los productos energéticos. Seguimos necesitando comprar energía fuera de nuestras fronteras. A lo mejor esto se podría corregir parcialmente con la apuesta en firme por las energías renovables, como las que vienen del sol o del viento.

Nuestra balanza de servicios –que es el resultado de restarle a la cantidad en euros de servicios que prestamos a otros países, la cantidad monetaria de servicios que nos prestan desde fuera- es positiva y esto se ha debido siempre al turismo, aunque en la actualidad hayan aumentado la prestación de otras clases de servicios.

La balanza de transferencias corrientes, que siempre es negativa, seguro que mejora el año que viene. Es la diferencia entre las transferencias que recibimos del extranjero y las que enviamos. En ella tienen cabida las remesas de inmigrantes y, a la velocidad que este país está perdiendo capital humano (personas formadas con capacidad para trabajar) en beneficio de otros países del mundo, las remesas que estas personas enviarán a sus familias en España o a sus cuentas bancarias de aquí hará que el déficit de esta balanza disminuya.

Si uno se para a pensar, ante los casi cinco millones de parados, ante los más de dos millones y medio de personas que se encuentran en nuestro país en situación de pobreza severa (esto me da muchísima pena), ante nuestra caída al tercer puesto por la cola en aumento de desigualdades sociales, con la consiguiente inseguridad, llego a la conclusión de que se han olvidado de nosotros.

No saben para dónde van y sólo esperan que los emprendedores exportadores, las remesas de emigrantes y las inversiones de chinos y rusos que compren pisos por 160.000 euros nos saquen del hoyo. Y que las bolsas de caridad y las ONG ayuden a los que el sistema ha expulsado.

Dudo que nadie quiera invertir en negocios en España, ante un consumo inexistente. Quien abre un negocio, quiere vender. Si a ello le sumamos la privatización de la sanidad, que ya ha dejado fuera a mucha gente –que de nuevo es atendida por la caridad- y que se han reducido las inversiones en educación y en investigaciones (partidas de los presupuestos que jamás han sido reducidas por Alemania), tiene usted ya la suerte de vivir en Estados Unidos.

Todos estos cambios no son fruto de la crisis, sino de una forma de ver el mundo: la americana. El sistema del "sálvese quien pueda". Cuando estuve allí, me contó un italiano que vivía en San Francisco que una enfermedad como un cáncer podía hacer que pasaras de ser una persona de clase media a vivir en la calle. Si tu seguro privado no te cubre y no puedes trabajar, el resultado es la pobreza. Curioso es que algunos de ellos se llamen "cristianos". No sé qué pensaría Jesús ante estas medidas. Yo creo que más bien los tildaría de "fariseos".

Así que lo que nos queda a los de a pie, ante la paralización de la justicia para atajar, perseguir y condenar la corrupción y hacer que devuelvan el dinero los que han gestionado mal –o sencillamente han robado- es seguir apoyando o apoyándonos en nuestra familia, en la solidaridad y en seguir buscando un mundo alternativo al que nos ofrecen.

El poder de la gente es infinito y si nos movemos y queremos, podemos hacer un mundo mejor, aunque éste sólo se circunscriba a nuestro grupo de conocidos, conciudadanos o amigos. Os deseo un Feliz Navidad, sencilla y valorando lo que de verdad importa.

MARÍA JESÚS SÁNCHEZ A.
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