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viernes, 1 de agosto de 2014

  • 1.8.14
Pocos países han tenido las narices necesarias para afear con claridad al Gobierno de Estados Unidos el espionaje indiscriminado al que ha sometido a sus ciudadanos. Y los diplomáticos de Obama que han recibido esas quejas no han contestado "pío, pío, que yo no he sido".

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Con una actitud prepotente, han asegurado que transmitirían los mensajes, pero que esos temas pertenecían a la seguridad nacional de su país. Puede que sean un poco chulos, pero es que es su forma de ser con los países que saben inferiores.

Edward Snowden, el técnico de la NSA que ha sacado a la luz el espionaje tecnológico masivo, y Glen Greenwald, el periodista que está publicando sus filtraciones, han explicado que para Estados Unidos hay tres tipos de países.

Los primeros son los auténticos aliados. No es que no les espíen, es simplemente que cuentan con su autorización para hacerlo e intercambian abiertamente la información obtenida. Son los países que, tras la Segunda Guerra Mundial, se unieron para fundar Echelon, el espionaje tecnológico basado en satélites más descomunal conocido hasta la fecha. Gran Bretaña, Nueva Zelanda, Australia y Canadá son los partícipes de las fechorías de Estados Unidos –el primero de ellos destacado miembro de la Unión Europea-.

Los segundos son los países enemigos. Están aquellos que definen como golfos, ya sea Irán o Corea del Norte, pero también otros nada agresivos como Brasil. He utilizado el término "enemigo" porque no solo tiene un aspecto militar, sino también económico. Y este espionaje masivo de la NSA está quedando claro cada día que pasa que va dirigido a garantizar la prepotencia de la economía estadounidense en el mundo.

El tercer grupo son los aliados, entre los cuales se encuentra España. Son países de los que no tienen nada que temer, excepto en ese terreno financiero. Y que llevaban tiempo sospechando que las agencias de inteligencia de Obama se dedicaban a robarnos todos los datos que podían.

Snowden y Greenwald sacaron hace tiempo las pruebas que demostraban que España ha sido espiada masivamente. Hubo gestos de malestar en el Gobierno de Rajoy, pero más de cara a la galería. Protestaron, pero todo quedó ahí. Llevan años adoptando un sistema de comunicaciones gubernamental que creen que la NSA no puede violar. Al resto de los ciudadanos, que nos zurzan.

FERNANDO RUEDA

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