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martes, 12 de agosto de 2014

  • 12.8.14
Lo primero es una confesión de parte. Sobre Podemos no tengo ni simpatía ni beligerancia. Me confieso espectador y saludo su irrupción en la democracia del voto y en las instituciones, dando voz a quienes gritaban carecer de ella. A partir de ahí, por sus propuestas, hechos y realidades, cuando las tengan, habrá que juzgarlos.

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En su aparición y ascenso hay que considerar dos planos y dos objetivos: el primero, la batalla por la hegemonía de la izquierda; el segundo, la conquista del poder. A algunos puede que les parezca descabellado, pero si algo tienen es una estrategia diseñada cuyos pasos, en síntesis y sin literatura, pueden desgranarse en ocho puntos.

1) En el seno de la izquierda se está produciendo un movimiento telúrico de grandes proporciones. Por vez primera desde la Transición, está en cuestión la hegemonía del PSOE. Izquierda Unida, heredera del PCE –hegemónico en la clandestinidad antifranquista– y que parecía candidata a disputarla, ha sido desplazada por la nueva formación que comparte buena parte de su ideología actual –no la del constitucionalista PCE– así como modos, maneras, mismas bases, gentes y votantes, y se ve superada en frescura organizativa y descaro antisistema. A IU le queda pactar o volver a ser una fuerza residual con algún anclaje andaluz donde tiene poder y estructura consolidada.

2) Podemos, en su progresión, está fagocitando y absorbiendo todo el magma de descontento social y la confrontación política con la derecha enemiga. En diferentes aunque entremezclados tramos. De manera superlativa, en todo lo que se ha movido en el campo de la izquierda, pero no solo en la izquierda.

Se nutre dos dos fuentes esenciales: la descomposición del PSOE y el agrupamiento de su izquierda alentada por la posibilidad real de un sorpaso que lleva a sumarse de todo lo que a su izquierda se mueve, tanto en lo puramente politico como en lo social, teñido de esa ideología, que se ha movido desde el 15-M en mareas, desahucios, ecología, feminismos, marginalidad o barrios. Todo le sirve y suma a Iglesias, porque todo alimenta al “convento”.

3) Los vasos son comunicantes. Al PSOE no se le percibe como alternativa veraz y tiene toda la tacha de corrupción sobre sus espaldas. Su posición es muy débil por su pasado y por su presente. Ante la primera preocupación ciudadana, el paro, no puede ofrecer nada. Está muy fresco el recuerdo, por mucho que lo oculten, que en buena medida fue su catastrófica gestión la que nos llevó al desastre. Difícilmente quienen dejaron el vehiculo para el desguace pueden ahora presentarse como los mecánicos milagrosos.

Y en cuanto a limpieza y lucha contra la corrupción, está tan manchado o más que nadie. Y es tan incapaz de una reacción de regeneración que convenza por su contundencia y hechos como el PP. Queda pues estigmatizado, al margen de personas y líderes.

Ante esta situación se abre oportunidad, inexistente durante casi toda la democracia y con la excepción de Anguita en su plenitud, de un recambio, de que “otra” izquierda sea la hegemónica y referente. Y en ello está Podemos.

Primero, engullendo y dirigiendo a todo ese magma ahora disperso y subordinando a IU en la tarea y, al mismo tiempo, socavando las bases socialistas. Lo ha leído bien otro Iglesias, casi olvidado, Gerardo, aquel minero que volvió a la mina, el verdadero fundador de IU. Y comparte el objetivo, aunque haya que renunciar a la primogenitura de la criatura nueva. Al fin y al cabo, ese era el objetivo y ahora, al margen de siglas, Podemos puede hacerlo posible.

Llega, por fin, la posibilidad de que otra izquierda pase a ser el referente de todo el sector y la socialdemocracia quede arrumbada. Como ha sucedido en Grecia. Y es en esta amebización de todo el espectro donde se produce no solo el engullimiento de votos de IU, de Equo, de Compromís y de todos los pequeños grupúsculos de ideología radical, desde el comunismo más arcaico al anarquismo más antisistema.

4) Pero no solo se nutre de esos flujos, aunque sí en una gran medida. También pretende absorber –y de hecho las encuestas reflejan ese trasvase– a gentes de formaciones en apariencia lejanas como UPyD –supuestamente en las antípodas en cuanto a unidad de España y firmeza anti-ETA y cómplices, algo que choca frontalmente con las connivencias de Podemos– pero entre cuyos votantes hay quienes lo entienden como refugio “contra” PSOE y PP.

