La 51.ª Cata Flamenca de Montilla reunió anoche en el complejo sociocultural Envidarte a varias figuras del panorama flamenco actual, en una velada que abrió una nueva etapa para el festival después de superar sus bodas de oro, pero sin renunciar a la trayectoria que lo ha convertido en una de las grandes citas culturales del flamenco andaluz.
Desde las 22.00 de la noche, el recinto ferial montillano volvió a convertirse en punto de encuentro para el cante, el baile y la guitarra. El cartel de esta edición combinó la experiencia de intérpretes reconocidos con la juventud de artistas que comienzan a consolidar su nombre dentro del cante jondo, manteniendo así una de las señas de identidad que han acompañado al festival durante buena parte de su historia.
Y es que hablar de la Cata Flamenca de Montilla supone recorrer más de medio siglo de historia del flamenco contemporáneo. Por sus tablas han pasado nombres convertidos ya en leyenda, como Antonio Mairena, Enrique Morente, Camarón de la Isla, Fosforito, El Lebrijano, Blanca del Rey, Matilde Coral y Paco de Lucía.
A esa nómina se han incorporado más recientemente artistas como Miguel Poveda, Farruquito, Mayte Martín y Arcángel. Sus actuaciones han contribuido a cimentar el prestigio de un encuentro considerado por las personas aficionadas como “una cita de culto” y capaz de reunir, año tras año, algunas de las voces y expresiones más relevantes del flamenco.
Anoche, sobre el tablao de Envidarte, coincidieron Aurora Vargas, Esmeralda Rancapino, Jesús Castilla, Juanfra Carrasco, Sandra Carrasco y Sara Denez, junto a la bailaora Salomé Ramírez. Al toque participaron Raúl El Perla, David Tena, Antonio Higuero, Luis Medina, Niño Manuel y David de Arahal, encargados de sostener con sus guitarras una propuesta construida desde el respeto a la tradición y la apertura a nuevas generaciones.
Sin duda, la presencia femenina adquirió un protagonismo destacado en esta 51.ª edición, ya que cinco de las siete figuras que conformaban el cartel eran mujeres. La incorporación de cantaoras con diferentes recorridos y sensibilidades permitió reforzar una programación que pretendía ofrecer una mirada amplia sobre el momento que atraviesa el flamenco andaluz.
En ese sentido, el alcalde de Montilla, Rafael Llamas, señaló que la selección artística configuraba “un cartel muy completo, que reúne la experiencia y el flamenco más ortodoxo con la juventud y la proyección”. La convivencia entre artistas consolidados y nombres emergentes volvió a tender un puente entre distintas formas de vivir y expresar el flamenco.
Y es que la Cata Flamenca de Montilla ha ejercido históricamente como escaparate para artistas que, con el paso del tiempo, terminaron convirtiéndose en referencias indiscutibles. Rafael Llamas recordó que el festival había servido como “trampolín para cantaores que llegaron a Montilla cuando comenzaban a hacerse un nombre y que, posteriormente, se convirtieron en grandes figuras del flamenco”.
Por otro lado, el presidente de la Peña Flamenca El Lucero. Félix Contreras, aseguró que el propósito de la organización había sido reunir “un elenco juvenil y tradicional, con artistas consolidados y con una importante proyección de futuro”. A esa combinación se sumó el deseo de “seguir asociando nuestra cata a uno de los hitos culturales más importantes de Montilla”, una cita que cada año sirve como antesala de la Fiesta de la Vendimia.
De este modo, Envidarte volvió a demostrar su capacidad para albergar grandes acontecimientos culturales y festivos. Sus condiciones técnicas, su amplitud y su accesibilidad han consolidado este espacio como uno de los escenarios de referencia de Montilla y de la Campiña Sur Cordobesa, especialmente para celebraciones que congregan tanto a público local como a personas aficionadas procedentes de diferentes lugares de Andalucía y del resto de España.
