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domingo, 17 de agosto de 2014

  • 17.8.14
La Gamescom de Colonia no está al nivel de ferias como el E3 o el Tokio Game Show y eso es una realidad fehaciente. Decir lo contrario sólo tendría como excusa el apelar al sentimiento europeísta que nos pudiera embargar, pero ni con esas lograríamos salvar la realidad. No obstante, hablamos ante términos genéricos, ya que la edición de la Gamescom de este año ha sorprendido a más de uno. Y ha cogido con el pie cambiado a otros.

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Mayor muestra de la capacidad futura de Metal Gear Solid V, la capacidad de movimientos de Dragon Age: Inquisition son una mera muestra de todo lo enseñado en el encuentro. Pero hay un anuncio, el más inesperado de todos, que quizás también sea el más novedoso. Hablamos de Silent Hills, la recién desvelada última entrega de la saga de survival horror más famosa de Konami.

Que se vaya a lanzar un juego más de esta franquicia no debería ser un suceso inesperado tal y como está estructurado el mercado, con insistentes secuelas y refritos. Mucho menos de celebración. Pero hemos de decir con rotundidad que lo es.

Primero, porque llevaba ya un par de un más que necesario barbecho tras la cuestionable calidad que destilaban las últimas historias creadas. Aquellas en las que el miedo y el suspense se olvidaron allá en la segunda estrella a la izquierda desde el horizonte.

Luego porque el motor gráfico usado, el FOX Engine, asegura un impulso gráfico necesario tras lo visto en Silent Hill Downpour. Sin embargo el mayor aspecto a alabar es la participación directa de Guillermo del Toro en el desarrollo del juego.

Para aquellos a los que el cine y la gran pantalla les supongan un baño de agua caliente en pleno mes de agosto ecijano, este mexicano ha ejercido la labor de director en películas de la talla de Hellboy, Pacific Rim o El laberinto del fauno. Es por ello por lo que su colaboración será de gran ayuda a la hora de recrear un mundo siniestro donde las pesadillas cobren vida. Incluido ese despertador que marca las 07.00 a.m.

En una entrevista que se le ha hecho al diseñador Hideo Kojima, una de las figuras más representativas de Konami, este ha respondido con rotundidad que esta obra retomará la dificultad que los acertijos tenían en títulos anteriores.

A más de un jugador se le eriza el pelo al recordar el puzle del piano del primer Silent Hill. Precisamente es a esa clase de jugadores a las que se quiere volver a recuperar, aquellos a los que les guste exprimir su mente ante encrucijadas imposibles de resolver. En apariencia, claro.

Pero las promesas no se quedan ahí, no se contentan con elevar el nivel de los retos. Que va, la mayor prueba según parece será el mantenernos delante de la pantalla sin soltar ningún grito o sin levantarnos de la silla de algún sobresalto. Se ha hecho especial hincapié en que los esfuerzos por mantener un buen nivel de terror están siendo loables, consiguiéndose que una vez que se empieza el ritmo, éste jamás cese.

De todos modos, no hemos de tirar el confeti antes de tiempo. No estaríamos de parte de la Justicia Divina si no comentásemos que la escasa ambientación mostrada –apenas fueron 40 segundos de tráiler– provoca mayor tensión que algunos de los últimos títulos ambientados en este pueblo fantasma.

Pero es pronto para dejarse llevar por la ilusión y el espíritu de victoria. Por exponer un mero ejemplo, no fueron pocas las maravillas vertidas sobre Watch Dogs de Ubisoft, que luego recibiría dura críticas a pesar de todo lo bueno prometido inicialmente. Es cierto que el peor varapalo se lo llevó el apartado gráfico, pero eso es otra frontera que hay que batallar.

No es por ser pesimistas, nada más lejos de la realidad. Sólo que actuamos como ratones de laboratorio. Está bien aceptar por bueno un calambrazo –Silent Hill: Shattered Memories- e incluso dos –Silent Hill: Homecoming- pero cuando te empiezan a dar más y mayores en intensidad –Book of Memories- tienes que resguardarte para no morir chamuscado.

Precisamente por estos desengaños, hay que andarse con ojo ante un nuevo Silent Hill. No es culpa de la saga, que tan buenos momentos ofreció en su día. Tampoco de los fans, que con tanta paciencia han ido tragándose todo lo que salía. Es por completo de la compañía madre, Konami, que no ha sabido cuidarla como se merecía. Mantenerla al nivel de calidad que tenían Silent Hill 2 y 3.

Aunque hay que andarse con ojo en base a lo citado, aún hay un atisbo de esperanza. Las intenciones prometen más que nunca –tampoco era muy difícil- las ganas por aupar este nombre al podio del Olimpo parecen mayores que nunca y lo mostrado hasta ahora no muestra señal alguna de lo contrario. Por tanto, habrá que creer, aunque sea un poquito. Por variar.

Tened cuidado cuando veáis niebla por la calle. Puede que estéis llegando a Silent Hill y que Guillermo del Toro os “acoja” como anfitrión…

SALVADOR BELIZÓN / REDACCIÓN

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