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jueves, 20 de noviembre de 2014

  • 20.11.14
Las últimas semanas nos han traído noticias sobre el reconocimiento del Estado Palestino. Desde el anuncio formal de Suecia de su pleno reconocimiento hasta las decisiones de algunos parlamentos europeos de instar a sus gobiernos a ese paso, junto a las declaraciones de la Alta Representante de la UE, brindan posiciones y decisiones esperanzadoras en favor de una cuestión que debería haberse resuelto hace años.

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El Parlamento español votó este martes una resolución en este sentido, a propuesta del Grupo Socialista, que contó con el apoyo prácticamente unánime de la Cámara. No obstante, el reconocimiento del Estado Palestino no es algo nuevo y, por ello, la opinión pública española y europea deben recordar que, en mayo de 1999, Europa adoptó la Declaración de Berlín en la que se comprometió a reconocer el Estado Palestino en su momento.

Pues bien, parece que el momento ha llegado y que esta decisión política de gran trascendencia puede adoptarse en los próximos meses. Recuerdo que me correspondió negociarla como enviado de la Unión Europea para el Proceso de Paz en Oriente Medio y no puedo olvidar las dificultades y obstáculos con los que me encontré en aquel entonces; años en los que los Estados europeos sólo declararon su compromiso de reconocer un Estado Palestino sin fijar fecha límite y una decisión final.

Hoy las circunstancias han cambiado y merece la pena explicar por qué ha llegado ese momento, y por qué todos los actores implicados en el proceso deben acoger y defender esta decisión de forma favorable, como un paso esperanzador hacia la paz.

Pienso que hay que desmantelar los argumentos contrarios y defensivos que entorpecen el reconocimiento. Principalmente, Israel, apoyado por Estados Unidos y por algunos países europeos sumisos, reitera con firmeza, aunque sin razón, que el reconocimiento del Estado Palestino representa una acción unilateral que contraviene el espíritu y la letra de las negociaciones de paz.

Para estos interlocutores, el Estado Palestino sólo se creará y se reconocerá como resultado final de la negociación. Este razonamiento es inexacto tanto en el fondo como en la forma. Si todas las partes, incluidos Israel, Estados Unidos, la UE y el Consejo de Seguridad, han abogado por la solución de los dos Estados. ¿No fue unilateral la decisión inesperada y valiente, del 14 de mayo de 1948, del primer ministro israelí Ben-Gurión por la que se estableció el Estado de Israel y se solicitó su reconocimiento internacional? ¿Por qué esta decisión no fue unilateral y, en cambio, sí lo es el reconocimiento del Estado Palestino? ¿Por qué no votar y legitimar las aspiraciones de todo un pueblo otorgándoles sus derechos de estatalidad con sus respectivos deberes y obligaciones?

Por el contrario, pienso que la declaración del Estado Palestino puede ayudar a resolver las negociaciones pendientes en pie de igualdad. ¿Qué necesita el pueblo palestino para que se le reconozca su “estatalidad”? ¿No son suficientes los miles de documentos, resoluciones y declaraciones acumuladas en los archivos de Naciones Unidas y en todas las cancillerías del mundo para resolver definitivamente la causa palestina?

Aquellos que se oponen al reconocimiento arguyen la división entre Cisjordania y Gaza, y entienden que esta separación no garantiza la cohesión y la unidad palestina. ¿Pero no percibimos cómo el presidente Mahmund Abbás está haciendo todo lo posible por unificar y controlar todos los movimientos y fuerzas palestinos? ¿Por qué no ayudarle en esta tarea de trasfondo histórico?

Algunos afirman que si no existe una definición clara de fronteras no se puede reconocer un Estado. Pero, ¿es que el Estado Israel tiene una delimitación clara de fronteras? ¿Es que esa indefinición sobre su territorio le ha impedido el reconocimiento internacional?

Es cierto que los palestinos quieren garantías sobre cuáles serán sus fronteras definitivas y, por ello, ha presentado una resolución ante el Consejo de Seguridad en la que se ponga fecha final a la ocupación de los territorios ocupados en 1967, porque entiende que es un elemento complementario al proceso de reconocimiento del Estado Palestino.

No todas estas razones son suficientes porque hay muchas otras que también favorecen a Israel. Su Estado saldría ganando si reconoce a Palestina y si se fijan definitivamente sus fronteras. Esta negociación con Israel es la que se echa en falta en las resoluciones que se adoptaron en Londres o pueden tomarse en Madrid y París.

El reconocimiento del Estado Palestino puede constituir un instrumento diplomático esencial para desbloquear el dramático impasse. Hay que ofrecer a Israel lo que denomino proceso de doble reconocimiento. Europa, Estados Unidos e Israel deben reconocer al Estado Palestino y el mundo árabe el Estado de Israel.

Esta sería la propuesta diplomática para sentar a las partes a la mesa de negociación. Para ello, habría que resucitar la Iniciativa Árabe de Paz y promover una negociación seria durante los próximos meses, máximo un año.

Al término de ésta, bien se habría alcanzado la paz y se procedería al doble reconocimiento o, si fracasa, cada Estado tomaría libre y soberanamente la decisión de reconocer a un pueblo que lleva casi 100 años luchando por su dignidad histórica, y se establecería libremente un Estado Palestino y su reconocimiento internacional. Probablemente, la vía del reconocimiento conduzca a Israel y Palestina a la paz.

MIGUEL ÁNGEL MORATINOS

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