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sábado, 16 de septiembre de 2017

  • 16.9.17
Sería maravilloso poder quedarse con lo bueno de cada relación, como hacemos con las películas románticas. El diario de Noa conmueve a mucha gente y, como acaba bien y es una historia de amor que perdura a través del tiempo, nos parece preciosa y una especie de cuento de hadas. Pero si viésemos el conjunto y viéramos cada parte sin saltos, sin elipsis, entonces sería diferente.



Si nos mostraran todos los días de desesperación por no tener noticias del otro, siendo además muy jóvenes los protagonistas, en esa época en el que el tiempo es eterno y los días parecen muy largos... Ella esperando una carta o una señal que no llega, y él frustrado por no tener contestación.

Fueron muchos años hasta que se volvieron a encontrar y ella ya estaba con otro. En ese periodo, él tuvo que ir a la Segunda Guerra Mundial y ver cómo moría su mejor amigo. Hay mucho dolor en esta historia y, por mucho que se dulcifique lo de la demencia senil o Alzheimer que tiene ella, es un trago muy duro para los familiares ver a una persona a la que quieres que no te puede reconocer. Sin embargo, es una gran historia de amor y de superación.

A mí me gustaría que al final de mis días pueda yo ver con perspectiva todo lo que he vivido y que la sensación que flote sobre ellos sea positiva, que los momentos oscuros se hayan difuminado y los claros y brillantes se impongan.

Tal vez sea así. Hace unos años, en una discoteca, había muchos vasos rotos en el suelo y lo siguiente que recuerdo es estar en una camilla de quirófano rodeada de gente. Al parecer, un casquillo de algún vaso me seccionó una de las arteriolas de la pierna, a la altura del tobillo, y empecé a perder sangre como si fuera una fuente. Me contaron que un chico me cogió y me llevó al hospital en su coche, que quedó con charcos de sangre.

También recuerdo el dolor cuando me cosieron a las bravas, sin anestesia Y mis idas y venidas a la realidad. La pérdida fue tan grande que mi conciencia se diluía constantemente. Pero hubo algo muy curioso, y es que empezaron a pasar momentos felices de mi vida, como si fueran fotogramas inconexos a gran velocidad.

Hoy, de aquel incidente solo guardo esa sensación de placidez, de ver lo bueno que había vivido hasta ese momento y la generosidad de Curro, mi particular héroe salvador.

MARÍA JESÚS SÁNCHEZ

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