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miércoles, 26 de noviembre de 2014

  • 26.11.14
“Pon un guaperas en tu vida”. No, no se trata del lema de ninguna organización femenina, ni tampoco la máxima aspiración que mujer alguna pueda tener en su vida. Considero al sexo femenino mucho más inteligente como para depositar todas sus esperanzas de futuro en la belleza física de alguien, sin tener en cuenta las capacidades intelectuales, aparte de sentimentales, de su pareja.

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Sin embargo, en política parece que no es así. Partidos como el PSOE o IU –y nada me extrañaría que el PP se sumase al carro– han optado por hacer propio el lema y poner un “guaperas” al frente de sus organizaciones, una vez que van descubriendo que con sus programas, su intelectualidad, su forma de estar y dirigir la nación, pierden apoyos y hasta la razón de ser.

Y esto es lo que le pasa a Pedro Sánchez, secretario general de los socialistas españoles, que se cree que sigue en las tertulias de Intereconomía TV o 13 TV, en las que daba muy bien en pantalla, pero en las que las opiniones que se vertían eran gratuitas –por mucho que cobrase por su participación en aquellas, como todo contertulio– y alejadas de la realidad de las tareas de Estado, encontrándose en el momento actual en la propia esencia de dicho Estado, como máximo representante del principal partido de la oposición, manteniendo un discurso tertuliano, genérico, hueco de contenido, escasamente comprometido y en la búsqueda permanente del aplauso de los propios, a los que todavía tiene que convencer.

La situación de España exige, más que un físico agraciado, hombres de Estado que, con visión de futuro, afronten la situación crítica que vivimos, aportando soluciones concretas. Vamos mojándose, en román paladino y no apuntando al paraíso sin explicar cómo se puede acceder a él.

Y Sánchez viene dedicándose a eso, a la innoble tarea –que otros también practican– de intentar destruir al adversario, colaborando con ello a la destrucción del país, sin tender la fortaleza de la mano propia –puede que por propia debilidad– para salir todos juntos de este atolladero.

Y en el contencioso de Cataluña es donde Pedro Sánchez está dando más muestras de su pobreza de espíritu, de representar una fachada muy vacía de contenido, de ser un buen tertuliano que da en pantalla pero no un hombre de Estado.

No vale, como él apela continuamente, llamar al diálogo sin aportar los términos en los que debe establecerse dicho diálogo, cuando contamos con un marco constitucional que define muy claramente la composición del Estado, que unos quieren dinamitar y desde el Gobierno se defiende.

¿Qué tipo de diálogo? ¿El de la independencia, como defienden los nacionalistas, o el de la unidad, aunque fuese en el seno del federalismo que defienden los socialistas? No se puede ser cínico y defender la unidad de España mientras se exige del Gobierno un diálogo que es imposible con quienes no admiten otra premisa que la independencia de Cataluña.

Y ante los independentistas no se puede estar defendiendo la Constitución y a la vez atacar al Ejecutivo por intentar perseguir su incumplimiento, sólo porque electoralmente no le convenga al PSC, o bien, si el Gobierno hiciera dejación de sus funciones, atacarlo entonces por mostrar su debilidad.

Y si de la situación económica, la corrupción, la política exterior o la Unión Europea hablamos, qué les voy a decir. Ya conocen el episodio del rechazo al nombramiento de Arias Cañete como comisario europeo, los ataques continuos a las reformas económicas emprendidas para solucionar las maltrechas cuentas del Estado dejadas por Rodríguez Zapatero o la viga en el ojo propio que no quiere reconocer en materia de corrupción, que demuestran que ir de “guaperas” da muy bien en televisión pero no sirve para nada a la hora de hacer Política con mayúsculas.

ENRIQUE BELLIDO

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