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martes, 18 de noviembre de 2014

  • 18.11.14
Publico.es, el medio digital heredero del diario en papel de izquierda radical de efímera vida, acusó al presidente de Extremadura de haber realizado 32 viajes privados a Canarias, en poco más de un año y en su etapa como senador, con cargo a tal condición, que da a todos los miembros de esa Cámara así como a los diputados nacionales –y desde el año 1978 hasta ahora– la posibilidad de desplazarse a cualquier lugar del territorio nacional sin necesidad de justificante alguno. Se presupone que para ejercer sus funciones como parlamentarios.

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No había, pues, en lo denunciado, hecho delictivo alguno. El derecho –o privilegio– de Monago a hacerlo, como el de cualquier senador o diputado a lo largo de estos últimos 35 años no ha sido nunca, ni por ningún grupo político presente en las cámaras, cuestionado.

Centrar la mirada inquisidora en el presidente extremeño en exclusiva no dejaba de ser sorprendente si ésta no se posaba por igual en los miles de beneficiados por tal asunto a lo largo de todo este tiempo.

Ni dejaba de ser chocante cómo algunos se rasgaban las vestiduras y se echaban ceniza sobre las cabezas con aspavientos escandalizados. Un cierto aire de sepulcros blanqueados recorría los escaños enemigos –pero también algunos “amigos”– para deslindarse del “manchado” cuyos actos –y más en estos tiempos–  por muy legales que fueran, parecían muy feos y ética y estéticamente impresentables.

El que el motivo de los desplazamientos fuera una relación sentimental estable –por aquel entonces, Monago vivía separado de su esposa, con la que más tarde reanudó convivencia– añadió un grado de morbo añadido a la situación, que propició uno de los aquelarres mediáticos más estrepitosos, y es difícil ahora alcanzar podio en este aspecto, de los últimos tiempos.

En particular, los medios televisivos y digitales, así como redes llamadas "sociales", pero sin faltar ni radios ni medios impresos –pero, sobre todo, ciertos programas de marcado sesgo ideológico, por no decir exactamente sectario que han transformado la información en propaganda y opinión en agitación política– se lanzaron a una despiadada cacería.

A un linchamiento, por decirlo claro, y no porque lo diga el linchado, sino porque es una obviedad que tal ha sido, donde no se dejaba ni un resquicio a la presunción de inocencia sobre algo que había sucedido hace más de cinco años y que, estrictamente, no suponía acto punible alguno en lo jurídico.

Monago mantuvo en todo momento que había pagado sus viajes privados y se supo que, en efecto, tenía asignado por su grupo en el Senado, junto a su natal Extremadura, la vecina Andalucía y Canarias como encomiendas de su actividad política.

El que posteriormente el afectado señalara que estaba dispuesto a devolver lo que ofreciera dudas y la dimisión de un diputado turolense que había tenido después también una relación con su expareja y que había cargado viajes al Parlamento, acabó por sembrar confusión y dar la baza que se suponía definitiva de su condena.

Las peticiones de dimisión por parte de su oposición política se hicieron clamor continuo, acompañados de las habituales befas y escarnios personales, y el caso Monago se expuso como un nuevo y repugnante caso de corrupción política. Daba igual que no existiera delito, ni posibilidad siquiera de imputación judicial alguna. Delenda est Monago.

Pero he aquí que el reo, cuando se le suponía camino de la hoguera, cargado con el sambenito de su culpa y más tras anunciar a hora mañanera una comparencia que sonaba a despedida, aparece ante las gentes con las pruebas de su inocencia y con el aval contrastado de un ejercicio del poder austero, el sueldo más bajo en su categoría, su renuncia a prebendas de su cargo, incluida el palacio-vivienda que otros sí disfrutaron.

Pero, sobre todo, con la demostración fehaciente de que sus viajes privados a las islas (22) fueron pagados de su bolsillo y que los 16 (no 32) realizados durante un total de 19 meses tuvieron motivación de trabajo, como acreditan sus reuniones, ruedas de prensa recogidas por la propia prensa, preguntas al Gobierno derivadas de aquellos encuentros y atención a un producto que une en intereses Extremadura con Canarias: el tabaco. Y que tales viajes son, como tales, viajes de trabajo en el ejercicio de su cargo, avalados y así considerados por el letrado mayor de las Cortes.

La impactante comparecencia de Monago no terminó ahí. Cargada de dramatismo, con visibles señales de la angustia vivida pero también de rabia contenida contra sus acosadores, devuelve sobre ellos como un boomerang los golpes: anunciaba su propósito de presentarse a la reelección y ganar las elecciones.

Hasta ahí lo sucedido. Pero quedan algunas reflexiones más allá del suceso y sus consecuencias. La primera, clamorosa una vez más, son los diferentes raseros de medir que los partidos, sus terminales mediáticas y voceros varios aplican a la corrupción según el color.

Ese mismo día, por delitos de enorme gravedad y alcance, la impresionante suma desviada de los fondos para parados, los ERE andaluces, se exigía presunción de inocencia para los dirigentes socialistas afectados.

No seré maniqueo al señalar que algo idéntico se ejerce de manera sistémica desde la acera de enfrente y el "tú más" es la carta machaconamente cruzada y que hastía a los ciudadanos. Pero esa doblez de vara fue achacable al PSOE y de una manera obscena.

La segunda cuestión es la de los derechos-privilegios de los políticos. De los parlamentarios, o de los expresidentes o de los ex altos o medio cargos. ¿De verdad quiere entrarse en ellos? Pues entremos.

Por ejemplo, en el asunto de las pensiones que sus señorías se generan con tan solo unos añitos y que nos cuestan largos quinquenios al resto de los mortales. Y lo de los viajes. Pues también. Son desde luego necesarios para ejercer su función y por todo el territorio. Pues muy bien. Pero que sea obligatorio el justificarlos. Como hacemos cualquier hijo de vecino con nuestras empresas.

Pero que no se ponga nadie “estupendo” ni se actúe con la hipocresía que se ha actuado con respecto al extremeño. Si se revisan todos los viajes como se han revisado los de Monago, ¿cuántos estarían “vírgenes”? Muchos han pasado por esos escaños. ¿Mil, cien, diez “vírgenes” habría entre todos ellos?

Déjense de hacer el fariseo y pongan de una vez remedio y coto. Por ejemplo, en lo cercano. ¿Por qué los expresidentes han de mantener las prebendas como las que mantiene José Bono y por qué los diputados socialistas se hurtaron vergonzantemente de las Cortes de Castilla-La Mancha para no votar su derogación e impedirla, pues necesitaba del 37 por ciento de la Cámara?

¿Por qué altos y medios cargos de esa misma región llevan a juicio –apoyados por su actual líder, Emiliano García Page– lo que fue una prebenda y un agravio contra la igualdad en el trabajo –por ellos mismos votadas– de aplicarse un sobresueldo al retornar a sus puestos de funcionarios por el hecho de haber ocupado tales cargos y, con ello, ganar hasta 8.000 euros más al año que el compañero que tienen al lado y que tiene el mismo rango y ejerce la misma labor y trabajo?

Vamos en verdad a acabar con los privilegios y la corrupción. Pero vamos también a dejar de utilizarla como arma arrojadiza; vamos a dejarnos de linchamientos hacia el otro y bula para el propio; vamos a dejar de emplear el más contradictorio de los raseros; vamos a dejar de pintar de azul o de rosa la corrupción. Porque, en verdad, su color solo es uno. Es marrón y emporca a todos.

ANTONIO PÉREZ HENARES

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