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jueves, 3 de mayo de 2018

  • 3.5.18
El año pasado publicaba por San Fermín unas líneas sobre el tema de las agresiones sexuales y, concretamente, sobre el cacareado grupo autodenominado “La Manada”. De dicho artículo extraigo dos párrafos que considero importantes. Decía: “Espero que la condena sea firme, sin misericordia. Deseo que la Justicia sea sorda y ciega para que la pena se cumpla. Es un error muy socorrido y sibilino, desde mi punto de vista, que en determinados delitos –violación, esclavitud sexual, pedofilia– la buena conducta condone penas. Lo siento, pero quien la hace, que la pague”.



Adolf Tobeña, catedrático de Psiquiatría, en su libro Neurología de la maldad apunta: “En algunos individuos se necesita poco adiestramiento para que manifiesten y ejecuten un variadísimo repertorio de vilezas sin un motivo claro. Acarrean, parece ser, un talento natural para obtener distracción y goce mediante la tortura ajena si las circunstancias lo permiten” (pág. 214).

Lo más indigno que nos puede ocurrir es movernos en el terreno de la irresponsabilidad que hace inviable cualquier tipo de planteamiento en el que los demás no cuentan, son muñecos de trapo que puedo tirarlos y pisotearlos cuando y como me dé la gana. El irresponsable, en el sentido citado, solo se deja llevar por el egoísmo. Vive a sus anchas y nunca se pregunta: ¿qué debo hacer? ¿Qué está bien o qué está mal? Pasa…

Le traen al pairo los demás y sus derechos. No respeta nada ni a nadie. Vive en un prolongado hedonismo solo para satisfacer su instinto animal. Hay muchas manadas. Bastantes eventos multitudinarios de nuestro entorno, sean ferias, conciertos, botellones, han derivado en puras orgías donde cada uno da rienda suelta a sus apetencias, caiga quien caiga.

Aglomeraciones de Sanfermines, ferias de Abril, de Mayo o de otro tipo han degenerado hacia alcohol, sexo y drogas sin que nadie se preocupe de posibles salidas al problema. Siempre en manada porque es más divertido. A río revuelto, ganancia de pescadores. Claro, puesto que así se diluye la responsabilidad. ¿Exagerado? Creo que no.

Según datos oficiales, parece ser que desde 2014 han aumentado considerablemente los casos de acoso y/o violación. Deseo que no estemos ante un aumento real del problema y que solo sea un incremento de las denuncias ante la Policía.

En cualquiera de los casos –aumento de denuncias o hechos reales– el tema es muy serio y pide mano dura por parte de la Ley. Habrá que ponerle puertas al campo. Aquí viene parte del conflicto: el campo es muy amplio y con muchos animales sueltos.

Nuestra sociedad ha evolucionado a mayores cotas de libertad, pero ¿hemos aprendido a ser sensibles, considerados, respetuosos con los demás? Parece que no, pues cada vez más el otro o la otra nos importan tres rábanos.

¿Más información, mejor educación? Creo que información disponemos “a mogollón”; otro cantar es el uso que podamos hacer de ella. Los medios y san Google nos mantienen conectados. Hablar de educación, en el sentido más amplio... Eso ya es otro cantar.

Nos hemos desprendido de la mojigatería, de una pacatería cortocircuitada por excesivos escrúpulos morales en la que nos encorsetaba una moral religiosa estrecha y capadora. Pero rotas las alambradas, hemos pasado a la otra orilla donde todo está, o eso creemos, permitido. De un extremo al otro hay mucha distancia.

En el punto medio está la virtud. Alguien podrá decir que se la suda, que es libre para hacer lo que le venga en gana. Con bastante frecuencia confundimos el preciado don de la libertad con el más podrido libertinaje. Y así nos va.

Hace una semana que se conoce la sentencia del caso de la manada (en esta ocasión, "manada" no lo pongo en mayúscula porque es un nombre común y quiero matizarlo en toda su extensión gramatical). Aunque a la velocidad que marchamos, pasada una semana se nos habrá olvidado toda la información relacionada con el hecho.

