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martes, 19 de agosto de 2014

  • 19.8.14
Tonterías y tontunas se dicen y se hacen todo el año. Pero quizás sea el verano, y en especial agosto, el mes más propicio para ello, como decía el recordado poeta Ángel González, que lo era tambien para el amor, aunque la primavera estuviera más prestigiada.

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Normalmente y si el verano es de los normales, que este después de los últimos años tiene de nuevo esas trazas, los partidos dejan una especie de declaradores de guardia que suelen ser los encargados de las “declaraciones”, esa prosa administrativa, entre espumosa y pedante, en la que chapotea desgraciadamente tanto ello como el periodismo, que alimenta sus titulares con el subgénero.

El verano pasado, Carlos Floriano por los unos, y Soraya Rodriguez por los otros, protagonizaron una confrontación sostenida de cuyos motivos y fundamentos, si los tenía, desde luego no se acuerda nadie, como a poco se borrará de la retina la propia imagen de la socialista a la que le quedan los mismos telediarios que al verano para que nos libremos de su oratoria, que creció proporcionalmente en agresividad e ineficacia, hasta convertirse en chillido. De hecho, ya le han dado el chitón y empiezan a aparecer los de Sánchez.

Pero hay que reconocerles que, y les damos por ello las más efusivas gracias, no están ni el engolado extremeño ni los novatos demasiado activos. Y se agradece. No saben cuánto.

Pero la tontería y la insensatez, como la Naturaleza, odia el vacío. Y ya ha salido un tropel a ocupar el hueco. Y el problema es que en España se tiene una inusitada tendencia a dar las mayores memeces y dislates categoría de pensamiento, o de sentimiento, que aún es peor porque contra eso no hay quien razone.

Y eso es lo que pretende el tal Rivero, presidente canario y candidato a ocupar el trono de los disparates separatistas, compitiendo con quien sea y dispuesto a dejar a los secesionistas catalanes en nada.

Viene don Paulino a aprovechar el nicho del que se retranquea Mas, don Arturo, un tanto desinflado y viendo cómo se apea del tigre que él mismo ha soltado, y con su padre politico, amén del natural propio y su propio DNI, viendo les alcanza esa cosa tan golosa pero tan fea cuando te pillan de los dineros esos que era España quien los robaba y ha resultado que va a resultar que España era el pseudónimo de Pujol en sus cuentas trapaceras y fugadas.

El canario está dispuesto a todo y tiene muy claro que su causa es que no busquen petróleo, que ni siquiera miren si puede haberlo. Aunque casi en el mismo lugar y a la misma distancia, unos 60 kilómetros de sus costas, lo estén buscando ya los marroquíes.

Da igual que da lo mismo, y que Canarias sea campeona de paro en ruda competencia con Andalucía, don Paulino tiene una causa. Reciente, pero que le vale. Antes, hace nada, él y sus ahora aliados socialistas eran partidarios de las prospecciones y hasta lo llevaban en sus programas, pero han encontrado bandera con la que envolverse al mismo tiempo que en la autonómica. Y, esa es la triste política, ya tienen agravio, discurso y carnaza.

Rivero lleva mucho tiempo apuntando maneras. La más usual y desvergonzada, la más hiriente, falsa y cuyo daño es tremendo para la convivencia entre españoles, es la de que las Canarias son tratadas como un “colonia”. O sea, lo de siempre, tan nauseabundo y tan mendaz pero eficaz y la mercancía con la que trapichean estos personajes y con la que alimentan odio para pescar en el río revuelto los votos.

La última astracanada ha sido amenzar con que “romperá” relaciones con Rajoy, con el presidente de España. No se sabe qué es eso, ni qué quiere decir con ello, porque en realidad no deja de ser una baladronada como la de pedir “mediación “ del rey Felipe.

O sea, pretender que el Rey se meta en lo que no debe, en política y encima defendiendo a quienes acusan a España de ser un atroz imperio que los tiene invadidos, sojuzgados y explotados, porque ellos son “colonia”.

A mediados de agosto, Rivero ha pegado un acelerón en su carrera al mayor despropósito del verano. Aunque puede que ayer se enfadara mucho con quien ha dado un salto desde el escenario a la charca, la señora Rosa María Sardá, la que salía –aunque no tanto como su hermano Javier– a todas horas por la tele.

Pues bien se ha despachado, puño en alto y a voz en grito, diciendo que los castellanos, o sea los españoles, según ella, se han dedicado a invadirlo todo. Que Galicia, País Vasco, Cataluña y Andalucía son países invadidos y víctimas de estos opresores. Como lo oyen, a sus 71 años, la enamorada de ZP y su cejijuntos.

Y gente así se supone e intitula como intelectuales. Puede que esta señora sea actriz, sí, pero analfabeta en historia, más todavía. Y, encima, seguro que ha cabreado a Rivero. Pero mujer, cómo no poner entre los conquistados a los “oprimidos” canarios. No sé a qué espera don Paulino para anunciar, ante tamaña ofensa, la ruptura inmediata de relaciones.

ANTONIO PÉREZ HENARES

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