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sábado, 8 de diciembre de 2018

  • 8.12.18
Dentro del extenso archivo de dibujos de niños y niñas sobre la familia que poseo, hay un conjunto de ellos que tiene bastante interés conocer. Se trata de aquellos en los que aparecen animales domésticos y que para los escolares tienen un significado especial, ya que los consideran como unos miembros más de sus propias familias, puesto que no solo los incorporan a sus dibujos, sino que, a veces, se convierten en uno de los elementos más relevantes de la escena que han construido.



Tengo que apuntar que sobre esta temática hace unos años dirigí un Trabajo Fin de Grado, o lo que es lo mismo, el trabajo de investigación que los estudiantes universitarios tienen que realizar al terminar sus estudios. La razón se encontraba en que la alumna que lo realizaba tenía un perro pastor alemán en su casa y era el centro de las afectividades de los miembros de la familia.

También conviene indicar que los animales que se tienen como mascotas varían de especie y tamaño según las edades de sus “dueños”, entendiendo a estos como los niños o niñas que se encargan de cuidarlos según el cometido o la responsabilidad que les hayan asignados los padres.

Así, la portada elegida para esta ocasión se debe a una chica de 11 años que se encontraba en sexto curso de Primaria. El dibujo, gráficamente, responde al nivel de una alumna de este último curso de la enseñanza Primaria. Como podemos comprobar, en el mismo, aparece la propia autora, entre su hermana y su madre, al tiempo que en el lado derecho representa a su padre con barba. En la izquierda de la lámina ha trazado a Nube, la yegua que posee la familia y que para la autora necesariamente tenía que estar dentro del grupo familiar como un miembro más.

Ciertamente, los caballos no se encuentran entre los animales más frecuentes, puesto que no pueden tenerse en pisos o casas, que son las viviendas habituales de los escolares. Como veremos, serán los perros, los gatos, las cobayas, los pájaros, los conejos, las tortugas, etcétera, los que suelen representar cuando llevan a cabo el dibujo de la familia.

Para que veamos la evolución de esta temática, selecciono siete dibujos, comenzando por el de una niña de 5 años, que se encuentra en tercero de Educación Infantil, y acabo con otro de una chica de 12 años de sexto de Primaria.



En las primeras edades, los padres les proporcionan pequeños animales para que ellos se sientan los dueños y responsables del cuidado de los mismos. Esto les ayuda a observarlos, conocerlos y desarrollar los sentimientos de afectividad hacia otros seres vivos.

Es lo que manifiesta Julia, una niña de 5 años, quien, al pedir en la clase el dibujo de la familia, se representa en primer lugar, sosteniendo con la mano el cordel que tira de una caja de plástico en la que guarda a su pequeña tortuga. A su lado traza solo a su madre, olvidándose de su padre y de su hermano, puesto que todo su interés y cariño lo centra en su mascota, a la que le dedica el corazón que ha dibujado.



Del primer curso de Primaria he seleccionado el trabajo de Mario, un niño de 6 años que realizó un sorprendente dibujo, puesto que traza su supuesta casa con la técnica de la transparencia, dado que se aprecia el exterior y el interior del edificio al mismo tiempo.

En la parte inferior representa a sus padres, a su hermana y a sus dos hermanos, todos en tamaño pequeño. Al preguntarle dónde se encontraba él, nos respondió que había subido a su habitación para echarle de comer a su pez, por lo que trazó una larga escalera que conducía de la planta baja hasta la superior. Y es que para el pequeño lo más importante era mostrar el recorrido que tenía que hacer hasta llegar al pez, del que se responsabilizaba todos los días echándole de comer.



Entre los 7 y los 9 años, los escolares se encuentran en la fase que, los que investigamos en el arte infantil, llamamos Etapa Esquemática, puesto que dibujan con formas bastante simples, por lo que todavía están distanciados del realismo visual, es decir, lejos de la aproximación gráfica a las figuras y objetos tal como se perciben visualmente.

Por ello, llama la atención la escena de esta niña de 8 años que ha dibujado a los miembros de su familia de modo esquemático; sin embargo, a la hora de representar a Dama, la perra de la casa, busca trazarla con el mayor realismo que puede, como señal de la importancia que tiene para ella. Tampoco se olvida de “Calletana”, su pequeña cobaya que también aparece a su lado.



Aunque las mascotas más habituales en los domicilios son los perros y gatos, también aparecen en los dibujos otros más pequeños que no necesiten tantas atenciones diarias como los indicados. Esto suele suceder cuando los padres tienen hijos en edad escolar, puesto que entienden que se desarrollan en ellos sentimientos positivos, al tiempo que les sirven de juego y distracción.

Es lo que vemos en este dibujo de Ana, una niña de 9 años, que se traza la primera, como señal de autoestima, con sus padres y sus mascotas –dos periquitos (Menta y Pikito) y una cobaya (“Vigotitos”)– que son el centro de todas sus atenciones.



A los 10 años, niños y niñas entran en la etapa que denominamos Comienzo del Realismo, en el sentido de que en los dibujos de los escolares empiezan a observarse algunos aspectos de superación de las formas esquemáticas, sea a través del doblamiento de los brazos, por la forma almendrada de los ojos, el trazado especial del pelo, etcétera.

Es lo que vemos en Lucía, una niña de 10 años, que, inicialmente, representa a sus padres, para, a continuación, dibujarse con su hermano mayor, con quien se siente muy unida. Si nos fijamos, numera a los miembros según el orden por el que comenzó, con la curiosidad de que cierra con el número 5, que es el que corresponde a sus peces, a los que incorpora como si formaran parte de la propia familia.



Tradicionalmente, se consideraba que si los hijos o hijas eran únicos acabarían siendo caprichosos y egocéntricos, puesto que el afecto de los padres lo recibían en exclusividad, al tiempo que se pensaba que solía ser demasiado complacientes con ellos. Esta idea ya está bastante desechada, no solo por las transformaciones educativas que dan lugar a que tempranamente empiecen a compartir experiencias con otros niños y niñas de sus edades.

Esta reflexión me ha surgido al observar el dibujo de Irene, una niña de 11 años que se encontraba en sexto de Primaria, puesto que, aparte de sus padres, incorpora a su familia a su tita y su tito, pasa a su perrita y su “coballa” (sic), cerrando el conjunto con su amiga y ella misma. Es decir, la niña amplía la idea de familia a sus tías, a su mejor amiga y a las mascotas que hay en su casa.



Cerramos este recorrido por los dibujos de las familias que tienen animales domésticos con el que realiza Mari Carmen, una chica de 12 años, que se encontraba también en sexto de Primaria y en la misma clase que Irene. Como puede apreciarse, el dibujo, cargado de alegría y vitalidad, nos muestra a los cuatro miembros, unidos o cogidos de la mano, con sus dos mascotas: un pequeño perro y un conejo.

La autora, en su amor por los animales, no olvida de ubicar la escena en el campo, lugar de esparcimiento y disfrute, de modo que en el tronco del árbol que ha trazado asoma una ardilla, completando de este modo un grupo familiar que siente un gran aprecio por el mundo animal.

AURELIANO SÁINZ

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