El tema es muy fuerte como para dejarlo de lado. ¿Agresión sexual, violación? No entiendo de leyes y, por tanto, tampoco puedo ni debo emitir juicio en ese sentido. Solo sé algo sobre el respeto debido a los demás, sobre los valores morales que deben adornarnos como personas responsables.

"Manada" se define como “conjunto de ciertos animales de una misma especie que andan reunidos” (sic). Matizo un poco más. La piara es una “manada de cerdos” (sic). En el caso que nos ocupa, son los mismos sujetos quienes se autocalifican de animales. A la vista de los hechos podemos decir que estamos ante una piara de cerdos.

Feminismo, machismo… ¡Justicia! Estamos ante un desafío a los derechos elementales de cualquier persona a no dejarse embrutecer por animales. El comportamiento animal de “la manada de cerdos” (sic) no tiene perdón. La brutalidad y el comportamiento animal de esta piara machacan los derechos elementales de la persona atacada. Cinco contra una entontece al más valiente.

He revisado diversas fuentes de información sobre el caso. Cito: “Así son los miembros de la manada: Unos patanes aficionados al sexo, fútbol y fiestas”. Este titular lo único que hace es una caricatura de una parte de nuestra sociedad asentada sobre el mundo de las tres efes: (fútbol, fiesta y follar). Y eso puede estar muy bien cuando funcionamos desde la libertad democrática y todos los participantes, nunca desde una sola cara del conjunto comunitario.

“La condena de la manada por abusos ahonda el divorcio entre la calle y los jueces”. No improvisaron en caliente. Iban ya pre-preparados y solo faltaba encontrar una víctima que picara el anzuelo, lo demás vendría rodado.

Ofrezco a continuación unas notas extraídas de Psicología y mente donde se explican las diferencias que puede haber entre abuso y agresión sexual. Suelen emplearse ambos términos como sinónimos aunque, en realidad, no impliquen lo mismo; sí que ambos son delitos sexuales tipificados y castigados por la ley. La diferencia que distingue a uno del otro es la presencia o ausencia de violencia física e intimidación.

La violación supone la realización del acto sexual llevado a cabo mediante la fuerza o intimidación, y sin consentimiento de una de las partes. El abuso sexual supone la limitación de la libertad sexual de la otra parte y aunque no se emplee la violencia física sí que hay manipulación, engaño y coacción.

En el abuso sexual no se emplea necesariamente la fuerza o la violencia física para someter a la persona abusada. En el caso de la violación, como agresión sexual que es, por lo general se emplea el uso de la fuerza, la intimidación o el uso de sustancias que ponen a la víctima en situación de vulnerabilidad

Pero dejemos a los jueces cumplir con su trabajo. Amenazar de muerte al juez que vota es un fallo serio: “Sin piernas y sin brazos, machistas a pedazos” me parece una amenaza muy seria, no porque sea juez sino porque es una persona con los mismos derechos que otras.

Hay que esperar, de momento, los distintos recursos que puedan interponerse. ¿Qué queda claro? Ambas circunstancias atentan contra la integridad de la persona, ambas humillan y abusan con violencia o sin ella y deben ser castigadas con contundencia. Pero dentro de los límites legales.

Mal que nos pese “dejemos a los jueces hacer su trabajo”. Lo que decida la Justicia debe ser respetado pues, en caso contrario, estaríamos ante una intromisión. Un millón de firmas no puede ser un misil contra la línea de flotación ni de la Justicia hoy o mañana de un Gobierno. La democracia tiene sus normas lo que no significa que siempre estemos de acuerdo con ellas.

Las leyes no las hacen las firmas del pueblo sino el Poder Judicial. No nos podemos permitir la tiranía del pueblo sectorizado solo hacia un bando sea este el que sea. El populacherismo manejado desde las redes es peligroso. Recusas a los jueces y caemos en dicho populacherismo, por lo que queda una pregunta en el aire: ¿mañana a quién recusamos?

PEPE CANTILLO

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