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Caer en la barbarie

Hace pocos días, en el hospital, nos dábamos un fuerte abrazo un cargo público de Izquierda Unida y yo. Nos conocemos desde hace más de veinte años y durante bastantes de ellos nos hemos visto en posiciones políticas opuestas en un ayuntamiento, como concejales. Operaban a su hija en el centro sanitario público en el que trabajo.

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Periódicamente le extraigo sangre a un buen amigo del PSOE, que ha ocupado importantes cargos de representatividad en las instituciones políticas del país y con quien coincidí, en posiciones enfrentadas, en el Senado. El hospital público en el que trabajo es nuestro punto de encuentro en estas ocasiones.

Son también varias las circunstancias en las que personas del PP o sin filiación política que yo conozca, han recurrido a mí como médico para recibir consejo o solicitar mis servicios como analista clínico en el hospital público en el que trabajo.

Les digo esto porque, por encima de ideologías políticas, de razas o de credos religiosos, los hospitales públicos españoles, los profesionales que les damos vida, en Andalucía como en Madrid o Canarias, atendemos a todo paciente que acude a nosotros no haciendo de esta asistencia bandera electoralista alguna.

Por ello siento desprecio por esos ¿profesionales? del Hospital La Paz de Madrid que, vestidos con sus uniformes, se manifestaron solicitando el traslado de la delegada del Gobierno en Madrid, Cristina Cifuentes, a un hospital privado en el que, presuntamente, se le brindase peor atención médica.

Dicen algunos medios que fue la izquierda la que movilizó a semejantes sanitarios. Lo desconozco aunque sí he tenido información de algún comentario vomitado en Twitter por Gaspar Llamazares, representante de Izquierda Unida y no sé si todavía médico –en el sentido ético de la palabra-.

De lo que estoy seguro es que ese no podría ser el comportamiento de la izquierda que yo conozco, con la que me abrazo y a la que atiendo, en la medida de mis posibilidades, en el hospital público en el que trabajo.

La otra izquierda, la que pueda estar detrás de esta salvajada, no me importa, aunque sí me preocupa porque sería la izquierda capaz de anteponer los dictados políticos a valores tan irrenunciables como es el del derecho a la vida.

Comprendo que un senador del PP por Madrid afirmase luego que, con profesionales como los apostados a la puerta del hospital vociferando, se le hacía muy difícil confiar en su salud en el caso de que esos mismos tuvieran que atenderle. Y es que cuando se han perdido los principios y parte de la sociedad carece de valores, no resulta difícil caer en la barbarie, y experiencia, desgraciadamente, no le falta a España en ello.

ENRIQUE BELLIDO
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