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sábado, 5 de enero de 2019

  • 5.1.19
Hace unos días se cerró el 2018 al tiempo que vemos asomar el 2019. Y el anuncio de un nuevo año quisiera celebrarlo con el artículo que hace el número veinticinco de la serie Discos y portadas. A lo largo de ella han aparecido casi 150 discos, en los que he podido comentar tanto a sus intérpretes como los temas que se incluían en los álbumes junto al diseño de sus portadas.



En esta ocasión voy a permitirme un pequeño regalo, por lo que me centraré en una selección muy personal de diez álbumes que yo me los llevaría a una isla desierta, aunque allí no hubiese ningún tipo de energía eléctrica, puesto que sería para salvarlos del olvido. Y digo diez porque no podría trasladar los cientos de discos que me han marcado después de tantos años de escuchar música. Es, pues, una brevísima selección que comentaré de manera escueta para hacerla más ligera.

Lo que sí quisiera apuntar es que los tres primeros citados –Harvest (Neil Young), Thick As a Brick (Jethro Tull) y Atom Heart Mother (Pink Floyd)– aparecieron en una sección dedicada a la música en la revista cultural Utopía que coordiné por los años ochenta. Todavía hoy los sigo colocando en la cima de los imprescindibles por sus indudables calidades, y también porque me han acompañado a lo largo del tiempo, ya que son como una parte de mi propia persona.



1. De mi admirado el infatigable Neil Young, necesariamente tengo que destacar entre su extensa producción a Harvest, ya que en este disco, aparecido en 1972, se encuentra “Heart of Gold”, el único tema suyo que alcanzó el número uno de las listas estadounidenses. Canción inolvidable y magnífico disco que sobrevive al paso del tiempo.



2. La crítica suele citar a Aqualung como el mejor álbum de Jethro Tull. Sin embargo, y a pesar de la genialidad del citado trabajo del grupo británico, para mí, Thick As a Brick es una singular e imperecedera obra de rock sinfónico. Las dos caras del disco formaban una auténtica exhibición del grupo y, de modo especial, del virtuosismo a la flauta de su líder Ian Anderson.



3. Cuando, allá por 1970, escuché en la radio el disco Atom Heart Mother de Pink Floyd me quedé anonadado. Era la primera vez que oía a la banda británica, y su brillantez me impresionó tanto que muy pronto fui a adquirirlo. Bien es cierto que, posteriormente, el grupo sacaría otras obras maestras, pero yo no puedo olvidar esa primera cita con un grupo que ha dejado una gran impronta en el mundo del rock.



4. ¿Queda algo por decir acerca de los Beatles? Me temo que ya es imposible añadir nada nuevo a ese cuarteto que ha sido la cumbre de la música popular. Y si cito Abbey Road no es solo por su icónica portada sino porque la luminosidad y la alegría se plasman en todas las canciones que se agrupan en uno de los mejores álbumes de la década de los sesenta.



5. Inevitablemente en una selección tan personal tendrían que aparecer mis admiradas e inolvidables Carmen Santonja y Gloria van Aerssen, es decir, Vainica Doble. Me resulta muy difícil seleccionar un disco de ellas, pues todas sus canciones me parecen pequeñas e intemporales joyas, en las que la imaginación, la fantasía, la crítica y la ternura se unen a parte iguales. Pero como tengo que presentar uno de ellos, lo hago con su doble Taquicardia, aparecido en 1984.



6. La unión musical de David Crosby, que provenía de The Byrds, con Stephen Stills, componente del grupo Buffalo Springfield, y con Graham Nash, componente de los británicos The Hollies, se plasmó en un gran disco que llevaba sus apellidos: Crosby, Stills & Nash. Fue el germen de una larga y fructífera historia musical, teniendo en cuenta que de vez en cuando se unía a ellos Neil Young. Tres o cuatro genios, según la ocasión, que nos dejaron espléndidos álbumes.



7. Cuando en el 2012 compré el disco Algiers de Calexico, grupo estadounidense ubicado en Tucson (Arizona), no me imaginaba que iba a encontrarme con una gran sorpresa: contenía otro disco suplementario, Spiritoso, que era el resultado de sus actuaciones en directo en Europa con la Orquesta Sinfónica de Wien y la Filarmónica de Babelsberg. Esta pequeña joya contenida en Algiers posteriormente se publicó se manera separada. Disco imprescindible.



8. Uno de los grandes cantautores canadienses es Gordon Lightfoot, al que he ido siguiendo su larga trayectoria desde sus inicios. Pero hay un disco que destacaría por encima de todos: If you could read my mind, por la sencilla razón que contiene “Me and Bobby McGee”, canción escrita por Kris Kristofferson, aunque popularizada en la voz del canadiense. Una balada que, junto a “Heart of Gold”, me ha ido acompañando a lo largo de mi vida.



9. El 16 de septiembre de 1997 vio la luz un disco espléndido con el título de Buena Vista Social Club, en el que participaban Ry Cooder junto con un elenco cubano formado por Compay Segundo, Ibrahim Ferrer, Eliades Ochoa y Rubén González. Recibió numerosos reconocimientos como sería el Grammy al Mejor Álbum Latino Tropical Tradicional. Un disco para la historia de la música latina.



10. Cierro este recorrido de diez álbumes con uno de música country. Ya sé que en nuestro país, a diferencia de otros del centro y norte de Europa, este estilo musical es abiertamente minoritario, pero también tengo que apuntar que hay incondicionales seguidores, entre los que me encuentro, que se mantienen al tanto de lo que se va publicando.

¿Y qué disco debería seleccionar entre tantos cantantes y grupos de este territorio musical? La elección sería muy difícil si esta sección no estuviera también dedicada al estudio y diseño de las portadas. Es por lo que me he decantado por This Time de Dwight Yoakam, uno de los cantantes country que se encuentra dentro de mis favoritos. Brevemente, quiero apuntar que esta es una de las mejores portadas que conozco dentro de las distintas ramas que surgen de un árbol denominado música popular.

AURELIANO SÁINZ

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