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Montilla-Moriles supera ya los 32 millones de kilos de uva durante la vendimia 2026

La vendimia 2026 en la Denominación de Origen Protegida (DOP) Montilla-Moriles ha superado ya los 32,3 millones de kilos de uva. Los datos provisionales facilitados por el Consejo Regulador el pasado jueves sitúan la cosecha de este año casi un 70 por encima de la de 2025, lo que supone una recuperación de 13.242.881 kilos con respecto a la desastrosa campaña de 2025, marcada por una fuerte incidencia del mildiu que, a la postre, se tradujo en un aforo de 19.059.066 kilos.


Del volumen provisional contabilizado hasta el pasado jueves, casi una tercera parte (10.395.622 kilos) se ha destinado a las distintas paseras de la comarca, donde los racimos permanecen extendidos al sol para favorecer la deshidratación del fruto y aumentar la concentración natural de sus azúcares antes de la elaboración de los tradicionales vinos dulces Pedro Ximénez amparados por el Consejo Regulador.

En Montilla, la Cooperativa Nuestra Señora de la Aurora suele ser la encargada de dar el pistoletazo de salida al asoleo de la uva con la instalación de su pasera en uno de los márgenes de la antigua travesía de la carretera nacional N-331, a escasos metros de sus instalaciones. A esta actividad se suma Bodegas Galán Portero, una firma con setenta años de historia y especializada precisamente en la elaboración y crianza de vinos dulces Pedro Ximénez acogidos a la DOP Montilla-Moriles.

COOPERATIVA AGRÍCOLA LA UNIÓN (MONTILLA) — VÍBELO — BLANCO PEDRO XIMÉNEZ FRIZZANTE

Junto a ambas firmas, entre los principales productores de vino dulce del marco figuran Bodegas del Pino, de Montalbán, y Bodegas San Acacio, de Montemayor. En el ámbito de la producción ecológica sobresale Bodegas Robles, que hace dos años inició la extensión de los primeros racimos de Pedro Ximénez ecológica en las paseras del Lagar de Los Dolores, un pago situado en Moriles Altos.

El aforo provisional de 32.301.947 kilos permite a Montilla-Moriles dejar atrás, al menos de momento, el mínimo de las dos últimas décadas registrado el pasado año. El incremento provisional respecto a la última campaña es del 69,5 por ciento, aunque la comparación con una serie histórica más amplia obliga a matizar el alcance de la recuperación.

Y es que la media de las veinte últimas campañas —comprendidas entre 2006 y 2025— se sitúa en unos 39,07 millones de kilos, por lo que el volumen provisional de este año todavía queda aproximadamente un 17,3 por ciento (6,76 millones de kilos) por debajo de esa referencia.

SUMINISTROS AGRÍCOLAS LUQUE - ABONOS - FITOSANITARIOS - PLANTAS Y ÁRBOLES - SUSTRATOS - CULTIVO ECOLÓGICO

La evolución de las cosechas muestra importantes oscilaciones, pero también una tendencia de fondo descendente durante los últimos años. En 2006 se recogieron en el marco vitivinícola cordobés 46,2 millones de kilos; en 2007, 41,86 millones; y en 2008, 38,91 millones.

A su vez, en 2009 la producción volvió a elevarse hasta 45,69 millones. El año 2010 dejó 56 millones de kilos y, tras los 44,7 millones de 2011 y los 27,65 millones de 2012, la cosecha de 2013 alcanzó los 64 millones de kilos, el mayor registro de toda la serie facilitada por el propio Consejo Regulador.

A partir de entonces continuaron las oscilaciones, pero sin volver a alcanzarse aquellos niveles. La campaña de 2014 terminó con 47,5 millones de kilos; la de 2015, con 42 millones; la de 2016, con 40,37 millones; y la de 2017 descendió hasta los 33,5 millones. En 2018 hubo un repunte hasta 44,68 millones de kilos de uva, mientras que en 2019 se contabilizaron 38,9 millones y, en 2020, se alcanzaron 36,43 millones.

LAGAR BLANCO - SIERRA DE MONTILLA (CÓRDOBA)

La reducción se ha hecho especialmente visible en el último lustro. Montilla-Moriles registró 30,58 millones de kilos en 2021; 29,15 millones, en 2022 y 26,07 millones, en 2023. La vendimia de 2024 ofreció un ligero repunte, hasta los 28,07 millones, antes del fuerte desplome de 2025, cuando la producción cayó a 19,06 millones. De este modo, el aforo provisional de 2026 supera ya las cosechas completas de los cinco ejercicios comprendidos entre 2021 y 2025, pero todavía se encuentra por debajo de los 36,43 millones que se molturaron en 2020.

La excepcional caída de cosecha registrada en 2025 estuvo condicionada por el mildiu, un hongo parásito originario de América que puede causar daños severos en todos los órganos de la planta cuando encuentra condiciones climáticas favorables. En apenas unos días puede afectar gravemente a un viñedo, dejando racimos vacíos y hojas debilitadas, por lo que constituye una de las enfermedades criptogámicas más temidas por los viticultores. Cuando la infección alcanza niveles elevados, sus efectos pueden comprometer la producción de una zona vitivinícola completa.

