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martes, 29 de julio de 2014

  • 29.7.14
Si la señora del tercero tiene dos hijos que se quedaron en paro y no han encontrado trabajo puede entenderse y se entiende, como a los 5,6 millones de españoles que siguen en esa penosa situación, que la bajada de las cifras del paro a ellos no les diga nada. Ellos tienen razones de peso para no alegrarse.

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Pero lo otro, lo que no tiene medio pase, es la antojera política, la de la bizquera del ojo de no querer ver la realidad por pura ceguera ideológica, la de los comandos de Agitprop que, sin desmayo, escudriñan hasta el último rincón de esta buena EPA por ver de encontrar algo que les permita pontificar en prensa, radio y televisión su cantinela de “estamos mal, muy mal y peor que se va a poner”.

Eso es de delito contra la inteligencia y contra el derecho a la información. Eso es sectarismo puro, duro y castastrófismo con agravante de alevosía, aunque hay que reconocer que han pasado, al menos, de lo apocalíptico a lo cenizo.

Antes nos rescataban todos los días mañana. Pero eso era cuando no hace mucho, dos años, los indicadores eran de salir corriendo. Prima de riesgo: 650. Ahora, 138. Bono a 10 años: 7,5%; ayer, 2,5%. O sea, que algo hemos mejorado. Pero mejor de eso ni hablamos. Eso ya no cuenta.

Pues hablemos del paro. De la prueba del algodón. De unas cifras que aunque en ese mar de parados son, sin paliativos ni excusas, verdaderamente alentadoras. Porque lo son. Porque la economía española ha sido capaz de crear en un trimestre más de 400.000 empleos y cambiar de signo por primera vez en seis años, logrando que el interanual alcance, casi, la cifra de 200.000 empleados más en un año.

Se han creado 4.400 empleos diarios. Y eso sí que es algo. Es mucho más, con un crecimiento aún incipiente del PIB, que permite pronosticar que cuando éste acelere como lo está haciendo, la cifra aumentará aún más. Y algo tendrán que ver con ello las reformas y los esfuerzos.

Pero ni esa creación de empleo neto ni que el paro haya disminuido en 310.000 personas en estos tres últimos meses –y que de entre los 288.000 asalariados por cuenta ajena hayan sido con contratos indefinidos 180.000- a los cenizos tampoco les importa. La cuestión es negar la recuperación como sea. Y los motivos pues son a lo que huelen partidistas, ideológicos, sectarios. Como cuando entonces negaban con empecinamiento la crisis.

No puede ir nada bien porque no son ellos el Gobierno. Pero el resto tenemos derecho a esbozar una sonrisa de esperanza. La tenemos mal que les pese. El paro interanual ha descendido desde el año pasado en 424.500 personas. Y de aquella cifra aterradora de 6.278.200 parados de marzo de 2013 hemos llegado a esta, angustiosa sin duda, pero de 5.622.900. De un 26,94 a un 24,47 por ciento.

No es malo. Y es mejor todavía que el número de gente trabajando haya vuelto a superar la cifra de 17 millones de personas, ahora 17,3 millones. Lejos aún de aquellos 20 millones largos de la época de las vacas gordas pero sin, duda, mejorando.

Pero nada. No valían los datos del paro registrado, que mes tras mes, ha ido cayendo hasta andar ahora por los 4,5 millones. No valía el ascenso en los afiliados a la Seguridad Social, hasta llegar a los 16,8 millones. No valía.

La EPA del primer trimestre, que no había sido mala, que indicaba ya la tendencia y que era la mejor en mucho tiempo en esos meses siempre “malos”, era el instrumento para profetizar el desastre. Y ahora ha llegado ésta, que no se conocía igual porque no la hay con tan buenos datos en creación de empleo en toda la serie histórica –y que en bajada del paro hay que ir hasta el 2005 para encontrarlos mejor-.

Pues nada. Tampoco. A predicar la amargura y a negar la evidencia. Cuando, por supuesto, a nadie en su sano juicio, y con esa inmensidad todavía por delante de 5,6 millones de parados se le ocurre lanzar una sola campana al vuelo.

Pero decir que el dato es bueno, éste y la tendencia, el giro evidente, no es triunfalismo, es verdad y es esperanza. Lo que es fatalismo, tremendismo y saña es querer ver lo peor en lo que es un poco menos malo.

Ver retroceso en la mejora y hacer motivo de amargura política lo que es para esos centenares de miles que han salido del paro un alivio. Solo un alivio, porque en la “letra pequeña” podemos estar de acuerdo que ni es empleo de primera ni para toda la vida, ni los salarios de tirar cohetes.

Pues claro. Y peor tantísimos que no lo encuentran. Pero no vamos a darnos latigazos cuando hay, al menos, una buena noticia. Y esta EPA lo ha sido. Un gran noticia. Excepto para los cenizos.

ANTONIO PÉREZ HENARES

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