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domingo, 10 de septiembre de 2017

  • 10.9.17
A lo largo de los trabajos publicados sobre arquitectura he abordado la biografía y algunas de las obras de reconocidos arquitectos que trabajan en el mundo desarrollado, por lo que el análisis se ha centrado, fundamentalmente, en los aspectos constructivos y estéticos de las mismas. Han sido obras de alto presupuesto que se han llevado a cabo en Europa, Norteamérica y Japón. Son, pues, los nombres y los edificios sobre los que hablan los libros de arquitectura.



Sin embargo, cabe preguntarse: ¿qué sucede entonces con los proyectos de países con escaso desarrollo económico o con las poblaciones empobrecidas o con las viviendas de víctimas de desastres naturales que también tienen derecho a un mínimo de vida digna?

En cierta ocasión hablé del arquitecto japonés Shigeru Ban, premio Pritzker en el año 2014, no solo por sus brillantes soluciones con materiales naturales como es la madera, sino también por las que lleva a cabo con tubos de cartón de material o papel reciclado, tratados de modo que sean ignífugos.

Son conocidos sus trabajos sobre viviendas temporales para poblaciones en situación de emergencia, caso de Haití o de Ecuador, o aquellos destinados a refugiados de países como Ruanda, Turquía o Vietnam, o de poblaciones en riesgo, caso de China o el propio Japón.



En línea similar a la de Shigeru Ban se encuentra la del arquitecto de origen africano Diébédo Francis Kéré, por lo que en esta ocasión nos alejamos de los proyectos singulares de los países con grandes recursos económicos para trasladarnos a uno de los más pobres del mundo: Burkina Faso.

Diébédo Francis Kéré, nacido en 1965 en Gando, una pequeña localidad de Burkina Faso, fue el único de su pueblo que tuvo posibilidad de estudiar en el extranjero. Sus estudios los llevó a cabo en la Universidad Técnica de Berlín, acabando con magníficas calificaciones.

Aparte de los trabajos que como arquitecto ha proyectado, Francis Kéré ha sido profesor en la propia Universidad Técnica de Berlín, centrando su enseñanza en la arquitectura ecológica adecuada a los entornos en los que se construyen los edificios.

Por otro lado, durante años fue invitado por la Universidad de Wisconsin y, a partir de 2012, es catedrático en la Graduate School of Design de la Universidad de Harvard. También es profesor invitado por la Academia de Arquitectura de la ciudad suiza de Mendrisio.

Junto a su labor como docente, sus proyectos en arquitectura sostenible han sido reconocidos con numerosos premios internacionales, entre los que se encuentran: el premio Aga Khan (2004), el Global Award for Sustainable Architecture (2009), el BSI Swiss Architectural Award (2010), el Global Holcim Award (2012) y el Premio de Arquitectura Erich Schelling en el 2014.

Si he hecho referencia a todos estos reconocimientos y a su trabajo como profesor en distintas universidades es para que seamos conscientes de que nos encontramos ante uno de los grandes arquitectos actuales, a pesar de que gran parte de sus obras están realizadas en su país y para una población muy pobre que necesita soluciones con los materiales de los que se disponen en los países del continente africano. Aquí reside la grandeza de una persona que nunca ha olvidado sus raíces y que vuelca sus conocimientos en dar respuestas constructivas a necesidades perentorias.

No voy a hablar, pues, de sus proyectos en países como Alemania, Suiza o China, sino que me voy a centrar en algunos de sus trabajos para las poblaciones más pobres de Burkina Faso.





El primer proyecto que Francis Kéré llevó a cabo fue en su pequeño pueblo de Gando que cuenta con 3.000 habitantes y dista 200 kilómetros de Uagadugú, la capital de Burkina Faso. Se trata de una escuela de educación Primaria.

Para poder llevar adelante este proyecto, creó en Alemania una asociación denominada “Ladrillos para la escuela de Gando”, con la que pudo recaudar los fondos necesarios para que los niños y niñas de su pueblo contaran con un centro escolar digno en que pudieran estudiar.

Quisiera apuntar lo adecuado del término “ladrillos” en el nombre de la asociación, puesto que el ladrillo es un material que se obtiene directamente de la propia naturaliza, es decir, de la arcilla de los pueblos africanos y que sirve para crear los muros de carga de las construcciones.

Sobre ellos, se situarán las vigas de hormigón que servirán de soporte de las barras de acero que sostienen la cubierta. Esas cerchas de acero son adecuadas para que circule el aire libremente entre la cubierta y el techo de la clase con el fin de que baje la temperatura en las aulas de un país con un clima muy caluroso.



