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martes, 8 de agosto de 2017

  • 8.8.17
Con ocho discos publicados, Nach es uno de los más claros exponentes del hip hop en español. Nominado al Goya de mejor canción por Verbo, ahora presenta Hambriento, su primer libro de poesía. Este poeta rapero celebra que la Academia sueca haya concedido el Premio Nobel a Bob Dylan y sabe que el rap español camina a años luz del norteamericano, sin que esa distancia le haya borrado su propia personalidad. Y está convencido de que el hip hop ayuda a que los jóvenes decodifiquen el significado y el valor de la palabra.



—Eres poeta rapero. Bob Dylan es premio Nobel. ¿Está cambiando el mundo sin que nos demos cuenta?

—Sí. Está cambiando y, en muchos casos, para bien. Gente que abre un poco la mente. Y en otros casos, para mal: para la gente que intenta gobernar desde la élite más élite.

—‘Hambriento’ te ha ayudado a ubicarte. ¿Te sentías perdido?

—Sí. Me sentía perdido. Yo creo que todo el mundo en un momento determinado se siente perdido. El libro me ha servido como terapia. Sí. Y a veces, bendita perdición, porque te encuentras a ti mismo de manera mucho más clara.

—Se gana más dinero cantando que escribiendo versos. ¿Entonces por qué lo haces?

(Ríe). No lo sé. No sé por qué estoy aquí y por qué he llegado a esto. Supongo que porque es ya como con la música. Estoy tranquilo, necesitaba pegarme una paliza a otro nivel.

—Ahora ya formas parte de esa generación de escritores que hacen que la gente joven consuma más poesía. ¿A qué adjudicas este renacer cuando menos se lee?

—Bueno, yo creo que mucha gente joven necesita respuestas, y de ahí acudir primero a la música. Luego han encontrado la fuerza de la letra. En la poesía también encuentran esas respuestas. Yo creo que es más sencillo de lo que parece ese proceso.

—La poesía y la canción, desde los antiguos trovadores, siempre estuvieron unidas. ¿Por qué entonces tanto escándalo por la concesión del Nobel a Dylan?

—Pues la verdad es que no lo sé. Supongo que los puristas siempre tienen que echarse las manos a la cabeza cuando algo se sale del tiesto. Que sufran.

—El rap en España está a años luz del de Estados Unidos. ¿Qué tiene el nuestro de propio?

—Hombre, yo creo que tiene bastante de propio, de cómo mucha gente, en muchas ciudades, Barcelona, Madrid, Sevilla, ha cogido su propio entorno y lo ha decorado con el rap de fondo. Creo que hemos sabido darle nuestra personalidad y siempre hay gente que se guía o se influencia por lo que viene de Estados Unidos. Copia directamente. Pero los grupos que han tenido su personalidad propia son los que al final han tenido repercusión.

—Toda la vida haciendo rimas y ahora te pasas al verso libre. ¿La poesía permite formas expresivas que no ofrece la canción? ¿Te permite expresar los sentimientos de otra manera?

—Sí. Además, yo creo que los sentimientos más profundos, al no estar anclados al tempo, a la rima y a la métrica, han podido liberarme muchísimo más para determinada temática. Eso no quiere decir que en el rap no me sienta cómodo. Es mi vía principal y ahí voy a seguir.

—Preparas tu noveno disco. ¿Habrá rap y poesía o vuelves de nuevo a la canción?

—Volveré al rap más puro y al rap más mío. La poesía está aquí y se ha quedado en este libro. Ahora toca volver al rap cien por cien.

—Dice García Montero que ‘Hambriento’ es ante todo “un libro que quiere comerse la vida”. ¿Es que el rap lo pone a uno a dieta?

(Ríe). No. No tiene nada que ver. Tiene que ver conmigo. No me sacio de ninguna cosa. Y, de momento, intentando pluralizar con todo lo que hago artísticamente, de alguna manera sacio el hambre.

—Perteneces a esa generación de raperos más ligada a la protesta social, pero no te cierras a sonidos y géneros nuevos, como el trap.

—No me cierro a nada. Pero hay tendencias que llenan más o menos. Yo pertenezco más a la esencia del rap de los noventa, que es con la que me quedo, con la que he crecido y la que más me atrae.

—En 2014 decidiste publicar un disco de ‘slam’, un rap más próximo a la poesía recitada que a los ritmos afroamericanos. O sea, que a los jóvenes, después de todo, lo que les va es el ritmo, la bulla.

—Sí. En muchos de los casos sí, y es el tempo que ellos entienden y con el que realmente sacan un poco más de energía. Pero, bueno, yo creo que se demuestra cómo la gente acude a la poesía. Cada vez más, los jóvenes abren la cabeza. Sobre todo es darles lo que tú quieres como artista, saber lo que ellos quieren para decírselo tú. Y hay una diferencia muy grande.

—Dices que el hip hop sirve para que los jóvenes vean el valor que tiene la palabra para cambiar cosas, que puede servir como arma.

—Hay una frase en el libro que dice: “Mi teclado es un arma, pero si tú no la lees, no va a ser disparada”. Y lo mismo sería con la música.

ANTONIO LÓPEZ HIDALGO
FOTOGRAFÍA: ELISA ARROYO

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