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La última ola de calor provoca "fuertes daños" en los racimos por deshidratación y por el desecado de hojas

La ola de calor que se registró en la provincia de Córdoba entre los pasados 12 y 16 de agosto ha provocado "fuertes daños" en los racimos de uva a causa de la deshidratación del fruto y del desecado de las hojas casqueras que, al situarse entre los sarmientos y la madera vieja de las cepas, protegen las partes más sensibles de la planta de las inclemencias meteorológicas.


Tal y como ha detallado el Aula de Viticultura en el último boletín semanal de la Agrupación para el Tratamiento Integrado en Agricultura (Atria), la ola de calor que sufrió buena parte de España entre los días 12 y 16 de agosto se concretó, en los viñedos amparados por la Denominación de Origen Protegida (DOP) Montilla-Moriles, en rachas de viento "no muy fuertes pero muy cálidas", con temperaturas superiores a los 45 grados.

Todo ello, unido a una humedad relativa extraordinariamente baja, provocó que se incrementara la maduración de la uva "en dos o tres grados Baumé" en apenas cinco días. "La ola de calor nos obliga a modificar el orden de la recolección", reconoció Ángela Portero, responsable del Aula de Viticultura, quien recomendó "priorizar las parcelas más afectadas por el calor y con mayor cantidad de racimos deshidratados, ya que la graduación es suficiente en casi todos los viñedos".

Con todo, la ingeniera agrónoma que está al frente del Aula de Viticultura advirtió que "hay parcelas en tierras más arcillosas en las que, posiblemente, no sea rentable recolectar la uva", por lo que sugirió "dejar para el final" de la campaña estas fincas "por si se producen lluvias" en la recta final de la vendimia y, de este modo, se compensa el déficit hídrico que arrastran las plantas.

"En suelos más arcillosos, los daños han sido muy altos y han provocado prácticamente la deshidratación de todos los racimos", lamentó Ángela Portero, que detalla en su informe que las cepas presentan menos daños en la zona de los Llanos. Con todo, añadió que "la cara suroeste de los racimos está quemada, al igual que el fruto de las cepas más viejas".

En efecto, la incidencia de las altas temperaturas en Montilla-Moriles varía en función de la ubicación de los pagos y de la edad de las plantas. "Las viñas viejas, que suelen estar plantadas en cabeza, han resultado más afectadas", reconoció la responsable del Aula de Viticultura, quien recomendó "vendimiar por separado las parcelas o rodales con racimos sin deshidratación, así como aquellas cepas que presentan racimos quemados por el calor".

Para el caso de las parcelas que registran vides con racimos deshidratados y otros en aparente buen estado, el Consejo Regulador insta a los viticultores a "separar los frutos en cajas distintas" para que se puedan realizar "elaboraciones separadas" por parte de los lagares y de las bodegas.

En lo que respecta a la recolección con máquinas cosechadoras –una modalidad de trabajo que ha cumplido ya diecisiete años en la zona Montilla-Moriles y que permite cosechar una gran cantidad de fruto a salvo de las elevadas temperaturas que se registran en las horas centrales de la mañana–, desde el Consejo Regulador recomiendan recolectar primero las parcelas o los linios donde los racimos estén sin deshidratar y que presenten una graduación apropiada para, posteriormente, recolectar las plantas con "cierto porcentaje de racimos afectados", lo que obligará a los propietarios de las fincas a contar con más equipos para el transporte de la uva.

J.P. BELLIDO / REDACCIÓN
FOTOGRAFÍA: JOSÉ ANTONIO AGUILAR
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