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Pérdida de superficie vitícola


Más allá de aquella circunstancia extraordinaria, la evolución de la vendimia está vinculada a un problema estructural de mayor recorrido: la progresiva reducción de la superficie dedicada a la vid. La DOP Montilla-Moriles ha perdido más del 79 por ciento de su superficie vitícola desde 1978, cuando alcanzó su máximo histórico con 19.458 hectáreas, frente a las apenas 4.062 hectáreas inscritas en los registros del Consejo Regulador a finales del pasado año.

La desaparición de las cepas ha sido sostenida durante décadas y responde a distintos factores que se entrelazan. Entre ellos figuran la falta de relevo generacional, las dificultades estructurales que arrastra el sector del vino, el impacto del cambio climático sobre los cultivos del sur de Europa y el creciente desequilibrio en favor del olivar, un cultivo que resulta más rentable y que ha ido ocupando terrenos tradicionalmente vinculados al viñedo.

Durante 2025, la tendencia negativa de la superficie continuó, aunque con menor intensidad que en otros ejercicios. Según los datos del Consejo Regulador, se dieron de alta 16,03 hectáreas y de baja otras 17,48 hectáreas. La mayor parte de las altas correspondieron al término municipal de Montilla, aunque también se registraron incorporaciones en Aguilar de la Frontera, Montemayor y Puente Genil.

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El propio Consejo Regulador precisó, no obstante, que durante ese año no se habían dado de alta parcelas nuevas y que las superficies incorporadas a los registros correspondían a traspasos de parcelas ya existentes anteriormente. La reducción del viñedo ha venido acompañada, además, por una disminución del número de productores. A 19 de diciembre de 2025 figuraban inscritos 1.386 viticultores, nueve menos que un año antes y muy lejos de los 3.545 que se contabilizaban en 2006, lo que representa una pérdida superior al 60 por ciento en menos de dos décadas.

La dimensión de ese retroceso ha sido también objeto de análisis académico. Un estudio publicado en 2022 por la revista Estudios Geográficos, elaborado por Rafael Garzón-García, Gema Florido-Trujillo y Rafael F. Vega-Pozuelo, investigadores de la Universidad de Córdoba, comparó la evolución de Montilla-Moriles con la del resto de las zonas vitivinícolas españolas de calidad diferenciada. Entre 2010 y 2019, la reducción media de la superficie de viñedo en estas zonas fue del 5,35 por ciento, mientras que en Montilla-Moriles alcanzó el 19,8 por ciento, al pasar de 6.001 hectáreas en 2010 a 4.814 en 2019.

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A la disminución de la superficie se une la falta de rentabilidad del cultivo. Ya en 2018, un análisis sobre la situación del sector apuntaba a la continua devaluación del precio de la uva y al descenso del consumo de vino como dos factores que habían contribuido a la desmoralización de los viticultores. Ante esta situación, parte del sector había optado por el arranque de cepas o por sustituir el viñedo por otros cultivos, especialmente el olivar.

La incidencia del cambio climático


El cambio climático aparece asimismo como otro factor capaz de transformar el mapa vitícola. Un estudio divulgado por el portal Misumiller.es relacionaba el desplazamiento hacia el norte experimentado por el viñedo español durante las décadas anteriores con las condiciones climáticas, al considerar que el clima constituye uno de los elementos más determinantes y difíciles de controlar en la elaboración de un vino.

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El análisis advertía de que las primaveras y los veranos cada vez más secos y calurosos estaban convirtiendo al viñedo, por su estrecha dependencia de las estaciones y las temperaturas, en un indicador de los efectos del cambio climático sobre la agricultura.

Matías Vela, director técnico de Misumiller.es, señalaba en aquel momento que la vendimia se había adelantado de manera apreciable en diferentes zonas productoras y recordaba que Montilla-Moriles había sido tradicionalmente una referencia por ser la primera Denominación de Origen en comenzar la recolección.

Vela explicaba que una maduración más rápida obliga a adelantar la vendimia y alertaba de las consecuencias que una recolección excesivamente temprana puede tener sobre las características del vino si la uva todavía no ha alcanzado una maduración adecuada. También relacionaba el incremento de las temperaturas con mayores concentraciones de azúcar en las uvas y, por tanto, con vinos potencialmente más alcohólicos, dado que durante la vinificación esos azúcares son los que dan lugar al alcohol.

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El aforo provisional de 2026 supone así un cambio significativo respecto al desplome sufrido el pasado año, pero se enmarca en un escenario de largo recorrido marcado por la pérdida de superficie, la reducción del número de viticultores, los problemas de rentabilidad y las consecuencias del cambio climático.

Con 32,3 millones de kilos contabilizados provisionalmente —una cifra que aumentará, con toda seguridad, en los próximos días—, Montilla-Moriles mejora con claridad los registros de las últimas campañas más débiles, aunque permanece lejos de los volúmenes que llegaron a superar, incluso, los 60 millones de kilos durante distintos momentos de las dos últimas décadas.

JUAN PABLO BELLIDO / REDACCIÓN
FOTOGRAFÍA: JOSÉ ANTONIO AGUILAR (ARCHIVO)

EVA LARA - ASESORA PERSONAL INMOBILIARIA - MONTILLA (CÓRDOBA)

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