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miércoles, 6 de enero de 2021

  • 6.1.21
Estoy segura de que estas líneas serán las más duras que escriba. Digo "duras" porque tienes que verte en la situación de saber separar y separarte incluso de tu familia para poder respirar un poco de paz y tranquilidad.


Desde pequeños, siempre nos dicen que papá y mamá siempre nos protegerán. Que tus hermanos estarán ahí, pase lo que pase. Y sí, puede que en muchas familias esa armonía exista. Y supongo que por eso, esas personas que tienen esa paz familiar no puedan imaginarse la situación que pueden estar sufriendo otras familias.

Continuamente pensamos que todo está bien y, en el fondo, sabemos que en muchas ocasiones no es así. Pero intentamos lidiar con el dolor de la mejor forma posible. A pesar de lo que he dicho antes, de que existen esas familias en las que se respira tranquilidad, también tendrán sus problemas.

La vida no es perfecta y las relaciones, ya sean familiares, de amistades, de pareja e incluso la relación que tenemos con nosotros mismos, no lo son. Existen esos bajones, agobios, estrés, preocupaciones... Al igual que también están esos subidones, la adrenalina, la felicidad, el disfrute, el amor... Podemos decir que hay un poco de cada, un equilibrio. Esa coexistencia del bien y del mal.

Cuando somos felices y nos sentimos en esa plenitud... ¡Buah! Lo gritamos a los cuatro vientos. ¡Qué bien estamos! Pero cuando es al revés, cuando el día no va bien, hay problemas en casa, con la pareja, con algún amigo, o con nosotros mismos... nos callamos. E intentamos poner una buena cara para que así, de alguna forma, no se preocupe nadie. 

Y ese es el mayor problema que tiene el ser humano: no pedir ayuda y pensar que siempre podrá con todo. Pero no, no podemos. Para muchas cosas, el ser humano es muy independiente. Muy solitario y muy suyo. Pero necesitamos de los demás: su cariño, poder compartir momentos...

En varias ocasiones, cuando he aconsejado a alguien que pida ayuda profesional o incluso que no se guarden todo para ellos mismos, que se apoyen en las personas que los quieren, me han criticado. Me han dicho barbaridades como que es una pérdida de tiempo, un malgasto de dinero... Sin irme más lejos, en mi propia familia he recibido esta clase de respuestas al pedir ayuda.

He llegado a sentirme un estorbo, un problema para ellos y para el mundo. Sentía que no aportaba nada bueno. Y acabé en un bucle continúo de malas energías. Veía que cada vez iba a peor, que estaba cargando sola con todo. 

Así que decidí armarme de valor y gritar "basta". Pedí ayuda profesional aún sabiendo que en casa se me criticaría. Pedí ayuda siendo consciente de que, a pesar de estar en el año 2021, existen personas que no valoran la profesionalidad de otros a la hora de ayudar a las personas.

Os cuento todo esto porque necesitaba soltar malas vibraciones. Coger aire y seguir. Y bueno, para todos los que me leéis, ya sabéis que escribir me hace renacer de nuevo. Hacerme más mía y estar más tranquila con mi paz mental y con el mundo entero. Y por cierto, siempre seremos juzgados por alguien: que sean familiares no quiere decir que nunca vayan a hacernos daño.

MERCEDES OBIES

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