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sábado, 6 de septiembre de 2014

  • 6.9.14
Hace tiempo hice un curso de escritura creativa –he de decir que soy la reina de los cursos, no sé cuántos he hecho ya– y en él aprendí las etapas que recorren por lo general los relatos, las novelas e incluso las películas, a saber: mundo normal, mundo mágico y desenlace. Para pasar de una a otra fase, siempre tiene que ocurrir algo que nos tenga “en ascuas”.

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Por ejemplo: chica solitaria tiene una vida normal; ocurre un encuentro fortuito y conoce a un chico, se enamoran y viven días felices (mundo mágico) hasta que se pelean y se separan; finalmente, arreglan sus diferencias y terminan juntos. En el caso de las novelas o películas de héroes, el proceso es parecido.

Y os preguntaréis: ¿Por qué os estoy contando esto si se supone que os tengo que hablar del libro de Virginia Woolf titulado La señora Dalloway? Pues porque esta autora rompe completamente estas reglas en su forma de escribir. En este fantástico libro no vais a encontrar las mencionadas tres fases.

A mí siempre me maravillan las personas rompedoras, que poseen estilo propio y reconocible. A través de las páginas de este libro, entraréis en el cerebro de Woolf: sus reflexiones sobre la vida, sobre el amor, sobre la muerte y sobre la locura. Incluso, encontraréis cierto lesbianismo encubierto, porque creo que el mejor beso que recibe la señora Dalloway lo hace de los labios de una amiga.

Podríamos decir que Virginia ha diseccionado a sus personajes y sólo les ha dejado la masa encefálica, sin cuerpo y sin alma. Me ha encantado su forma de entrar en la mente humana, seguro que os identificáis –al menos yo lo he hecho a veces– con los silogismos que se dan en nuestra cabeza cuando empezamos a pensar en un tema y terminamos en otro totalmente distinto. A nuestra mente le gusta vagabundear y ella lo refleja como nadie.

Preciosa es la manera que tiene de describir la culpa, ese monstruo que nos han inculcado desde los púlpitos y que hace que el mundo tenga que ser “un valle de lágrimas”. La señora Dalloway sentía ese monstruo “como si la amplia gama de satisfacciones solo fuera egoísmo”.

Nos habla de depresión, de desilusión –yo me atrevería a aventurar que el personaje de Septimus es su “alter ego”, vive en el barrio donde Virgina se estableció y tenía fuertes episodios de irrealidad–; también nos nombra un libro regalado escrito por una de las hermanas Brönte, todos ellos trozos del universo propio de las escritora. Estas piezas son ensambladas con una prosa delicada pero firme, llena de color y maravillosas metáforas.

No os voy a engañar: no es fácil leer a esta autora, pero merece la pena degustar las palabras que brotan de su rica pluma. Os recomiendo un poco de pop de estilo inglés, extraído de la película Begin Again, cuya banda sonora me persigue desde que la vi, con una Keira Knigthley cantante y un Adam Levine que me hace soñar. No dejéis de verla, es un homenaje a la música y a Nueva York.



Ficha literaria

Título: La señora Dalloway.
Autor: Virginia Woolf.
Género: Novela.
Título original: Mrs. Dalloway.
Fecha de publicación: 1925.
Editorial: Lumen.
ISBN: 978-84-26413376.

MARÍA JESÚS SÁNCHEZ / REDACCIÓN

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