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domingo, 7 de septiembre de 2014

  • 7.9.14
Hace tiempo escribí en este mismo diario un artículo titulado Tras la ruptura, nuevas familias, en el que abordé cómo niños y niñas interpretaban a través de sus dibujos la experiencia de encontrarse en unas nuevas formas familiares después de la separación de sus padres.

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Puesto que esto es un hecho social que ha ido adquiriendo cada vez más relevancia, voy a ampliar lo que aportaba en aquel trabajo, tomando en este caso la denominación que se le da a las nuevas familias dentro del campo de la psicología y la sociología.

La familia reconstituida es una nueva forma familiar compuesta por dos adultos, en el que uno de los miembros, o los dos, aporta hijos de su relación anterior. Se entiende que esa búsqueda de formalización de una nueva familia se puede dar por el fallecimiento de un cónyuge o por la ruptura de una pareja anterior.

Sobre el número actual de este tipo de familias existentes en nuestro país es un tanto difícil de precisar, puesto que los datos que se tienen de ellas, aportados por el Instituto Nacional de Estadística, vienen referidos al año 2004. En él se daba la cifra de 232.863 familias de estas características y con 465.588 hijos.

Y es un tanto imprecisa puesto que no se incluyen aquellas parejas de hecho que no hayan formalizado legalmente su relación, por lo que es de suponer que la cifra actualizada, incluyendo a estas familias, sería muy superior a la anterior.

Como bien saben los lectores de Negro sobre blanco, la línea de investigación que llevo es la de indagar en los niños y adolescentes a través de sus propios dibujos, es decir, dejarles “hablar” a ellos a través de lo que nos cuentan con las imágenes y escenas que han creado. A esta modalidad la he denominado enfoque naturalista, distinto al que llevan psicólogos y psiquiatras que es un enfoque clínico.

Puesto que ambos enfoques se pueden complementar, me apoyo en lo que ha publicado la psicóloga clínica Cayetana García Hurtado de Mendoza acerca de los conflictos que se detectan al estudiar a niños y niñas cuando se encuentran formando parte de una familia reconstituida.

Según esta autora, “son familias en las que se da un importante número de cambios a los que se tiene que hacer frente en poco tiempo, por lo que es necesario un proceso de adaptación general de la nueva pareja entre sí, y la acomodación de los hijos a la nueva pareja de su padre o madre y viceversa. En estas nuevas familias hay una pérdida implícita, ya que provienen de separaciones, divorcios o de la muerte del cónyuge, por lo que hay que aprender a manejarse con estas pérdidas y el proceso emocional que conllevan.”

A la explicación anterior, destaco los once problemas que señala Hurtado de Mendoza como los más relevantes que se deben afrontar:
  1. Se tiende a negar las dificultades propias de la nueva situación y hacer como si no pasase nada y se tratara de una familia convencional.
  2. La intromisión de cónyuges anteriores es un factor que dificulta bastante, sobre todo cuando hay cuentas pendientes y la disolución anterior no ha sido amistosa.
  3. El hecho de haber pasado anteriormente por una ruptura, puede generar en la nueva pareja una expectativa sesgada ante cualquier dificultad que acontezca, y ver otra separación como algo más probable.
  4. Cuando la custodia es compartida y existen dos hogares, puede ocurrir que los hijos se conviertan en informadores de lo que ocurre en uno u otro lugar, siendo víctimas de la manipulación de uno de los dos padres, o ser el propio chico o chica el que chantajee con irse al otro hogar si no se cumplen sus objetivos o no se le deja hacer lo que quiere.
  5. Si se tienen hijos anteriores al nuevo matrimonio, cada uno tenderá a aplicar la autoridad a su manera con ellos, dándose diferencias que dificultarán la integración de los hermanastros.
  6. Boicot de los hijos a la nueva pareja, si no se ha conseguido establecer una buena relación. Los hijos pueden ponerse en contra del nuevo cónyuge provocando que el progenitor acabe poniéndose del lado de sus hijos generando problemas en la pareja.
  7. Celos del progenitor ausente hacia la relación de sus hijos con el nuevo cónyuge, dado que puede ver la amistad del niño con el otro padre como una deslealtad hacia él/ella y reaccionar en consecuencia.
  8. La familia externa (abuelos, tíos, primos) puede establecer diferentes relaciones con los niños, haciendo distinciones entre ellos y acentuando la situación de desigualdad.
  9. Distinto ritmo de adaptación. Por regla general, los hijos marchan a una velocidad más lenta que los padres a la hora de generar relaciones estrechas con el nuevo cónyuge. Los padres con frecuencia han generado su vínculo sin que los hijos tuvieran conciencia de esta nueva relación, por lo que se tiene que tener paciencia y darles tiempo suficiente sin intentar forzar la situación.
  10. Se dan cambios estructurales en las relaciones de las dos familias: los hijos sufren la pérdida de la relación privilegiada que previamente tenían con sus padres biológicos y ahora tienen que compartirlo no solo con otro adulto, sino también con otros hermanos, en el caso que los haya.
  11. En el caso de que existan varios hermanos biológicos, puede darse el caso de que cada uno se posicione en polos diferentes, siendo uno de ellos facilitador de la nueva relación y otro mantenga una actitud oposicionista.