Algo similar puede ocurrir con Ciudadanos que, antes casi de emerger y a pesar de sus dos eurodiputados, puede diluirse como un azucarillo, ante esta irrupción compulsiva en la sociedad española.

Y más allá de siglas, de gentes que, simplemente, y al margen de ideologías, o aunque la puedan tener más cercana a la derecha, suponen que una convulsión, que una gran revuelta que ponga patas arriba el sistema, es el único camino que queda.

Ese es quizás el gran problema: que buena parte de la sociedad española pueda optar por caminos ajenos a las instituciones, a la propia democracia y ver soluciones fuera de esos cauces. Peligroso, más que nada, pero cada vez más creciente por el desprestigio de la política y del sistema.

Pero, sin duda, el apoyo que pretende conseguir Podemos proviene, de manera muy mayoritaria, de una base social de izquierdas, de unas gentes que parecen abjurar de lo que fue posición moderada y se dejan arrastrar, en el caldo de cultivo de la crisis feroz y la corrupción no atajada –cuando no instrumentalizada, consentida y amparada– por el canto de sirena de un estatalismo donde “papá” Estado habrá de proveer de todo y a todos, en gratis total y sin esfuerzo, quitándoselo simplemente a aquellos a quienes les sobra. Los “ricos”. Simplista y eficaz. Más viejo que el hilo negro. Pero la “gran consigna” milenaria.

De donde se alimente el pozo que, a su vez, ha de alimentar a todos y regar feramente todos los campos, es algo que se me escapa pero que muchas gentes de España suponen que puede y debe hacerse. Que tienen “derecho”. Sueldo sin trabajo, todos los servicios al máximo, todas las necesidades y excelencias cubiertas. Todo, todo, todo gratis. El país de Jauja. ¿Y el dinero? El de los ricos y no pagar las deudas. La gran utopía cuyo contraste con los hechos unos olvidan y otros no quieren ni siquiera asomarse a verlo.

5) Por primera vez, también esa “otra izquierda” no solo dispone de apoyo mediático sino –y al revés de lo sucedido históricamente– goza de ventaja y tiene potentes aliados. Las redes sociales son un territorio que controlan e impacta el entusiasmo de televisiones entregadas a la causa, con “amigos y compañeros de viaje” entre los directores de informativos, creadores de opinión y canales enteros a su servicio, dedicados a propagar sus ideas y mensajes, al tiempo que someten a los rivales a todo un sistemática labor de demolición con la renovada formula de la “agitación, burla y propaganda”. Rechifla sangrante y criminalización de la perversa derecha, además de presentanción arcangélica y mesiánica de estos nuevos y limpios líderes

6) El primer objetivo de Podemos es conseguir la hegemonía de la izquierda. Pero no solo es ello, sino conjugada con el asalto al poder. Por ello el PP –los prospectores de la inanición que consideran que en el fondo no van con ellos y hasta les beneficia tácticamente– comete un error dramático.

La fase conjugada de liderar la izquierda descalificando al PSOE se conjuga con la de demonizar a la derecha y conseguir, aglutinando bajo su mando a toda la izquierda, el poder. Primero, el municipal y luego, el estatal.

7) El primer objetivo institucional en este sentido es el desalojo de las actuales mayorías del PP de un altísimo numero de poblaciones y de las ciudades más relevantes, así como de diputaciones y comunidades autónomas.

Para ello, han de contar y contarán con el PSOE, que puede en ese momento acabar de perder definitivamente su papel preponderante, pues habría de pagar precios que hoy ni se imagina en las alianzas para expulsar a las listas más votadas del PP.

Si no se cambia la ley y, por ejemplo, no se va hacia una elección directa por la población de los alcaldes en segunda vuelta –lo que desarbolaría mucho de esta operación y sería algo que no tendría contestación legitima desde el punto de vista democrático– sería entregar la decisión de verdad y de manera directa a los ciudadanos.

8) El último punto sería el asalto al Parlamento y a la Moncloa, también con esa gran conjunción de fuerzas, toda la izquierda de principio pero a lo que habría que añadir al separatismo más explícito –con lo que ello supondría para el futuro– de ERC, BNG y Bildu –la vinculación con el terrorismo etarra la tienen descontada y la dan por amortizada– y la connivencia de los nacionalismos presuntamente más moderados como el del PNV y deshechos y desarbolados con Convergencia que tal vez ya no sea ni CiU.

Puede contraponerse a lo anterior que todo ello es una quimera. Y puede que lo sea y que en ello quede Podemos. Pero muchos creen en ella.

ANTONIO PÉREZ HENARES

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