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domingo, 14 de septiembre de 2014

  • 14.9.14
No sé si el trabajo de arquitecto genera longevidad, pero lo cierto es que los grandes nombres de la arquitectura han alcanzado una vida muy larga, manteniéndose gran parte de ellos activos hasta el final de sus días.

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Esto se dio en el arquitecto brasileño Oscar Niemeyer, del que ya hablamos, y que llegó a vivir 104 años con plena actividad. También en el que en esta ocasión vamos a tratar, el estadounidense Philip Johnson, ya que alcanzó los 98 años de vida, dándole tiempo a firmar una obra en nuestro país que por su espectacularidad es conocida por todo el mundo: las Torres Puerta de Europa, de Madrid o Torres KIO, como se les denominó al principio.

Sobre este arquitecto tengo que decir que su obra es bastante dispar y que responde a los gustos del pueblo estadounidense, dado que la mayor parte de su trabajo lo llevó a cabo en su país. También que no me identifico mucho con la estética arquitectónica que propone; y si lo traigo para comentarlo se debe a dos razones: por un lado, fue el primero que recibió el premio Pritzker de Arquitectura en 1979 y, tal como he indicado, es el autor, junto a John Burgee, de esos dos edificios que tanta admiración y controversia suscitaron.

Como en los casos de anteriores arquitectos que he tratado, comenzaré dando unos datos biográficos para que tengamos unas breves referencias suyas.

Philip Johnson nació el 8 de julio de 1906, en Cleveland, ciudad del estado de Ohio. Sus inclinaciones hacia la arquitectura nacieron muy pronto, por lo que no dudó en ningún momento cuando tuvo que decantarse por alguna carrera en los estudios universitarios.

Una vez terminados, se dedicó a actividades diversas, entre ellas la de director del departamento de arquitectura del Museo de Arte Moderno de Nueva York, trabajo que compatibilizaba con el de crítico, escritor e historiador de arte.

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A la edad de 36 años realiza su primer proyecto: la Casa de Cristal en New Canaan (Conneticut), proyecto que al poco tiempo de terminarse se convierte en un referente de la arquitectura contemporánea, lo que da lugar a que se le cite en las Escuelas de Arquitectura como ejemplo de creatividad e innovación formal.

El planteamiento de Philip Johnson era extremadamente sencillo, pues la citada vivienda consistía en un espacio rectangular de una única planta, de modo que las cuatro paredes exteriores eran de vidrio y todo el espacio interior diáfano, excepto un muro cilíndrico que albergaba el aseo de la vivienda.

La casa se encontraba rodeada de árboles y en plena naturaleza, por lo que no había separación entre el espacio interior habitable y el exterior. Esto suponía una clara ruptura con la tradicional experiencia humana de vivir en espacios cerrados y aislados del entorno para mantener la privacidad.

Frente a esta propuesta tan radical, cualquiera diría que el arquitecto autor del proyecto debería vivir en ese sitio para comprobar que ese proyecto en el fondo era un modo de llamar la atención al ser casi imposible de permanecer largo tiempo en esa vivienda. Pues bien, la Casa de Cristal era para el propio Philip Johnson que la estuvo habitando durante toda su vida.

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A lo largo del tiempo, el material favorito de Philip Johnson fue el cristal, que utilizó de manera constante y profusa en sus edificios. Para llegar a entender su aprecio por este material, bastaría conocer la singular Catedral de Cristal, construida en 1977.

Esta catedral es un edificio de la Iglesia Reformada de América, confesión protestante fundada en 1955 por el reverendo Robert H. Schuller y su esposa Arveda en la ciudad de Garden Grove, situada en California.

Cuando le plantearon a Philip Johnson el proyecto, le indicaron que querían un templo lo suficientemente grande para que los servicios pudieran ser dirigidos de manera que pudieran seguirlos tanto los que estuvieran dentro como los que preferían seguirlos desde el exterior dentro de sus coches. Para entender este planteamiento hay que saber que los estadounidenses sienten verdadera “devoción” por el coche, sin el cual no conciben la vida.