Una vez expuesto los problemas más significativos que pueden aparecer en las familias reconstituidas, quisiera traer el ejemplo de tres casos que he estudiado recientemente a partir de los dibujos realizados en la clase.

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Este dibujo corresponde a C., una niña de 9 años. Sus padres hacía unos años se habían separado. Su madre inició una nueva unidad familiar con su pareja, Antonio, teniendo con él un niño. Como puede observarse, la autora dibuja en primer lugar a su madre; posteriormente a su nuevo hermano; en tercer lugar a la pareja de su madre, al que le pone su propio nombre; y, finalmente, a ella misma.

Por el dibujo, comprobamos que la niña ha integrado afectivamente a la pareja de su madre y a su hermanastro, al que llama afectuosamente como hermano. Sin embargo, su padre no aparece, lo que es indicio de ausencia afectiva del progenitor, al que le considera fuera del ámbito familiar, como si ya no perteneciera al mismo.

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Un caso distinto al anterior, desde el punto de la expresión emocional, es el de M., una chica de 12 años. Por la escena trazada, se puede ver que comenzó por ella misma; pasando a su madre; en tercer lugar, a la pareja de su madre al que llama “papi”; finalmente, a su padre biológico al que llama “papá”.

Lógicamente, los cuatro no viven en el mismo hogar, sino que la niña ha integrado emocionalmente a la nueva pareja de su madre. Esto podía comprobarse de manera directa pues hablaba con toda naturalidad de la situación en la que se encontraba, ya que sus progenitores habían buscado la forma de que su separación afectara lo menos posible a su hija.

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Este dibujo y el siguiente son de dos niñas que forman parte de una familia reconstituida, pero, como vamos a ver, las autoras al cabo de dos años de vivir juntas no se han integrado emocionalmente en el nuevo hogar.

En esta escena, C., de ocho años, se ha representado a sí misma, a su padre, a su hermano y a su madre que falleció hace tres años. Tras el fallecimiento de su madre, su padre se unió sentimentalmente a la madre de P., actualmente también de ocho años, dado que era vecina y se había separado de su marido.

Como puede apreciarse, C. representa su familia biológica, incluso a su madre, con lo que nos manifiesta de que a pesar de esos dos años en una nueva familia, y aunque en el colegio a P. la nombre como hermana, la idea de familia que emocionalmente posee es la biológica, no la nueva de la que forma parte.

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P. asiste al mismo colegio que su “hermana” y a la misma clase. Sin embargo, y de igual modo que C., a la hora de representar el tema de la familia tal como se les pidió en la clase, acude a dibujarse a sí misma, a su hermano pequeño, a su padre (que ya no vive con ellos) y a su madre.

Como podemos comprobar por los ejemplos descritos, la formación de las denominadas familias reconstituidas no están exentas de problemas, de modo, que algunas logran esa integración en la unidad familiar buscada, pero, en otras, hijos e hijas de la familia reconstituida no se dibujan formando parte de esa nueva familia, ya que sienten que no es la suya.

AURELIANO SÁINZ

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