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sábado, 5 de marzo de 2016

  • 5.3.16
Hoy me he levantado con otra actitud: la de dejar que no se me escapen lo días. Buscando alivio a mi dolor, la vida me ha regalado un esguince de tobillo que durante varias semanas me ha arrastrado a un agujero negro lleno de rabia, impotencia y pena. Esta mañana, algo en mi cerebro me ha dicho: "dentro de tres días es tu cumpleaños; tu organismo será un año más viejo. Te vas acercando a los treinta... ¿Quieres seguir escapando de tu realidad? ¿Quieres seguir escondiéndote en la autocompasión?".



Y ha empezado una lucha en mi cabeza entre la damisela en apuros que espera que la rescaten sin que ella tenga nada que hacer y la guerrera fuerte que ha peleado en mil batallas y quiere avanzar. Desidia frente a determinación.

Al igual que en la guerra entre israelíes y palestinos, he necesitado una mediadora para acercar posturas. En este caso no era sueca: era otro de los personajes que viven en mi cabeza. Y he de decir que ha tenido más éxito que el conde Folke Bernadotte.

Se trata de una chica práctica, pragmática, con gafas de forma parecida a las que Penélope Glamour lleva en la serie de dibujos animados Los autos locos y que les ha dicho a las dos rivales que ella quiere vivir y ser consciente de su vida. Y me ha apuntado a un curso de Reiki. Las ha dejado pasmadas.

Así que esta tarde me he enfundado un pantalón cómodo y un forro polar y he tomado contacto por vez primera con ese mundo de la meditación y con mi respiración. No es fácil mantenerse consciente ante lo que nos rodea, tener conciencia de uno mismo, sobre todo cuando el dolor no para de distraerte despertando sensaciones que guardan bajo una alfombra miles de emociones. Pero es un camino, un nuevo camino que se me abre, de anchura superior a la del alambre y que me permite ir andando sobre una sola pierna.

Sentirme, sentir que formo parte de algo más grande, sentir una mano que me toca de manera desinteresada, llevando su bondad y energía a mi cuerpo para que este se equilibre, es un regalo para mi fría vida. Un descubrimiento.

Nada más salir del curso, el mundo ha cobrado color, mis ojos han sido capaces de mirar a mi alrededor; he sido capaz de ver a otros seres humanos... Había un adolescente en el autobús que lloraba desconsoladamente mirando el teléfono móvil... ¿Estaría sufriendo el primer desamor? ¿Tendría un problema familiar? Me llamó la atención su falta de pudor, su pérdida de control dejando que las lágrimas cayeran por una cara donde las hormonas habían dejado alguna huella.

Me entraron ganas de consolarlo, de arrancarle la pena, pero mi naturaleza tímida me impidió preguntarle nada... Pero he descubierto que mi sensibilidad se está expandiendo, está saliendo fuera, haciendo que yo no solo viva en mi cabeza.

(...)

Acabo de ver las noticias. Han detenido a mi padre y a su socio. "Eufrasio Pérez ha sido detenido por blanqueo de capitales y delito fiscal...". ¡Qué disgusto se habrá llevado cuando haya visto escrito su nombre verdadero! El gran Eugenio Pérez...

MARÍA JESÚS SÁNCHEZ

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