La propuesta planteada por el arquitecto fue la de un enorme santuario construido con 10.000 paneles rectangulares de vidrio sostenido con una sólida estructura metálica, de modo que tiene capacidad para más de diez mil personas en su interior, al tiempo que está concebida para ser también un estudio de televisión que transmita en directo a su congregación los oficios religiosos.

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En pleno barrio de Manhattan de la ciudad de Nueva York, Philip Johnson proyectó, junto a su socio el arquitecto John Burgee, un rascacielos de 37 plantas y 197 metros de altura, por encargo de la empresa AT&T (American Telephone & Telegraph). Las obras de este rascacielos finalizaron en 1984.

He de apuntar como un hecho relevante, tal como he indicado anteriormente, que seis años antes de la finalización de este edificio su autor había recibido, en 1979, el premio Pritzker de Arquitectura, siendo el primero de los arquitectos que recibiera este galardón. Esto nos indica la popularidad de este autor dentro de la profesión.

A pesar del reconocimiento que tenía Philip Johnson, la controversia surgió pronto, ya que lo más llamativo del edificio era la cima ornamental en la que acababa, puesto que hacía alusión a las formas características del ebanista inglés Thomas Chippendale, que solía rematar sus estanterías y armarios con ese arco invertido que se aprecia en la obra.

El edificio recientemente ha sido adquirido por la empresa japonesa Sony, por lo que ha pasado de ser AT&T Building a llamarse Sony Tower.

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Otro edificio en el que se muestra una vez más el interés de Philip Johnson por el cristal es el que realizaría en Pittsburg en el estado de Pensilvania. Lo había proyectado para que allí estuvieran ubicadas las oficinas centrales de la citada corporación telefónica estadounidense AT&T.

Sobre este edificio, del que mostramos en la fotografía su parte superior, el escritor Kester Rattenbury nos dice que la oficina central de la compañía telefónica, la denominada Pittsburg Plate Glass, “es una versión desnutrida en vidrio del Parlamento londinense con pináculos larguiruchos de vidrio”.

Ciertamente, la tendencia por la espectacularidad, tan del gusto de los americanos del norte, se manifiesta de modo palpable en este arquitecto. Pero todavía tendría que dar una vuelta de tuerca para expresar esa búsqueda de lo insólito con las torres simétricas e inclinadas que proyectaría en la Plaza de Castilla de Madrid.

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En pleno inicio del “boom de la construcción” de nuestro país, se alzarían las llamadas inicialmente como Torres KIO, debido a que fueron promovidas por una empresa kuwaití con ese nombre. Más tarde, la denominación que recibieron fue la de Torres Puerta de Europa, con la que actualmente se las conoce.

La singularidad de estos dos grandes edificios radica en que son los únicos rascacielos del mundo con una inclinación de 15º con respecto a la vertical. Ambos constan de 26 plantas y alcanzan la altura de 114 metros.

Fueron proyectados conjuntamente por Philip Johnson y John Burgee y se inauguraron en 1996, en un momento de gran expansión constructiva. Desde sus inicios las torres estuvieron salpicadas por el escándalo, ya que dieron lugar al caso de estafa de Urbanor que implicó a “los Albertos” (Alberto Alcocer y Alberto Cortina), junto al Banco Central de España. Este tema generó como popularmente se dice “ríos de tinta”, aunque, visto desde hoy, los temas de corrupción son tan cotidianos que parece que esto ya forma parte del paisaje de nuestro país.

En la actualidad, y como podemos observar, una de ellas tiene el logotipo de Bankia (anteriormente de Caja Madrid) y la otra de Realia (una empresa inmobiliaria).

Por otro lado, para rematar la faena, en el año 2009 se construyó el obelisco alargado como conmemoración del 300 aniversario de Caja Madrid y proyectado por el siempre polémico Santiago Calatrava, del que ya hablamos en otro artículo. El citado obelisco era giratorio, pero a los tres meses dejó de funcionar puesto que los gastos lo hacía inviable en movimiento.

Para cerrar, indicaré, como hecho un tanto anecdótico, que las Torres Puerta de Europa han aparecido en algunas películas, como fueron El día de la bestia de Álex de la Iglesia o Torrente 3: El protector de Santiago Segura.

AURELIANO SÁINZ

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