La escuela Primaria de Gando se completaba con seis alojamientos para el profesorado y sus familias. Francis Kéré se apoyó en la arquitectura tradicional de su país para construir estas viviendas. Las mismas presentan tres tipologías diferenciadas a partir de una serie de módulos adaptables y todos con unas dimensiones comparables a las tradicionales cabañas de planta circular de la región.

Constructivamente, cada una de las viviendas está compuesta de tres muros de carga de ladrillos paralelos, sosteniendo las bóvedas de cañón fabricadas también con bloques de arcilla estabilizada. Para proteger las casas de la humedad del suelo, los muros de ladrillo se levantan sobre cimientos de cemento y granito.

Conviene apuntar que este primer proyecto acerca de la escuela de Primaria y las viviendas del profesorado, y que firmara Francis Kéré, recibió en 2004 el Premio Aga Khan de arquitectura sostenible.





El entusiasmo y la tenacidad de Kéré no han decaído con el paso del tiempo. Apunto esto porque él mismo encabezó la asociación “Operar en África” con el fin de recaudar fondos para la creación de un centro clínico y de salud para la población de Léo en Burkina Faso.

Con las aportaciones obtenidas se pudieron abrir las puertas de este centro en abril de 2014. En la actualidad ya está completada la unidad de pacientes, los quirófanos y la maternidad. El centro se completará con una morgue y viviendas para el personal sanitario.

La construcción sigue las pautas de otras obras anteriores: muros de carga de ladrillo coronados por cubiertas sostenidas por estructuras metálicas, con el fin de favorecer la circulación del aire, al tiempo que proporcionan sombra a los módulos del centro.

Siguiendo las pautas de aprovechamiento de los recursos, en el centro se ha creado un sistema de recolección y filtrado de las aguas pluviales y residuales para el riego de las plantas y árboles de los alrededores.





Uno de los encargos que desconcertó a Kéré fue el que recibió del dramaturgo y director de cine alemán Christoph Schlingensief cuando le propuso la creación de un teatro de ópera en su país. “Cuando me hablaron por primera vez de la idea de un teatro de ópera en África, pensé que era una broma. Una fantasía así solo se le podía haber ocurrido a alguien que no conociera África, o que estuviera tan saturado que no pudiera pensar más que en tonterías”, fue lo que comentó tras recibir la propuesta.

Una vez que el director le explicó detenidamente la idea, el arquitecto burkinés comprobó que hablaba en serio. Previamente, el cineasta había barajado otros países como Camerún o Mozambique; sin embargo, finalmente, se decantó por Burkina Faso ya que se trata de uno de los países más empobrecidos del continente y, también, por ser el que sirve de punto de encuentro de cine y teatro africanos.



Bajo el argumento de que el arte contribuye reforzar la identidad cultural de una comunidad y que es una potente herramienta de desarrollo, a Schlingensief no le fue difícil convencer a Kéré para que se embarcase en un concepto de pueblo donde las comunidades pudieran convivir en torno al arte y la cultura.

Sin embargo, las graves inundaciones que sufrió Burkina Faso en el año 2009 dieron lugar a que la Casa de la Ópera pasara a segundo plano y se empezara a dar prioridad a un proyecto más amplio cuyo eje central seguía siendo la cultura, pero que ahora, aparte del auditorio central, estaría formado por unas viviendas modulares fácilmente autoconstruidas, tal como una de ellas aparece en la fotografía anterior, junto con una escuela Primaria y una clínica de salud y maternidad.

De este modo, el ahora denominado como Pueblo de la Ópera de Laongo, abrió su escuela de enseñanza Primaria en 2011. Construida con materiales locales, caso del ladrillo, presenta un diseño adecuado para soportar las altas temperaturas de la zona, con pequeñas ventanas bien orientadas, cuestión que Francis Kéré tiene siempre en cuenta.

La ausencia por fallecimiento de Christoph Schlingensief ha ralentizado este proyecto. No obstante, en el mismo se han involucrado personalidades del mundo artístico de Burkina Faso para que se acabe este centro de cultura africana. Y, por encima de todo, se encuentra el respaldo del admirable arquitecto africano Francis Kéré que no abandona la línea de trabajo que lleva adelante en la que la sostenibilidad de la arquitectura se encuentra entre sus prioridades.

AURELIANO SÁINZ

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