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miércoles, 3 de febrero de 2021

  • 3.2.21
En el artículo anterior nos habíamos quedado en la imagen de un cerdo silvestre hallada en Célebes y que podría ser la representación figurativa más antigua descubierta hasta el momento. Pero este tema es bastante controvertido y hay otras candidatas para el título de imagen artificial (hecha por humanos) más antigua.


En febrero de 2018 se publicaba en la prestigiosa revista Science, los resultados de una investigación realizada por la universidad de Southampton y el Instituto Max Planck y dirigido por Chris Standish y Dirk Hoffmann. Se analizaban más de sesenta muestras relacionadas con pinturas localizadas en tres cuevas españolas: La Pasiega (Cantabria), Maltravieso (Cáceres) y Ardales (Málaga).

Según los resultados obtenidos utilizando el método de datación por uranio-torio, se atribuía una fecha de realización de hace 64.000 años, casi 20.000 años más antiguas que la imagen del cerdo silvestre de Célebes. Pero esos resultados, lejos de ser aceptados por el conjunto de la comunidad científica, han sido fuertemente cuestionados.

En 2011, en el yacimiento de la cueva de Blombos (Sudáfrica) se encontró un fragmento de roca con una serie de líneas rojas trazadas con crayón de ocre. Tras una larga serie de pruebas, el estudio reveló una antigüedad de 73.000 años.


Este hallazgo es más de 20.000 años anterior a la imagen del cerdo de Célebes, pero tal y como podemos observar en la imagen reproducida el contenido dista mucho de poder considerarse una representación figurativa. Quizás pueda tener un valor simbólico de carácter abstracto o más probablemente es simplemente un simple ejercicio mecánico sin intención significativa.

Lo que sí parece generalmente aceptado es la datación de las magníficas pinturas rupestres de Chauvet en una fecha que se remonta 32.000 años y que pueden considerarse como las representaciones figurativas más antiguas de Europa.


Y también parecen estar de acuerdo los expertos en que, independientemente de algunos ejemplos singulares, la creación artística se generaliza al final del Pleistoceno y que se da en todo el mundo (Asia, Australia, África y América) a media que se va extendiendo homo sapiens sapiens por esos territorios. Una especie como la nuestra en la que es absolutamente imprescindible la colaboración colectiva tuvo que encontrar vías para fortalecer la cohesión social y la transmisión de valores comunes.

Y las representaciones plásticas, por sus connotaciones emocionales y por su capacidad de transmitir las imágenes mentales parecen más eficaces que las palabras (o al menos complementarias) para generar un imaginario común del que nacerían mitos y creencias. Los cuales vertebraron culturas e identidades colectivas, en definitiva, sociedades humanas bastante diferentes de otro tipo de agrupaciones animales.

En muchas pinturas rupestres, y también en figurillas escultóricas, se puede observar una gran destreza técnica, un gran dominio de la capacidad expresiva, una tremenda sensibilidad para captar y reflejar la vitalidad de los animales representados. Y, prácticamente siempre, el interés por la belleza en las formas, en los materiales seleccionados, incluso en la elegancia -innecesaria desde el punto de vista de su utilidad práctica- de las herramientas de piedra. Y no olvidemos, que solo podemos ver lo que se ha conservado y descubierto. Todo lo que se haya producido en madera u otros materiales perecederos se ha perdido irremisiblemente en la noche de los tiempos.

A mí lo que más me llama la atención es la gigantesca duración de esas culturas paleolíticos sin que se aprecien cambios trascendentales, al menos desde nuestra perspectiva presente. Hay una continuidad y una cierta similitud en los temas representados. Y también en las técnicas pictóricas utilizadas. Podemos comparar el contorno del cerdo de Sulawesi con el de unos ¿rinocerontes? pintados por los san del Kalahari:



En Altamira, en Chauvet, en Lascaux, en prácticamente todas las cuevas se pintan animales y sobre todo mamíferos cuadrúpedos; apenas hay aves, reptiles, peces, árboles o plantas. En todos los continentes y a lo largo de miles de años se repite el patrón de las manos silueteadas, cerca de animales y en un verdadero enjambre de manos en diversas posiciones, en negativo o en positivo, manos derechas y manos izquierdas.

Da una impresión de estabilidad, de continuidad, de un tiempo circular en vez de este otro desbocado hacia un progreso supuestamente ilimitado. Parece existir un equilibrio con el entorno, un respeto cuidadoso de animales y plantas del entorno a las que no se pone en peligro de extinción. De hecho, el cerdo verrugoso de Célebes ha sobrevivido hasta nuestros días. No podemos decir lo mismo de uros, bisontes y otros animales representados en las cuevas europeas.

¿Cómo pudieron sobrevivir tantos miles de años sin el neoliberalismo capitalista?

JES JIMÉNEZ

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