La elección de Envidarte permitió, además, prolongar el estrecho vínculo que la Cata Flamenca mantiene con el mundo del vino. Desde 1970, el tablao del festival ha recorrido bodegas y rincones emblemáticos relacionados con la zona Montilla-Moriles. Esa unión entre vino y flamenco, dos expresiones profundamente arraigadas en la identidad cultural de la tierra, volvió a servir como marco para una noche de tradición, memoria y relevo generacional.
La imagen anunciadora de esta edición también mantuvo una conexión directa con la memoria cultural de la ciudad. El cartel reprodujo una obra del veterano y polifacético artista montillano Rafael Rodríguez, propiedad de Rafael Riobóo Espejo, con una fotografía realizada por Francis Salas y una composición gráfica elaborada por el propio Félix Contreras.
De esta forma, la Cata Flamenca se sumó al homenaje que Montilla viene dedicando desde la pasada primavera a Rafael Rodríguez. Su obra se convirtió en la puerta visual de entrada a una edición que pretendía mirar hacia el futuro sin perder de vista a quienes han contribuido a construir la cultura de la localidad.
Asimismo, el médico y escritor montillano Antonio Varo Baena volvió a encargarse de presentar la gala. Su voz ha quedado ligada a la historia reciente del festival y acompañó nuevamente el desarrollo de una convocatoria que conserva sus gestos más reconocibles. Entre ellos estuvo la tradicional copa de vino de saludo ofrecida a las personas asistentes con la participación de la Asociación Cultural Amigos de la Venencia, dirigida por Aurora Luque Córdoba.
La organización correspondió al Ayuntamiento de Montilla y a la Peña Flamenca El Lucero, con la colaboración de Bodegas La Aurora, la Cooperativa Agrícola La Unión, la Diputación de Córdoba y la Junta de Andalucía. Superado ya el medio siglo de vida, la Cata Flamenca emprendió anoche una nueva etapa desde el mismo lugar donde siempre ha encontrado su sentido: el encuentro entre artistas, aficionados, vino y arte. Y el recinto ferial de Montilla volvió a acoger una tradición que mira hacia adelante, mientras conserva la memoria de quienes, desde 1970, han hecho de la localidad de la Cam`piña Sur uno de los escenarios imprescindibles del flamenco andaluz.
Desde las 22.00 de la noche, el recinto ferial montillano volvió a convertirse en punto de encuentro para el cante, el baile y la guitarra. El cartel de esta edición combinó la experiencia de intérpretes reconocidos con la juventud de artistas que comienzan a consolidar su nombre dentro del cante jondo, manteniendo así una de las señas de identidad que han acompañado al festival durante buena parte de su historia.
Y es que hablar de la Cata Flamenca de Montilla supone recorrer más de medio siglo de historia del flamenco contemporáneo. Por sus tablas han pasado nombres convertidos ya en leyenda, como Antonio Mairena, Enrique Morente, Camarón de la Isla, Fosforito, El Lebrijano, Blanca del Rey, Matilde Coral y Paco de Lucía.
A esa nómina se han incorporado más recientemente artistas como Miguel Poveda, Farruquito, Mayte Martín y Arcángel. Sus actuaciones han contribuido a cimentar el prestigio de un encuentro considerado por las personas aficionadas como “una cita de culto” y capaz de reunir, año tras año, algunas de las voces y expresiones más relevantes del flamenco.
Anoche, sobre el tablao de Envidarte, coincidieron Aurora Vargas, Esmeralda Rancapino, Jesús Castilla, Juanfra Carrasco, Sandra Carrasco y Sara Denez, junto a la bailaora Salomé Ramírez. Al toque participaron Raúl El Perla, David Tena, Antonio Higuero, Luis Medina, Niño Manuel y David de Arahal, encargados de sostener con sus guitarras una propuesta construida desde el respeto a la tradición y la apertura a nuevas generaciones.
Sin duda, la presencia femenina adquirió un protagonismo destacado en esta 51.ª edición, ya que cinco de las siete figuras que conformaban el cartel eran mujeres. La incorporación de cantaoras con diferentes recorridos y sensibilidades permitió reforzar una programación que pretendía ofrecer una mirada amplia sobre el momento que atraviesa el flamenco andaluz.
