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viernes, 23 de agosto de 2019

  • 23.8.19
Hoy día –tanto a nivel mundial como a nivel municipal– existe una verdadera preocupación por el despoblamiento y el abandono de la historia de los municipios que conlleva, además, un paulatino éxodo hacia las grandes urbes. Se habla mucho de la búsqueda de soluciones, de cómo se podría evitar que estos pueblos sean lugares desérticos o en peligro de abandono, siendo en su mayoría lugares rurales, donde realmente se trabaja por la vida humana a través de la producción de alimentos.



Sin embargo, a pesar de la importancia de los espacios rurales, son aún muy pocas las acciones que se realizan para mejorar la calidad de vida de los residentes y el hecho de esta afirmación está en el asombroso número de pueblos y zonas rurales que existen en España, al igual que en muchos países de Europa, despoblados y en serio riesgo de despoblamiento.

Por otro lado están los y las jóvenes, que no encuentran su espacio dentro de estos municipios. Y no hablo solo de oportunidades de ocio y diversión, que es hacia el lugar del pensamiento que se van muchos cuando se habla de juventud. Muy al contrario: hablo de la verdadera problemática con la que se encuentran estos jóvenes a la hora de construir y luchar por ocupar un espacio en la sociedad.

La falta de empleo, el desplazamiento que tienen que efectuar a las ciudades para completar su formación, lo costoso que pueden llegar a ser los estudios superiores, la movilidad que en muchas de las ocasiones es pésima, siendo aún peor en los municipios rurales y alejados de la gran ciudad, como también la falta de Administraciones cercanas que les orienten y acompañen a la hora de emprender, amortiguando y ayudando desde el acompañamiento y la formación continuada en territorio a estos jóvenes en el miedo natural que nos inculcan desde pequeños al fracasar como emprendedores, todo eso hace que estos jóvenes, muchas veces acompañados de sus progenitores, tomen la decisión de salir del pueblo (abandonar) y buscar oportunidades en las grandes ciudades.

Este éxodo, sea en solitario o acompañados de la unidad familiar, hace que la persona ya no se desarrolle de forma sana porque ya lleva consigo el dolor que produce el desarraigo, lo que vuelve a la persona, como ya sabemos, o más fuerte o más vulnerable.

Lo que sí es cierto que esas grandes ciudades cada día está mas masificadas, lo que conlleva que no existan tantas oportunidades como en principio se creía, a lo que podemos añadir una frustración más, que es la de que se tengan que dedicar a buscar oportunidades en otras áreas que no son para las que fueron formados, además de los salarios bajos y la sobrexplotación a la que son sometidos.

Los jóvenes son fundamentales y muy necesarios para paliar la problemática actual de despoblamiento. Son muchas las soluciones que se proponen, pero la verdad es que no son suficientes ni valientes, lo que hace que se queden en superfluas soluciones que palían temporalmente problemas puntuales, sin llegar a profundizar de forma real y efectiva, haciendo que sean de larga y prolongada existencia.

Lo que verdaderamente necesitamos es ser valientes, crear políticas públicas que verdaderamente apoyen y ayuden a estos jóvenes a quedarse y desarrollarse en su municipio, dando alas a sus creatividades y a su imaginación para emprender e innovar dentro de la idiosincrasia de su entorno.

Una cosa es conocer el mundo, viajar y conocer otras culturas, e incluso fomentar a aquellos jóvenes que quieran conocer y vivir en otros lugares, a tener que emigrar por obligación, porque en tu municipio no hay oportunidades ni futuro, llevando ya consigo y para todo su existencia el dolor de no sentirse perteneciente a ningún lugar, porque el lugar donde creció y donde se sentía feliz lo tuvo que abandonar para poder comer y tener una vida digna.

Esta problemática tiene solución, es parte de un proceso de cambio, en el cual se tienen que involucrar de forma eficiente y contundente los políticos, viendo mas allá de una siglas políticas y pensando de forma holística, tal y como es el mundo y el municipio que quieren dejar a las nuevas generaciones.

Ya no hay tiempo: se nos está agotando. Cada día que pasa es un día menos que tenemos para poder dejar un mundo más humano, más sostenible y equitativo para nuestros jóvenes. Estamos en el siglo XXI, en el que ya no nos valen las políticas autoritarias llenas de egocentrismos partidarios. Queremos políticos capaces de negociar más allá de los cargos y de las carteras.

Queremos políticos capaces de sentarse a hablar de las personas, de un futuro para todos y todas; políticos valientes que dejen atrás el espejo de sí mismos y los suyos para ver que es posible cambiar las cosas, sin prisa pero sin pausas.

Queremos políticos que se sienten hablar con la ciudadanía, con los distintos colectivos, con los jóvenes y no para prometer y no hacer, o para hacerse una foto de portada de periódicos y sí para escuchar y construir conjuntamente. Queremos políticos capaces de ir más allá, para ver que existen muchos otros capaces de pensar y ayudar a construir un mundo lleno de oportunidades.

Cuando nacieron los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) y la Agenda 2030, surgió una oportunidad de ver las cosas desde otros ángulos, dando una visión de 360 grados al territorio. Es cierto que muchos aseguran que la Agenda 2030 no es una solución, que ahora es la Agenda y después será otra cosa. Y puede que lleven razón en cierto modo.

Pero esta herramienta que representan los ODS es una oportunidad para comenzar el camino. Un camino que ya nos da muchas pistas de cuáles son las bases fundamentales de un cambio de paradigma y el que todos y todas estamos involucrados. Debemos pensar en las personas, en el planeta, en la paz, en la prosperidad y en las alianzas.

Es el momento de comenzar y, con esta nueva hoja de ruta, lograr que nuestros jóvenes tengan las oportunidades que verdaderamente se merecen y no las que nosotros creamos. Porque este nuevo siglo es el siglo de la participación y de la transparencia, en el que todos somos parte.

MERCEDES C. BELLOSO

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