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viernes, 18 de julio de 2014

  • 18.7.14
Los últimos acontecimientos en Gaza me devuelven la crueldad y el sufrimiento de una región a la que he dedicado muchos de mis esfuerzos profesionales y personales que, desgraciadamente, no logra poner punto final a más de 64 años de conflicto.

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Del lado palestino son ya más de doscientas personas las fallecidas en la última semana que, junto a edificios destruidos, se instala la desesperación de una población que duerme desamparada cada noche por los bombardeos y sin saber si al día siguiente alguno de ellos o de su entorno habrá desparecido. Del lado israelí, las sirenas de Tel Aviv, que no habían sonado desde la guerra de Irak, contaminan ahora la noche de las familias con temor e incertidumbre.

No quiero indagar aquí el origen o el por qué de esta nueva crisis, si bien nadie puede negar a Israel su derecho a una legítima defensa, aunque esta debe ser proporcionada. Todo el mundo ha condenado el rapto y la ejecución de los tres jóvenes israelíes, al que me he sumado personalmente. Y todos hemos condenado también el horrible asesinato de un joven palestino muerto por la sinrazón y a manos de la venganza de radicales y fanáticos judíos.

Ante esta situación, nos embarga la vergüenza ética y política al asistir impotentes a un despliegue de violencia que parece no detenerse y nos retrotrae a los episodios más dramáticos y tristes de la región.

Esta situación vuelve a mostrar la ausencia de coraje y valentía políticos de la comunidad internacional que está cada día más «cansada» de un conflicto que dura casi 100 años y que parece no tener vías de solución.

Salvo el oportuno y valiente gesto del Papa Francisco, los principales actores internacionales, al parecer, han "tirado la toalla" y no alcanzan una salida definitiva. La Administración norteamericana y el presidente Obama han reaccionado y han lanzado la voz de alarma en la comunidad internacional, mientras tratan de buscar un acuerdo similar al de 2012, junto a Egipto y Catar.

En este escenario, ¿dónde está Europa? ¿Qué hace o dicen los líderes europeos? Hemos leído fuera de las portadas de los rotativos y de los diarios digitales que Europa ha hecho tímidos llamamientos a la contención de las partes. Pero, ¿dónde están las diplomacias europea y española? ¿Qué catástrofe tiene que producirse para que nos movilicemos?

Creo que no debemos esperar ni un momento más a que la trayectoria de un misil produzca una tragedia mayor para que nos saque del letargo. Tenemos que reflexionar y actuar rápidamente para que Gaza no sea condenada a la indignidad de la muerte y el sufrimiento, y las familias judías al temor y la violencia. Hay que actuar con celeridad y movilizar de inmediato a la opinión pública internacional, aparentemente narcotizada por el mundial de fútbol o las vacaciones estivales.

La solución pasa también porque Europa asuma su responsabilidad y proponga un plan de paz que, en mi opinión, debe contener el doble reconocimiento de los Estados de Israel y Palestina, tanto por la comunidad internacional como por todos los Estados miembros de la Unión Europea. Y encauzar las negociaciones de paz para hacer realidad la solución de los dos Estados en convivencia pacífica y segura.

Se trata de movilizar a los principales países europeos para aplicar de forma inmediata la Iniciativa Árabe de Paz aunque, previamente, y de manera urgente, hay que forzar un alto el fuego inmediato y retomar a las negociaciones que, lideradas por Estados Unidos, fracasaron el pasado mes de abril.

Europa está obligada a enviar un mensaje claro a las partes y fijar un calendario hasta finales de año para que estas propuestas puedan dar sus frutos. De no ser así, Europa debe replantearse una revisión total de su política exterior hacia la región y proponer medidas más contundentes para romper el estancamiento del conflicto. ¿A qué esperamos?

MIGUEL ÁNGEL MORATINOS

DEPORTES - MONTEMAYOR DIGITAL

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