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viernes, 23 de diciembre de 2016

  • 23.12.16
"Reposa, come, bebe y diviértete". Esta consigna del hombre rico de la parábola evangélica no es nueva. Ha sido el ideal de no poca gente a lo largo de la historia, pero hoy es vivida a gran escala y con una presión social tan fuerte que es difícil crear un estilo de vida más sobrio y más sano.



Hace tiempo que la sociedad moderna ha institucionalizado el consumo; casi todo se orienta a disfrutar de productos, de servicios y de experiencias siempre nuevas. La consigna del bienestar es clara: diviértete. Eso que nos ofrecen a través de la publicidad es juventud, elegancia, seguridad, poder, bienestar y felicidad. La vida la tenemos que alimentar con el consumo.

Otro factor decisivo en el funcionamiento de la sociedad actual es la moda. Siempre ha habido en la historia de los pueblos corrientes muchos gustos fluctuantes. Es el que se mueve en el imperio de la moda quien se ha convertido en el guía principal de la sociedad moderna.

Ya no son las religiones ni las ideologías las que orientan el comportamiento de la mayoría. La publicidad y la seducción de la moda están sustituyendo a la Iglesia, a la familia y a la escuela. Es la moda la que nos enseña a vivir para satisfacer las necesidades artificiales del momento.

Otra cosa que marca el estilo de vida moderna es la seducción de los sentidos y el hecho de mirar por nuestro cuerpo, la línea, el peso, el gimnasio y las revisiones. Se tienen que aprender terapias y remedios nuevos; se han de seguir de cerca los consejos de los médicos y los consejos culinarios; tenemos que aprender a sentirnos bien con nosotros mismos y también con los demás; hemos de aprender a movernos de manera hábil en el campo del sexo, conocer todas las maneras de pasarlo bien y de acumular experiencias nuevas.

Sería un error satanizar esta sociedad que ofrece tantas posibilidades para cuidar las diversas dimensiones del ser humano y para desenvolverse en una vida integral e integradora, pero no sería menos equivocado dejarnos arrastrar frívolamente por cualquier moda o reclamo, reduciendo la existencia a un puro bienestar material.

La parábola evangélica nos invita a descubrir la insensatez que puede esconder este planteamiento de la vida. Para acertar en la vida no es suficiente con pasárselo bien, porque el ser humano es más que un animal afanado en el placer y el bienestar: ha estado también trabajando el espíritu; conociendo la amistad; experimentando el misterio transcendente; agradeciendo la vida; viviendo la solidaridad...

Es inútil quejarnos de la sociedad actual. Lo que es importante es actuar de manera inteligente. El hombre no podrá jamás perfeccionarse, ni lograr el éxito del mundo, si no encuentra a Jesucristo.

JUAN NAVARRO COMINO

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