En ese sentido, el alcalde de Montilla, Rafael Llamas, señaló que la selección artística configuraba “un cartel muy completo, que reúne la experiencia y el flamenco más ortodoxo con la juventud y la proyección”. La convivencia entre artistas consolidados y nombres emergentes volvió a tender un puente entre distintas formas de vivir y expresar el flamenco.
Y es que la Cata Flamenca de Montilla ha ejercido históricamente como escaparate para artistas que, con el paso del tiempo, terminaron convirtiéndose en referencias indiscutibles. Rafael Llamas recordó que el festival había servido como “trampolín para cantaores que llegaron a Montilla cuando comenzaban a hacerse un nombre y que, posteriormente, se convirtieron en grandes figuras del flamenco”.
Por otro lado, el presidente de la Peña Flamenca El Lucero. Félix Contreras, aseguró que el propósito de la organización había sido reunir “un elenco juvenil y tradicional, con artistas consolidados y con una importante proyección de futuro”. A esa combinación se sumó el deseo de “seguir asociando nuestra cata a uno de los hitos culturales más importantes de Montilla”, una cita que cada año sirve como antesala de la Fiesta de la Vendimia.
De este modo, Envidarte volvió a demostrar su capacidad para albergar grandes acontecimientos culturales y festivos. Sus condiciones técnicas, su amplitud y su accesibilidad han consolidado este espacio como uno de los escenarios de referencia de Montilla y de la Campiña Sur Cordobesa, especialmente para celebraciones que congregan tanto a público local como a personas aficionadas procedentes de diferentes lugares de Andalucía y del resto de España.
La elección de Envidarte permitió, además, prolongar el estrecho vínculo que la Cata Flamenca mantiene con el mundo del vino. Desde 1970, el tablao del festival ha recorrido bodegas y rincones emblemáticos relacionados con la zona Montilla-Moriles. Esa unión entre vino y flamenco, dos expresiones profundamente arraigadas en la identidad cultural de la tierra, volvió a servir como marco para una noche de tradición, memoria y relevo generacional.
La imagen anunciadora de esta edición también mantuvo una conexión directa con la memoria cultural de la ciudad. El cartel reprodujo una obra del veterano y polifacético artista montillano Rafael Rodríguez, propiedad de Rafael Riobóo Espejo, con una fotografía realizada por Francis Salas y una composición gráfica elaborada por el propio Félix Contreras.
De esta forma, la Cata Flamenca se sumó al homenaje que Montilla viene dedicando desde la pasada primavera a Rafael Rodríguez. Su obra se convirtió en la puerta visual de entrada a una edición que pretendía mirar hacia el futuro sin perder de vista a quienes han contribuido a construir la cultura de la localidad.
Asimismo, el médico y escritor montillano Antonio Varo Baena volvió a encargarse de presentar la gala. Su voz ha quedado ligada a la historia reciente del festival y acompañó nuevamente el desarrollo de una convocatoria que conserva sus gestos más reconocibles. Entre ellos estuvo la tradicional copa de vino de saludo ofrecida a las personas asistentes con la participación de la Asociación Cultural Amigos de la Venencia, dirigida por Aurora Luque Córdoba.
La organización correspondió al Ayuntamiento de Montilla y a la Peña Flamenca El Lucero, con la colaboración de Bodegas La Aurora, la Cooperativa Agrícola La Unión, la Diputación de Córdoba y la Junta de Andalucía. Superado ya el medio siglo de vida, la Cata Flamenca emprendió anoche una nueva etapa desde el mismo lugar donde siempre ha encontrado su sentido: el encuentro entre artistas, aficionados, vino y arte. Y el recinto ferial de Montilla volvió a acoger una tradición que mira hacia adelante, mientras conserva la memoria de quienes, desde 1970, han hecho de la localidad de la Cam`piña Sur uno de los escenarios imprescindibles del flamenco andaluz.
JUAN PABLO BELLIDO / REDACCIÓN
FOTOGRAFÍA: ÁLVARO CARRASCO
FOTOGRAFÍA: ÁLVARO CARRASCO


















































