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viernes, 11 de julio de 2014

  • 11.7.14
La palabra de moda últimamente es “regeneración”. Se pronuncia como si fuera un talismán que milagrosamente limpiará de todos los males la democracia y, en particular, a unos partidos políticos que más que regeneración lo que necesitan es demolición.

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La democracia se ha pervertido –la han pervertido- en un sistema que, en vez de atraer a los ciudadanos, los ahuyenta. Cada vez –en cada elección- hay menos participación y triunfa la abstención y la dispersión hacia novedades que ofrezcan alguna ilusión.

La izquierda se ha ganado a pulso el descrédito que conseguía entre los trabajadores y los humildes al dejarlos en la estacada siempre que el capitalismo se lo exigía. Inventaron las primarias para, de alguna manera, contrarrestar la desafección de militantes y ciudadanos a la hora de seleccionar a sus candidatos, pero no acaban de creerse su propio invento.

Y la derecha, ante la anunciada pérdida de decenas de ayuntamientos, propone ahora respetar la lista más votada para la elección de alcalde. Ya no vale la democracia, vale la aritmética que favorece a unos y maltrata a otros cuando perciben la derrota y no tienen competencia para representar todo el espectro conservador, desde el centro hasta la extrema derecha, en un único partido.

A la izquierda, fragmentada en familias que disputan siempre matices, se le impide con la propuesta de la derecha poder reagruparse si alcanzan alguna posibilidad de unir sus fuerzas para arrebatar el poder a la derecha allí donde gobierna.

¿Alguien piensa en el pueblo? Sí, todos, pero sólo cuando tiene que depositar un papelito en la urna. Esa es la democracia pervertida que todos dicen querer regenerar, cuando la única regeneración posible es resetear el sistema y reiniciar el contrato con los ciudadanos para cumplir las promesas y los programas electorales, no para vivir de la política, con planes de pensiones en paraísos fiscales y privilegios que ofenden a quienes se les exige sacrificios que sólo provocan el empobrecimiento más injusto. Si de verdad quieren regeneración, dimitan. Dejen de imponer su terca voluntad. Es muy fácil.

DANIEL GUERRERO

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